Dos PSOE antagónicos

TERRITORIO CIDIANO

FuenteCarlos Velasco / director de Noticiascyl
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El PSOE ‘centrista’ de Susana Díaz hincha pecho cual palomo y airea sus logros en estas pocas semanas como rodrigón del nuevo gobierno de Mariano Rajoy. La desactivación de la Lomce, el homicidio de la denominada ‘ley mordaza’, la subida en un 8% del salario mínimo interprofesional, el aumento en una décima, hasta el 0,6%, del techo de gasto de las comunidades autónomas… son ‘imposiciones’ suyas al frágil gobierno en minoría del PP.

Es un retorno a los viejos métodos del bipartidismo, con los dos grandes partidos nacionales dirigiendo los rumbos de la nación mediante discretos acuerdos entre bambalinas. Acaso es lo único sensato que puede hacer en estos momentos el cuarteado PSOE (la endeble situación del PP tampoco le permite demasiadas ambiciones), consiguiendo al tiempo que los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, resulten innecesarios en la aritmética parlamentaria.

El PSOE se halla en estos momentos dividido en personas, ideas y estrategias. De un lado está el PSOE ‘centrista’ de Susana Díaz y la gestora, cuyos dirigentes consideran que el único futuro del partido pasa por la moderación, por arañar votos al PP escorándose hacia el centro. Y de otro, el PSOE que auspicia Pedro Sánchez, radicalizado hacia la izquierda y partidario de los flirteos con Podemos y las formaciones nacionalistas.

Como se ve, es una cuestión de estrategia política, y sólo el tiempo dirá qué facción del socialismo tenía razón.

A tenor de los resultados electorales, el gran error de Pedro Sánchez fue cerrarse a que el PP, la fuerza más votada, con 137 escaños, pudiera formar gobierno. En realidad, pocas alternativas más había. Porque el gobierno por la izquierda sólo era una lejana quimera, pues exigía la suma de todas las fuerzas políticas restantes, cada una de su padre y de su madre. De manera que tras el machacón mensaje de Sánchez del “no es no” lo único que se escondía era la nada.

Al primer conde de Romanones se atribuye la célebre frase: «Ustedes hagan la ley, que yo haré el reglamento.» Pedro Sánchez debería haber dejado a Rajoy llegar al gobierno, es decir, hacer las leyes, pero luego él se habría reservado la capacidad de decidir los ‘reglamentos’ en el Congreso de los Diputados, que es justo lo que está haciendo ahora el PSOE centrista de Susana Díaz.

Sin embargo, Sánchez, por propia convicción o acaso pésimamente asesorado por quien fuera, prefirió escuchar los cantos de sirena de Miquel Iceta, que a la postre se nos antoja tan pésimo estratega como bailarín. Si Pedro Sánchez hubiera permitido que Rajoy llegara al gobierno, lo habría tenido en sus manos para modificar, suprimir o aprobar nuevas leyes, y llegado el momento para forzarlo a convocar elecciones o plantearle una moción de censura que lo aupara a él mismo a la presidencia del gobierno. Sánchez lo tuvo todo en sus manos y todo lo echó a perder por las consejas bobaliconas e interesadas de Iceta y otros, ay.

Un destacado dirigente socialista nos comentaba hace poco la paradoja que se cierne actualmente sobre el PSOE. El enfrentamiento entre Pedro Sánchez y Susana Díaz, respaldada ésta por las viejas vacas sagradas del socialismo español, ha invalidado a ambos para liderar la reconciliación, ninguno sirve ya para coser las heridas, ambos concitan en sus personas tantas filias como fobias. Y no se atisba en el horizonte ningún líder que pueda ser capaz de recomponer el desaguisado.

La situación nacional se traslada a las autonomías, en las que, como en Castilla y León, vemos a los socialistas divididos en banderías. El PSOE ha estado tradicionalmente conformado por ‘familias’ o corrientes, pero todas se han movido siempre en el ámbito interno. Ahora lo que se aprecia son bandos externos que se agreden sin pudor en las redes sociales, etcétera.

Las tensiones internas aumentan y cada cual toma posiciones ante el proceso de primarias que se abrirá más tarde o más temprano. El aparato del partido, o sea, Susana, tiene mucha fuerza, es cierto, pero no hay nada seguro. El grueso de la militancia socialista no ha visto con buenos ojos la operación de derribo contra Sánchez, quien, paradójicamente, fue el primer secretario general elegido mediante el sistema de primarias.

De poco sirven las primarias, opinan, si luego por detrás se corta la cabeza al elegido porque a algunos prebostes no gusta el rumbo que impone al partido.

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