¡Omisión es cobardía!

DE CALLE / María Dolores Otero

Imposible el silencio cuando el ser mujer resulta conflictivo. Imposible no gritar cuando el nacer mujer, cosa de la que siempre me enaltecí; que me sirvió para sentir el amor humano a un hombre de bien y que merecí sentir en mi cuerpo el milagro de la vida, y el titulo inextinguible de madre, todo por ser mujer.

No es nuevo que yo lo diga hoy, que desde hace al menos treinta años lo escribía ya en los periódicos leoneses, y porque soy católica por convicción y no por convencionalismo; porque soy familiarista como defensora de la educación de los hijos y su derecho a elegirla; porque soy conservadora de principios fundamentales recogidos en nuestra Constitución, que no necesita arreglos interesados, sino que sea respetada y cumplida.

Porque sé que mi padrino, Manuel Rodríguez de la Heras, procurador de los tribunales en Santander, en el año 1937 fue asesinado vilmente a sus 27 años por ir a misa y ser de derechas, sin que fuera dado a la familia, mis abuelos, encontrar el cadáver para darle sepultura en el panteón familiar de Salamanca, su tierra; porque no soy desenterradora de cadáveres que nadie reclamó en 60 años porque mi orgullo de ser española cree que la tierra que cubre a nuestros muertos, sean quien sean, es sudario de respeto; porque creo que para luchar por la mujer basta con ser femenina y no feminista.

Por todo ello y más, defenderé, a pesar de mis años y mientras el cuerpo me haga sombra, esa derecha que cree en la política como el arte de bien gobernar que ya nadie conoce, el derecho a la religión y al idioma y todo aquello que entra en los cauces legales, lejos del comunismo y la anarquía, que siendo yo niña de la guerra peor que se pudo sufrir en España con mi padre amenazado de muerte, y porque me crié sintiendo el zumbido de las bombas de los aviones rojos, solo repelidos por los cazas nacionales; porque pude ver iglesias derrumbadas, imágenes ultrajadas y a otro de mis tíos, Lorenzo Rodríguez de las Heras, preso en la cárcel de San Antón (comandada desde la checa de Fomento por el genocida Santiago Carrillo) de donde salió al terminar la guerra con la llegada de las tropas nacionales victoriosas sobre la hoy gran mentira de los perdedores.

¿Qué más puede justificar mi lucha?

Se me hace obligado decir en la controversia vertida por Vox, el partido que como esa derecha tan reclamada entra en colisión con los comunismos y la cobardía instalados en España, auspiciados por el peor de los presidentes hasta hoy, que todo es susceptible de empeorar.

Me refiero, claro está, al tan cacareado feminismo radical de izquierdas, mantenido por suculentas ayudas económicas que todos pagamos, incrementado por asociaciones y federaciones de divorciadas, juristas e investigadoras con buenos despachos, que defienden seguir como sea apoyando esa ley de género a sabiendas de que nada consigue, que necesita una ley más completa que reclama la gente, y que por tener hijos e hijas quiere que todos sean acogidos por leyes y respetos.

Es sabido que los hombres en este sentido no tienen reclamación “a nada”, ya que la ministra de la cuota, vicepresidenta del Gobierno sin votos ciudadanos que lo avalen, ha dicho, que yo lo oí, que lo que diga la mujer ha de ser válido sí, o sí. Yo me quedé ‘ojiplática’, como dice una de mis nietas.

A mí, la verdad, me gusta lo que dicen los expertos. Así, César Vidal, historiador sin complejos y ciencia indiscutible que habla lo que sabe bien sabido, dice que esta ideología de género es un atentado a la igualdad. Que la presunción de inocencia desaparece para los varones, ya que la sola denuncia de una mujer… lleva al hombre a ser condenado.

Hay juezas, y esto lo digo yo con mi experiencia de 22 años de política activa a la que renuncié en el año 2000 junto a la militancia al PP (esta es otra historia), que hacen uso de su dependencia judicial lastimosa, que callan cuando el feminismo solicita que sean apartados los jueces, que no respondan a esa ley que les permite entre otras cosas pingües beneficios económicos. ¿Por qué no quieren que se mejore esa ley fracasada?

Muchas veces en muchos años, cuando no era tan virulento, me tocó lidiar con el feminismo leonés y madrileño y sé que es un adversario difícil, pero poco documentado entones, al que era fácil descolocar. Hoy, como son más estudiadas, se agarran a lo leguleyo sin pensar en absoluto que no todas las mujeres pensamos como ellas, y no deben arrogarse un derecho a pensar por todas.

Basta acudir a hemeroteca para encontrar casos de mujeres asesinas: de un niño que también debió ser defendido por ley, otra novia desdeñada que asesinó al exnovio y lo troceó, otra mujer dijo que la dejó su amante, que eso de “pareja” me suena sin querer a los pares de mulas que se contaban por parejas para significar la categoría del agricultor (por ley me acojo a la memoria histórica) y el desaparecido, apareció enterrado en el propio huerto.

Sobre todo no me resigno a no entrar en lo para mí más grave. La mujer es capaz de asesinar por ley a su propio hijo cuando aún es un embrión humano alojado en su vientre por voluntad propia, que pudo evitarse si no lo quería. Y no me salgan con la cantinela de la violación que, según la medicina de entonces, dado el estado nervioso y de indefensión de la violada era difícil la concepción. Aún así, eso se podrá demostrar a estas alturas . Pero si la cuestión es forzosamente entre dos, ¿dónde esta el padre de la criatura, que nunca aparece, dejando a la mujer la única responsabilidad de acabar con el hijo de ambos? ¿Por qué el feminismo no pide que el padre firme al menos el asesinato de su hijo en ciernes? ¿Es que la mujer quiere librar al ´hombre’? ¿Es que no sabe quién es el coautor del embarazo?

Nada, que hace falta otra ley y que no apoyen la actual… los que quieren ser derecha…¡derecha¡ Y de paso, contrastado por la defunción de UCD, los que en ella militamos creyendo en el centro, o más bien pensando en abolir los extremos que a tan mal nos llevaron. El centro fue imposible.

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