El entierro del Genarín en León

DE CALLE / María Dolores Otero

Lo han visto los leoneses.

Aseguran que lo han visto

por el oscuro infinito,

cual fantasma de los sueños

huyendo de su destino.

La gente lo toma a chufla,

como al ‘piyayo’ mendigo,

y a mí me da mucha pena,

y respeto al tiempo mismo.

Que fue el ‘Genarín’ famoso,

humilde de su principio,

hombre de paz y silencio,

que solo alteraba el grito

de anunciar su mercancía.

Es pellejero de oficio.

Dos perronas por piel rota,

pellejo cerrado y limpio,

un níquel y tres perrinas;

mucha labia y mucho tino,

para vivir en el barrio

embromado y no temido,

pues con su voz cascajosa

tan solo asusta a los niños

que escuchan al pellejero

en las malanas de frío

que son en León las más;

soñolientos  o dormidos-

Dicen que fue borrachín

y mujeriego muy fino…?

…para matar tantas hambres,

tuvo pocos apetitos.

Como no tenia posibles,

tampoco tuvo enemigos.

Le critican las comadres,

lo celebran los vecinos,

hasta que se muere un jueves

que dicen Santo y Bendito

y reluce más que el sol

con otros jueves distintos

que son en el calendario

muy solemnes y festivos,

Según nos dice el refran;

el más sabio de los ‘dichos’.

Pues vino a morir allí,

en cuclillas y entredicho

arrimado a la muralla.

No es menester otro sitio,

para salir del apuro,

tan natural en si mismo

como es desahogar el cuerpo.

Pero allí quiso el destino

que lo fuera a atropellar,

en un momento tan íntimo,

el carro de recogida

de basura y desperdicio.

De triste recordación

sirvió por cierto el motivo,

y hubo un poeta y dos más,

(a los que yo he conocido,

amistad de buena gente)

que entre dos vasos de vino

le dedica un recuerdo

ya que es día convenido

para alegrar el bandullo

con lo de “quitar judíos”

Y ete aquí que pasa el tiempo,

entre recuerdo y olvido

hasta que un día de tantos,

y en un momento distinto

sale el diablo a la calle

disfrazado de político,

que es disfraz tras del que caben,

todas las caras y oficios,

Y repartiendo un licor

mitad fuego y mitad vino,

(orujo lo llama el pueblo)

entre vagantes, disolutos y golfillos,

que hicieran un homenaje

con milagros incluidos,

Como algarada irredenta

entre arcadas y entre gritos

al bueno del ‘Genarín’

que así dejaron cumplido

hasta otro año en este día

que se gravó en el registro

de mentes de poco paño

como día de festivo,

No por que es el Jueves Santo,

Día Sagrado y Bendito,

sino por que es del ”beodo”

el festival colectivo.

Por la muralla adelante

tropel de absurdos uncidos:

unos para espantar traumas,

otros por amor al vino,

otros por curiosidad

de ver lo desconocido,

invocan al Genarín,

entre risas y bullicio,

nombran Papa a un infeliz

y apóstoles a porrillo,

no se sabe si por mofa

de lo que es por si divino.

Por faltar a los demás,

o porque son libertinos

que juegan a imaginar

que ya han encontrado oficio.

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