Cuando grita el silencio

DE CALLE / María Dolores Otero

El sol pálido de otoño va poco a poco ganando el espacio del calor veraniego que como dictador sumo nos puso a todos ‘a la sombra’, pero algo flota en el ambiente que amenaza con un ‘otoño caliente’ y España recibe el tórrido vientecillo de los montes afogados, renegridos, repletos de esqueletos de madera que alzan sus brazos torturados, gritando en silencio a un mundo que no escucha.

Los colegios, construidos para acoger a los pequeños, los niños, que como cintas vírgenes graban cuanto acontece en su entorno, intuyen el malestar de sus padres, arrinconados en sus derechos, y ventean un peligro mientras nos contemplan con sus ojos nuevos abiertos al asombro. Y los colegios, con el silencio de las aulas aún vacías, gritan a la injusticia y la desfachatez de un Gobierno que se cree que gobierna sin que nada lo legitime a no ser la ley absurda del quítate tú que me pongo yo.

Los mayores de hoy, niños que fueron de la guerra, del horror, del odio entre hermanos que solo un ejército pudo amansar, somos molestos para una política que impone una ‘memoria histórica’ falseada de principio, porque no callamos las verdades contrastadas frente a su revancha inaudita nacida de su derrota. Y proponen la eutanasia para ayudarnos a bien morir.

Aquel ‘ZP’, desenterrando entre los muertos a los malos recuerdos, cepillando los huesos ancestrales como si el polvo amasado con su sangre no mereciera descanso y la tierra española que los cubre no fuera sudario de respeto.

Los nuevos parados, las menores cotizaciones a la Seguridad Social, la disminución del turismo, el menor consumo, nuevos escaparates empapelados, el diálogo con quien no debe y el acecho del comunismo y del separatismo como males en lontananza es lo que la corta andadura del presidente Sánchez nos trajo.

Y además, como regalo, un lacayo del huido se atreve a leer una soflama donde implica al pueblo catalán y él no se moja, por si acaso ¡Qué turra les dio Torra¡ Eso sí, el presidente, muy comprometido, ordenará por decreto que las niñas españolas, todas, no lleven lazos amarillos al pelo.

Por cierto, baja la natalidad, crece el aborto y los perros pulga censados son el doble que en los años anteriores, bien pequeños para que el movimiento del rabo no contamine el medio ambiente. También les dejarán bañarse en las piscinas municipales antes de ser retirada el agua, pero con gorro de baño que para eso el Ministerio de Sanidad es escrupuloso.

Despertad españoles y vigilad, que los lobos, según noticias, atacan nuestros rebaños, asaltan el aprisco, cielo por techo, y matan y devoran, según su notoria crueldad, inocentes corderos y ovejas desprevenidas. Este mundo ya se ha columpiado sin red pero el silencio sigue gritando mas allá de las estrellas para que el azul puro de España nos ayude. Porque ellos no saben. No saben.

Y… pretender ser el mejor

sin saber cómo esmerarse

es como querer tomarse

la sopa con tenedor.

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