Del antiguo Reino

DE CALLE / María Dolores Otero

FuenteMaría Dolores Otero

El León de hoy, arropado en el aire romanizado del viejo Reino, embellecido por parques y jardines y coronado con las tres cabeceras de serie bellísimas: San Marcos, San Isidoro y La Catedral, prestan al nombre de la ciudad un singular capítulo del arte más depurado.

Rodeado de monte bajo, envía éste esa brisa montañera que huele a peornos y escobas florecidas. La calma y el sosiego de sus habitantes contrasta con noticias, rumores y eventos nacionales, que unidos a los de más allá de sus fronteras, dejan un poso de preocupante futuro.

La despoblación, favorecida por la escasez de trabajo para los jóvenes, la natalidad bajo mínimos y las defunciones repetidas de tantos mayores son ya inevitables preocupaciones para el Gobierno autonómico, mientras el recién estrenado Gobierno de un socialista sin fuste se preocupa por poner al día la eutanasia, que junto al aborto, son maneras propias del ala siniestra, mientras el ala diestra, silencio en boca y ‘vista a la izquierda’, tolera lo intolerable.

Los parlamentarios leoneses, alguno de primer orden, campando de diputado en el Congreso, desconocido de un 90% de los leoneses, y el número uno del Senado por León, gran corredor de siglas, están casi desaparecidos. La intención de no votar, flota en el ambiente callejero.

La escasez de reyes en plazas y jardines después de años y años ha sido suplida con un busto de Alfonso V rasurado, ya que el tal monarca, se significaba por una hermosa barba morena. El Ayuntamiento, tras dejar fuera sin mayor ni menor excusa al anterior alcalde, que consiguió por primera vez en buena lid 15 concejales, permanece a la espera de nuevas elecciones, ya cercanas, para conseguir los 14 concejales necesarios para la mayoría…

En tanto en cuanto, una obsesión gastronómica invade las mentes. Los productos leoneses acaparan la atención de autoridades provinciales y municipales. La cultura, esa que hace que las gentes y los pueblos se libren de la momificación y el engaño, habla de ‘performance’, de exposiciones sutiles; de cultura del recuerdo a los muertos, implantando novedades increíbles en cementerio católico y promocionados por ‘Serfunle’ municipal, no se sabe bien con qué motivo convincente, lejos del absurdo y la provocación, que supone ese ‘pasillo’ lejos de cruces y bendiciones que los republicanos de hoy titulan en la peor de las equivocaciones: ‘capilla laica’. La culpa de quien lo consiente.

Y así León, bella ciudad, merecedora de toda ponderación, mermado el homenaje debido a su patrono San Marcelo (que no San Froilán, patrono de la Diócesis), y embebido en sí mismo, sigue escribiendo su historia sin una cultura que eleve al pueblo hasta un nivel estimable, en lugar de ‘democratizar’ la cultura, rebajando su nivel al del pueblo llano. Y el León rampante… no ruge.

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