María Dolores Otero, “orgullosa” primera mujer en Las Cabezadas desde Doña Urraca

La que fuera primera teniente de alcalde de la democracia en León, entre otros hitos femeninos en la vida pública leonesa, comparte durante una charla para los lectores de NOTICIAS CASTILLA Y LEÓN los pormenores de una carrera política para el recuerdo

FuenteJavier A. Muñiz
María Dolores Otero posa frente a la Basílica de San Isidoro, lugar de Las Cabezadas

El pasado mes de abril trajo el recuerdo de aquellas primeras elecciones municipales en España. En León se conmemoró la llegada de los 27 concejales primigenios. Apenas pudo acudir una decena, ya que algunos de ellos, incluidos los dos primeros alcaldes, el socialista Gregorio Pérez de Lera y Juan Morano, entonces en UCD, ya han fallecido. Gran recepción en el Ayuntamiento con la presencia del alcalde y su Corporación actual. Además, discursos, obsequios a los antiguos ediles, amén de una comida de confraternidad que, eso sí, se abonó cada cual. Y muchas fotos de recuerdo.

Entre aquellos 27, solo dos mujeres. Esther Santas, del Partido Socialista, y María Dolores Otero, de la Unión del Centro Democrático, quien durante tres legislaturas prolongadas durante doce años fue la primera mujer teniente alcalde de la democracia leonesa. Puso orden en el el ámbito escolar y arrancó cuantas iniciativas culturales cupieron en el estrecho presupuesto municipal. Que no daba para mucho, tampoco para ejercer su vocación de servicio público a sueldo. Que pregunten ahora. Entre sus mayores logros, haber ‘parido’ el afamado Coto Escolar o el Festival Internacional de Órgano ‘Catedral de León’.

Pionera como pocas, abrió caminos ‘a machetazos’. Muchos para las mujeres. Entre ellos, fue la primera mujer, ¡desde Doña Urraca!, en participar en la noble tradición leonesa de Las Cabezadas, que este domingo serán reeditadas tras el retraso producido por las elecciones generales. Será la primera vez que se celebren el primer domingo de mayo. Eso sí, volverán a tener lugar frente a la Basílica de San Isidoro. Allí donde María Dolores Otero atiende a los lectores de NOTICIAS CASTILLA Y LEÓN para explicar lo que supuso aquel hito para ella y desgranar, en este periodo de entreguerras, o ‘entrecampañas’, una carrera política que arrancó a la vez que la democracia española.

-¿Cómo fue su entrada en la política?

Muy sencillo. Un médico, compañero de quirófano de mi marido y amigos desde niños, Julio César Rodrigo, que luego fue presidente de la Diputación, estaba convencido de que era bueno llevar una mujer en la lista. Yo tenía cierta trayectoria desde asociaciones como Amas de Casa, donde fui vocal nacional de Cultura, también como presidenta de la Sociedad de Amigos de Gordón, una comunidad de 15 pueblos lindando con Asturias, además de ser directora provincial de Asuntos Sociales de Cruz Roja y también de su residencia de mayores en la calle Copín. Ya había publicado un par de libros de poemas y otro más de cuentos, por lo que pensaron que ya era conocida, y Rodolfo Martín Villa dio su beneplácito por lo que fui al Ayuntamiento.

-Con esa experiencia, ¿no resultaba un trabajo extraño?

-Sí, claro. Pero la ilusión de hacer algo nuevo para una España ya renovada y deseosa de prosperar en paz, y el saber que se podían hacer tantas cosas necesarias para los pueblos y ciudades, nos hacía trabajar sin descanso. Me encargaron la Comisión de Educación y Cultura, que era extensa, y las escuelas necesitaban arreglos urgentes. En muchos colegios había patios embarrados y pedregales o aulas escasas para tanto niño que hubo que ampliar. Desde Cultura tuvimos que promocionar muchas cosas que empezaban: asociaciones culturales, grupos de danza tradicional, coros, orquestas, asociaciones de padres… Yo quería hacer un Cultura estable y no de paso. Cosas que quedaran para bien de León, aunque los presupuestos eran una pesadilla.

“La ilusión de hacer algo nuevo para una España ya renovada y deseosa de prosperar en paz nos hacía trabajar sin descanso”

-¿Qué cosas hubiera querido hacer que no pudo llevar a cabo?

-Muchas, porque yo siempre quería más. Quise poner exposiciones al aire libre en los jardines de la Condesa y solo pude poner una. De Ricardo Echegaray, ‘Ventana a la Luz’ se llamaba, hecha en acero inoxidable, que ahí está, pero no se pudo continuar. Es una larga historia. Quise poner una escultura de un rey leonés en cada espacio entre los cubos de la muralla en Ramón y Cajal; quise hacer en el C.H.F. el mejor centro cultural, con espacio para todo, incluso el tan deseado auditorio. Cubriendo un patio y dejando un espacio para la Policía Municipal. Y un autobús, el ‘Cultu’. Todas las asociaciones, incluso adversarias, lo apoyaron.

-También quise potenciar la figura del patrono de León, San Marcelo, porque todos creían que era San Froilán, que es patrono de la diócesis pero no de León. Con la colaboración del entonces párroco, Don Telmo, que me pidió ayuda, conseguimos salvar el bache. Yo reservaba para la semana cultural de San Marcelo cosas importantes: ópera, el Ballet Bolshoi, zarzuela, un certamen de tunas que creé para dar luz a la reciente Universidad y un bonito pregón y misa solemne con autoridades eclesiásticas, civiles y militares, con iluminación de la torre… Pero otros vinieron que lo “olvidaron” y estamos en las mismas, solo queda la misa.

-¿Y qué consiguió entonces?

-Bastante, desde luego. Por citar lo mejor: Dejé cinco guarderías cuando solo había una, cinco bibliotecas, que no había ninguna. Las escuelas, renovadas y dos que gestioné con el Ministerio y conseguimos abrir en la Palomera. Hice en León aulas corales para el X Congreso Nacional de Puericantores, que contó con la asistencia de más de 400 niños que alojé en casas particulares con una emocionante colaboración de los leoneses. Salvamos la orquesta de Odón Alonso. Monté un centro de mayores en el chalet de Padre Isla, con peluquería de señoras, que no tenían, y otra en el centro de la Corredera. Monté una universidad cultural con distintas aulas. De radioaficionados, literaria, de trajes regionales, de danza, de teatro o las aulas corales.

Y el aula de la naturaleza, más conocida como el Coto Escolar. Con la ayuda del inestimable director que pusimos al frente, Mario García Blanco, se pusieron en el coto otras aulas. De carpintería, de horticultura, helicicultura, colmenas, plantas medicinales, recogida de frutos y jaulas de animalitos. Hicimos un campamento para los escolares de verano. Eran los niños de los colegios los que trabajaban en el coto y sembraban los árboles, etc.

Y por fin pude, con mucho esfuerzo político, y no muchos apoyos, sacar adelante y potenciar el Festival Internacional de Órgano ‘Catedral de León’, del autor gran músico Adolfo Gutiérrez Viejo, creador de la Capilla Clásica, Y gracias al Ayuntamiento tenemos un fantástico órgano nuevo en la Pulcra Leonina.

“Ser la primera mujer en mi partido entonces me empujaba a querer que las mujeres demostráramos que podíamos estar entre los mejores”

-No extraña que las crónicas de entonces dijeran de María Dolores que era una “destajista del trabajo”. Claro que eso fue en los doce años de permanencia en la Comisión de Cultura y siendo ya senadora, la primera por la derecha leonesa…

-Pues yo creo que el tiempo lo da Dios de balde, solo hay que saber aprovecharlo. Y el ser la primera mujer en mi partido entonces me empujaba a querer que las mujeres demostráramos que podíamos estar entre los mejores. Y no solo en el hogar, donde éramos imprescindibles como madres, esposas y aglutinantes de la buena marcha familiar. Esa es la verdadera lucha feminista.

-Muchos ciudadanos hoy están convencidos de que la gente se mete en política para ganar dinero. ¿Cómo eran los sueldos entonces para los servidores públicos?

-No había presupuesto para los concejales por lo que no teníamos sueldo. Solo cobraban los que tenían dedicación exclusiva y, por lo tanto, solo ellos cotizaban a la Seguridad Social. Yo no quise la dedicación exclusiva por atender a mis cuatro hijos, un marido y un hogar, aunque luego tenía más trabajo que algunos de la dedicación exclusiva. Yo aseguro que entonces no teníamos la política para ganar dinero. Era otra cosa que seguramente hoy no se entendería. Lo cierto es que yo cuando dejé la política tenia siete años de cotización, por lo que no me pude jubilar. Eso sí, me dieron 14 meses de paro. En el Senado tampoco me cotizaron, pues tenia la Seguridad Social cubierta por mi marido. Las primeras en dar un paso al frente no fuimos las beneficiadas.

“Fui la primera mujer de la historia de León desde Doña Urraca a nuestros días en defender al noble pueblo de León en la bellísima tradición de Las Cabezadas”

-¿Qué le propició mayor orgullo y, si lo hubo, qué le ‘regaló’ el mayor disgusto?

-Pues sí que hubo cosas. Situaciones que me llenaron de orgullo como fue ser la primera mujer de la historia de León desde Doña Urraca a nuestros días en defender al noble pueblo de León en la bellísima tradición del ‘foro u oferta’, más conocido por Las Cabezadas, ante el Cabildo Isidoriano. Lo repetí tres años seguidos. Y dos años protagonicé otra bella tradición en la Catedral con Las Cantaderas.

También me llenó de orgullo ser la primera mujer senadora de Alianza Popular por León, cuando en aquella tercera legislatura, solo eramos dos mujeres por el partido, Loyola de Palacio, por Madrid, y yo.

En cuanto a disgustos… Varios a partir de la segunda legislatura en el Ayuntamiento. Pero el principal fue aquel ‘pacto cívico’ suscrito entre José Luis Rodríguez Zapatero por el PSOE, Mario Amilivia por el PP y Luis Aznar por el CDS, unidos para derrotar al más votado, que fue el independiente Juan Morano con doce votos, cuando hacían falta catorce para gobernar y los otros tres juntos sumaban más. Fue un ‘escandalazo’ (sic.) y me tocó romper aquel pacto en solitario ya que los otros tres del partido se pasaron al CDS para no romper con el alcalde Díaz Villarig. De modo que en tres legislaturas tuve cuatro alcaldes. Lo curioso es que hoy en todas partes existe ese pacto. Nunca gobierna el que tiene más votos, sino el que consigue más apoyos para conseguir la mayoría.

“En UCD aprendí que el centro político es imposible. No existe”

Disgusto no pequeño fue el ’23F’. El Golpe de Estado, con Tejero a las órdenes de no recuerdo quién, me cogió en la Comisión de Cultura, siendo el único teniente de alcalde que estaba en el Ayuntamiento. El alcalde estaba creo que en la nieve, así que hube de recibir órdenes del Gobierno militar. Allí llegó mi marido cuando salió del quirófano para informarse, ya que también era medico militar en activo. Se me ordenó que dejara un retén policial en el Ayuntamiento y me fuera con los concejales de mi Comisión al Gobierno Civil para recibir órdenes del gobernador Ángel García del Bello, de UCD. Allí estuvimos con mucha gente nerviosísima hasta que el gobernador nos comunicó que todo había terminado, y que el Rey haba ordenado el acuartelamiento de los tanques salidos de Valencia y demás colectivos militares.

Disgusto fue también la despedida de Adolfo Suárez, un líder de los que no se improvisan, sino que nacen con ello. En el partido de UCD aprendí que el centro político es imposible. No existe. Unos se marcharon con Felipe y otros con Fraga. Cuando empezamos a ser centro-derecha empecé a no saber dónde estaba. Me parecía que era como dejar un pie atrás para darte la vuelta cuando fuera conveniente. En el 2000 dejé el partido harta de varias cosas para regresar a León.

-¿Cómo fue la despedida?

-Después de siete años como directora adjunta al Gabinete de Presidencia de las Cortes de Castilla y León con un presidente único, Manuel Estella Hoyos, del que conservo amistad y recuerdo. Un ejemplo de político, de sencillez y de buen hacer. Sé que está algo delicado, Dios le ayude siempre.

En el 2003 fui candidata independiente por CIULE para la Alcaldía. Los que me pidieron que encabezara esa lista sabíamos que era imposible sacar un concejal con esta Ley Electoral inicua, que a los partidos gobernantes hasta ahora no les conviene derogar. Pero recogimos muchos votos de los que se sabia que perdería Amilivia como acalde y quedamos razonablemente bien. Allí me despedí de la política por completo. Y ahora… el diablo político ha vuelto de sus vacaciones.

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