Cuando la Catedral de León fue pasto de las llamas

El 29 de mayo de 1966 la Pulchra Leonina recibió el impacto de un rayo y echó a arder. La decisión del cantero del templo evitó su derrumbe

FuenteJavier A. Muñiz
Un bombero del Ayuntamiento con la catedral de fondo / Bomberos de León
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París lame sus heridas este martes tras el virulento incendio que redujo a cenizas parte de la emblemática Catedral de Notre Dame. La imágenes de la aguja cediendo ante el fulgor de las llamas y la columna de humo visible desde toda la metrópoli han dado la vuelta al mundo. En la era de la información, miles de perfiles en redes sociales retransmitían en directo el suceso, atribuido, por cierto, a unas obras en el corazón del templo.

Quien más y quien menos se ha puesto en el lugar de los parisinos, impotentes ante el sufrimiento de su joya más preciada. Pero los leoneses saben de primera mano lo que significa asistir impertérrito a un incendio en tu catedral. Ha transcurrido más de medio siglo, pero las noticias desde París han avivado los rescoldos de aquellas llamas. Fue el 29 de mayo de 1966 cuando ardió la cubierta de la Pulchra Leonina y tembló toda su estructura. Con ella, el corazón de los leoneses.

Un rayo impactó en el techo sobre las cinco de la tarde. La iglesia continuó con su normal ajetreo hasta que en plena misa, los feligreses detectaron olor a humo y rápidamente se desató el incendio. Llevaba unas tres horas gestándose. Fue un efecto rebote desencadenado desde el sistema de pararrayos. Los Bomberos de León acudieron rápidamente y requirieron refuerzos de toda la zona norte del país.

Los servicios se afanaron en refrescar las paredes de la Catedral y comenzaron a combatir el fuego. Se había tomado la decisión de abordar las llamas dejando caer un tanque de agua sobre la Pulchra. Sin embargo, la pericia del cantero Andrés Seoane, encargado de restaurar todos los templos de la zona, evitó una mayor catástrofe. Tomó el mando de la actuación de los Bomberos e indicó los puntos estratégicos desde los que podían actuar. Frenó la descarga de agua sobre el templo.

Seoane conocía la Catedral como la palma de su mano y, por supuesto, los materiales con los que estaba construida. Sabía que la piedra absorbería el agua aumentado su peso y la estructura del la iglesia corría peligro de ceder. Muchos leoneses temieron por el derrumbe de la Catedral y realmente pudo suceder. Solo el conocimiento y los arrestos del cantero salvaron a la Pulchra Leonina de caer sobre sus cimientos. El techo fue restaurado, se instalaron detectores de incendios y 53 años después, la Catedral de León continúa en su sitio para regocijo de leoneses y visitantes.

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