León, santos, pendones y gaitas

DE CALLE / María Dolores Otero

Recorriendo va las calles la brisa de la montaña, que es octubre un mes bendito para el leonés que siente trepidar su tierra entre luces fiesteras, celebraciones benditas a dos santos, que en esta tierra tienen raigambre de fiesta.

San Froilán, obispo santo patrono de la Diócesis al que se venera más que por su santidad, que sin duda alcanza muchos grados de gloria, por el programa abigarrado de actos superpuestos a veces, que no dan lugar a la incorporación de un vecindario que se vuelca en la ciudad hasta hacerla intransitable por calles. Allí donde los bares brindan acogimiento, disputándose el sitio en las terrazas múltiples; mesas y banquetas de metro y medio de alto, que es invento no sé si merecido para esa juventud a la que dimos de todo, y que han dado en crecer al menos en estatura.

En esta moda inaudita de las alturas en mesas y asientos, los que no crecimos tanto más de lo que dieron los garbanzos, que era el alimento nuestro de cada día, y que gracias al gocho que se sacrificaba en bien de los españoles, teníamos cocido para todo el año. Cosa que hoy, el ‘cocido maragato’ puesto al revés es comida de buen yantar para turistas y forasteros. ¡Lo que va de ayer a hoy!.

Pues llega San Froilán con desfile de carros engalanados tirados por bueyes, en los que cada pueblo que los presenta luce su ingenio con encajes, cestos y objetos ancestrales, que hablan de tradición inveterada junto a los grupos ataviados- Hombres y mujeres con los trajes de hogaño que también tienen un hueco en el programa municipal con su danzas y canciones, que solo los danzantes y los ya mas que mayores conocen.

La gastronomía leonesa pone una vez mas al año, y hoy como ‘capital gastronómica 2018’, la tentación suculenta de la morcilla, la cecina, los chorizo picantes, los pimientos del Bierzo, y todo cuanto llena el paladar de ricas esencias.

Conciertos para todos los gustos empezando por los de la Catedral luciendo órgano nuevo, gracias al Festival Internacional que ya camina por la XXV edición y que fue el gran invento de un artista de los teclados Adolfo Gutiérrez Viejo, y de mi patrocinio como presidenta de la Cultura Municipal para lo que hube de salvar escollos políticos que nunca faltan. Dinero y esfuerzo de mi Comisión para recomponer el viejo órgano y hacerlo apto para el evento fue lo primero que nos costó el órgano nuevo en la comisión.

Además, romería en la Virgen Del Camino y, en la ciudad, concursos fotográficos infantiles de pinta-caras, un montón de música folk y en el jardín del San Francisco, mercadillo ‘vintage’ y feria gastronómica ‘food trucks’ consistente en cosas raras que la juventud devora. El gentío en el jardín es inaudito, solo comparable al Barrio Húmedo, en el que tapas y bebidas no dejan trecho en el estomago.

Como tema principal en la Catedral más bella, farol de luces engastadas en piedra, que en el claroscuro de sus bóvedas y capillas es un arco iris saliendo de sus vidrieras para ganar el asombro en la mirada. Y allí , en su patio central, entre arcos y capiteles, rememorar una añeja tradición en la que León se niega a entregar las cien doncellas a Abderraman, que como tributo venia exigiendo el moro, con ellas renovaba su harén. 50 nobles y 50 plebeyas habían de ser escogidas.

Acabar con semejante baldón y tan infame tributo para el noble pueblo leonés es lo que de año en año se discute, si el ofrecimiento al cabildo catedralicio de un castillo de panes es graciable o de obligado cumplimiento, así salen a la palestra los síndicos representantes de Catedral y el pueblo, dejando en tablas el acuerdo y hasta otro año.

El espectáculo de los pendones, solo se podrá´ hablar de ello contemplándolo. Tal es la maestría de los pendonistas alzando y desfilando con pendones de diversos colores y alturas (hasta de trece metros), es sin duda esfuerzo de titanes. Las pendonetas más pequeñas de algunos pueblos completan el colorido y la magia de un desfile único.

Lo de las gaitas es otra cosa, que siendo llave unos años en el Ayuntamiento de León. Los representantes de aquel absurdo leonesismo empeñados en que habláramos en llionés,los ciudadanos que no lo oyeron jamás, ni los más avezados en años, gastaron dinero de todos para rentabilizar su vivir, y tiempo para promocionar sus obsesiones justificativas.

Entre ellas, una clase de gaitas gallegas que aún hoy acompañan al Ayuntamiento en varios actos. En León, en la tierra de Fraga y Rajoy, empeñados en que también la gaita es leonesa porque se toca solo en la linde con Galicia , creo que es Puente Domingo Flórez. Solo un dicho lo define: “ya están ahí las gaitas municipales”.

Eso sí, el patrono de la ciudad, San Marcelo, centurión romano de alto coturno, mártir del cristianismo, solo lo justo. Una misa con autoridades y el pregón, la torre iluminada, la coral y el programa que yo escogía con esmero en honor del patrono, se olvidó con el alcalde Amilivia al frente, igual que otras cosas buenas. Claro, que mantuvo la obras de Ordoño, que se ha levantado cuatro veces, y perder el Ayuntamiento en favor del PSOE que le valió ,por obra y gracia de el señor Lucas un ‘puestazo’ que aún le dura. Pero esa es otra historia que merecerá ser contada. Adiós a las fiestas de San Froilán y a la hora que pronto nos quitan. En León sigue siendo fiesta en el Barrio Húmedo todo el año.

Que algunos ,porque hay de todo,

adoran a nuestros santos,

pero los más… ¡que son tantos¡

vienen a ‘empinar el codo’.

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