Fermoselle, el fértil balcón del corazón de Los Arribes

En los confines de Sayago, la belleza natural de la villa no tiene parangón

FuenteTexto: Diana Serrano
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La villa de Fermoselle es uno de los grandes tesoros naturales y artísticos de la comarca zamorana de Sayago. Con un clima muy particular, su emplazamiento en pleno corazón de Los Arribes del Duero y un conjunto histórico-artístico inigualable, la localidad es de esos tesoros escondidos que no puede dejarse de visitar. Fermoselle se asienta en el confín suroccidental de Sayago, cercado por el río Duero y el Tormes, cuyas aguas confluyen en el paraje de Las Dos Aguas o Ambasaguas.

Por su rocoso terreno discurre el majestuoso Duero formando la frontera natural con Portugal y permitiendo las impresionantes vistas de Los Arribes del Duero, visibles desde casi cualquier punto de la localidad, que hacen que Fermoselle se haya ganado el acertado nombre de ‘El Balcón del Duero’. Este emplazamiento tan especial hace que la villa disfrute de un microclima casi único, que dulcifica las temperaturas extremas de las estaciones de invierno y verano, siendo la primavera y el otoño meras estaciones puente. Un aliciente más para que pueda ser visitado en cualquier momento del año y que permite la plantación de diversos tipos de frutales, olivos, almendro y vid, además de otras especies como rosales silvestres, escobas o piornos, y en las zonas con suelos más degradados, lavandas y tomillos. Todo un vergel natural que discurre en bancales por sus largas pendientes y que forma una estampa natural única.

Y si la belleza natural de Fermoselle no tiene parangón, su arquitectura local impresiona y enamora a partes iguales. La villa fue declarada Conjunto Histórico-Artístico un 24 de octubre de 1974 reconociendo el interior de sus sinuosas, quebradas y estrechas calles como Bien de Interés Cultural Español. Fermoselle se mimetiza a la perfección con su propia orografía natural. Por ello, la mayor parte de sus fachadas, cierres y cimientos se erigen con el granito del propio terreno siguiendo las empinadas sendas de sus calles, en una armonía única que embulle al visitante y hace que perderse por sus calles sea un auténtico placer para la vista.

De entre su riquísimo patrimonio artístico destaca la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de muros románicos, con tres arcos del siglo XV y de marcada tendencia gótica. Este templo es un ejemplo fabuloso de transiciones artísticas, donde se pueden apreciar elementos y características de interés de cada momento histórico. Su planta es de estilo primitivo, mientras que las portadas meridional y occidental muestran una transición del románico al gótico con una interesante decoración escultórica. También son dignas de mención las ermitas de Santa Colomba, que alberga un crucifijo románico del siglo XII, o la de San Albín, con inscripciones anteriores al siglo X. Y cómo no hablar del Castillo de Doña Urraca, impagable mirador a los Arribes, que la propia reina eligió como lugar de retiro. Éste fue destruido durante la rebelión los comuneros, pero aún se conservan restos de la torre del homenaje, de algunas antiguas dependencias y la denominada la Puerta del Villar, que conserva parte de su arco apuntado. Sin duda un lugar idóneo para los amantes de la historia y el arte.

Mil bodegas bajo el suelo

Pero la magia de Fermoselle no termina en el exterior. La villa sayaguesa esconde un tesoro oculto a simple vista. Un secreto arquitectónico que data del siglo XIII: sus más de mil bodegas. Y es que Fermoselle está ‘hueca’, todo el subsuelo está excavado y tallado con más de mil construcciones, que conforman toda una red de pasadizos de extraordinario valor. En tan solo una visita por cualquiera de ellas uno queda deslumbrado por la intrincada arquitectura de estas bodegas subterráneas, así como por la inmensa labor de los arquitectos y vecinos anónimos que a lo largo de los siglos han dado forma en piedra a este otro Fermoselle. Por ello no es de extrañar que la localidad cuente con una extensa tradición vinícola y sus caldos sean uno de los más reconocidos de la Denominación de Origen Arribes del Duero.

Los encierros taurinos, una reliquia de 1523

Una villa tan única como esta no podía tener unas fiestas cualesquiera. Fermoselle celebra la segunda quincena de agosto las honras a su patrón San Agustín con unos festejos taurinos, que datan de 1523 y cuya fama ha trascendido los límites provinciales atrayendo a miles de visitantes durante su celebración. Pero, a parte de sus conocidos encierros, la villa presume y con mucha razón de tener una de las plazas de toros más especiales de toda España. Todos los veranos fermosellanos y forasteros esperan con emoción el montaje de esta espectacular obra de artesanía en madera, propiedad de la familia Talabilla, que guarda cuidadosamente y con cada pieza ordenada por número. Un mes antes del arranque de las fiestas, trabajadores del Ayuntamiento se encargan de montar esta inigualable obra de ingeniería artesanal en plena Plaza Mayor. Una tarea nada fácil y de gran responsabilidad, puesto que más de 2.000 personas ocupan a diario este rompecabezas de madera en cada festejo.

Bodega de la Peña El Pulijón. Foto: Hostal Arribes del Duero
La villa presume de tener una de las plazas de toros más especiales de toda España. Foto: Emilio Seco

Panorámica de Fermoselle, rodeada de bancales de olivos y vides. Foto: Emilio Seco

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