Una mirada de Valladolid a vista de pájaro

La torre de la Catedral y sus visitas guiadas ofrecen una singular vista de la ciudad desde lo alto de sus 70 metros.

FuenteCésar Aldecoa

Como si de un bastión infranqueable se tratase, en lo alto de la niebla que estos días baña la ciudad, se alzan imponentes los 70 metros de altura de la torre de la Catedral de Valladolid. Constituido como el segundo punto más alto de la villa, tan solo flanqueado por la azotea del Duque de Lerma, desde la torre puede observarse, a vista de pájaro, el trasiego de personas y coches a lo largo de las calles que permite la vista vislumbrar.

Una mirada que cualquier vallisoletano o visitante puede disfrutar gracias a las visitas guiadas que organiza el Ayuntamiento de Valladolid, convertido en un gran reclamo turístico por las excelentes instantáneas que ofrece y el recuerdo visual que enamora a cualquiera que lo contemple.

Desde lo alto, se observan los edificios más próximos como la Antigua, San Benito o San Pablo; a estructuras más modernas como el Auditorio Miguel Delibes o el Estadio José Zorrilla; nada queda fuera de la vista que se puede disfrutar, donde también podemos distinguir diferentes poblaciones del alfoz vallisoletano. Sentirse en lo alto de la ciudad y respirar todas sus calles, una sensación que nadie puede perderse.

Una visita que dura alrededor de 45 minutos, en la que se puede conocer la historia de Valladolid y su Catedral, con un campanario con diez campanas que se sienten muy de cerca, con su tamaño y la emulación de su resonar. La campana llamada Corazón de Jesús, la más majestuosa de todas ellas, con más de dos toneladas de peso, se erige ante el trasiego de visitantes, anonadados ante semejante instrumento.

Tampoco falta el asombro ante , una obra perfecta de engranajes y pesas, que se mantienen siempre afinadas mostrando a toda Valladolid el momento exacto del día. Conocer el funcionamiento de tan sofisticado mecanismo, con sus poleas y sus pesas, para hacerse una idea de cómo funcionaban los relojes de antaño.

El momento más ‘sonoro’, más allá de la imaginación de cada uno en el campanario, llega con la matraca de la torre. Un instrumento que se utilizaba para llegar lo más lejos posible con su sonido y que continúa muy vivo, con los golpes de las pesas sobre la madera al hacerla rodar.

Una reliquia con historia

La Catedral de Valladolid fue ideada por Juan de Herrera, en su origen, como un templo de cuatro torres, pero finalmente quedaron en dos. Tan solo se mantiene viva una de ellas, pues en 1841 cayó la conocida como ‘la buena moza, la primera que fue construida. La torre actual nació en 1880, cuando se retomó el proyecto de una estructura octogonal con base cuadrada. Fue una obra duradera, que fue ganando detalles con el paso del tiempo. En 1923 se finalizó la cúpula, con el Cristo del Sagrado Corazón, para situar un año después el pararrayos que coronaba los 84 metros de alto.

Ya en 2015 se inauguró el segundo ascensor que llega hasta lo alto del campanario, en lo que sería un piso 20, a la altura de 70 metros. El primer ascensor, que sigue en funcionamiento, permite llegar hasta prácticamente la mitad, pero queda en nada ante la imponente altura de lo alto de la torre, desde donde cualquiera puede disfrutar de toda la ciudad a sus pies.

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