33 años del atentado más sangriento de ETA en Madrid

12 guardias civiles muertos en la plaza de la República Dominicana

FuenteEuropa Press
Fotografía Europa Press

Cada día a primera hora de la mañana un convoy compuesto por un autobús, un microbús y un todoterreno en el que viajaban más de 70 agentes salía del cuartel de la Guardia Civil situado en la calle Príncipe de Vergara de Madrid para dirigirse al campo de aprendizaje y maniobras, pero el 14 de julio de 1986 el convoy no llegó a su destino. ETA colocó una furgoneta bomba en la plaza de la República Dominicana situada a unos 700 metros del cuartel, que hizo estallar a las 7:45 cuando pasaban los vehículos de la benemérita, dejando 12 guardias civiles muertos y 60 heridos, varios de ellos civiles que esperaban en una parada de autobús cercana.

Detrás de este ataque estaba el ‘comando Madrid’, que seguía las órdenes de Santiago Arrospide Sarasola, más conocido como ‘Santi Potros’, quien mandó a este grupo que los próximos objetivos «se encarnaran en personas pertenecientes a la Guardia Civil» a los que había que poner «fin a su existencia» utilizando medios «sumamente cruentos» para conseguir un «número elevado de víctimas». El comando estaba compuesto por Idoia López Riaño, alias ‘La Tigresa’, Iñaki de Juana Chaos, Antonio Troitiño, Esteban Esteban Nieto, Juan Manuel Soares Gamboa e Inés del Río Prada.

Fotografía de Europa Press

El atentado

Los terroristas estudiaron durante los días previos al atentado el comportamiento de los guardias civiles en las inmediaciones del cuartel y fijaron como objetivo un convoy que salía todos los días sobre las 7:15 horas de las dependencias y que hacía siempre el mismo recorrido inicial. Los terroristas deciden que lo más eficaz para dejar «el mayor número de muertos posible» es utilizar un vehículo bomba, lo que lleva a De Juana Chaos a adquirir una furgoneta en el Rastro de Madrid por 175.000 pesetas (algo más de mil euros). Los etarras colocaron en la furgoneta cinco ollas a presión repletas de metralla conectadas a 35 kilos de dinamita goma-2 y camufladas con rollos de papel higiénico en la parte trasera de la furgoneta.

Para tener una plaza reservada donde ubicar la furgoneta, ‘La Tigresa’ y Juan Manuel Soares Gamboa estacionan los días previos al atentado un coche en una plaza de aparcamiento en la calle durante el día y lo retiran por la noche para situar en el mismo lugar la furgoneta con los explosivos. Cuando llegaba la hora a la que estaba previsto que pasara la benemérita, Troitiño esperaba en una parada de autobús cercana para hacer explotar la furgoneta con su dispositivo. Tuvieron que repetir este proceso día tras día al ver que los vehículos de la Guardia Civil no pasaban.

La madrugada del 14 de julio, ‘La Tigresa’ y Soares volvieron a colocar la furgoneta y ese día por la mañana, el convoy de la Guardia Civil hizo su recorrido habitual. A las 7:45, cuando los coches de la benemérita pasaban por delante de la furgoneta, Troitiño hizo estallar la bomba.

Fotografía de Europa Press

Uno de los más sangrientos

Cuatro guardias civiles murieron en el acto tras la explosión y los otros ocho fallecieron en los días siguientes, la mayoría por hemorragias cerebrales o fracturas en el cráneo, haciendo que el de República Dominicana se convirtiera en el atentado más mortífero de ETA hasta ese momento (superado el año siguiente por el atentado de Hipercor).

Carmelo, José, Miguel Ángel, Jesús María, Jesús, Andrés José, Jose Joaquín, Santiago, Antonio, Javier, Miguel Ángel y Juan Ignacio fueron las víctimas mortales de un atentado que la sentencia sobre el caso califica de «tremenda brutalidad», y que destaca la «desmesurada cobardía» de los terroristas al preparar el ataque con tanta «minuciosidad» y asesinar a guardias civiles «por el solo hecho de serlo». El más mayor tenía 24 años, el más joven 19, venían de diversos puntos de España y muchos de ellos habían ingresado en el cuerpo hacía solo tres meses.

Los responsables: 2 en prisión, 1 fallecido y 4 en libertad

Santi Potros‘, cerebro del atentado en República Dominicana que ordenó al ‘comando Madrid’ la ejecución del crimen, fue detenido en Francia un año después del ataque, en 1987, y solo dos meses después de ser uno de los principales responsables del atentado de Hipercor, el más sangriento de la banda. Lo extraditaron a España en el 2000 y tres años después fue condenado a 1.920 años de prisión por el atentado de Madrid. Fue excarcelado en agosto de 2018 tras pasar más de 30 años en la cárcel en Francia y en España.

‘La Tigresa’ fue condenada a más de 2.000 años de cárcel por más de una veintena de asesinatos. Salió de la cárcel en junio de 2017 tras cumplir 23 años en prisión. En 2010 se acogió a la vía Nanclares (arrepentidos que se han desvinculados de ETA) pero el juez le denegó los permisos de salida ya que ella solo reconoció dos de los 23 asesinatos que se le atribuía, y que los justificaba diciendo que se trataban de traficantes de drogas y miembros del GAL. En abril de 2016 consiguió un permiso de tres días en el que declaró que las muertes del ‘comando Madrid’ le dolían «en los más profundo del alma y aún más por no haber podido hacer nada por evitarlas: «Yo tan solo tenía 20 años y aún así me jugué la vida en ese intento».

Aunque estos dos fueron los principales ejecutores del atentado, antes ya fueron condenados Troitiño, de Juana Chaos, Nieto, Gamboa y del Río. Iñaki de Juana Chaos abandonó la cárcel en febrero de 2005 tras permanecer dieciocho años en prisión. Fue condenado a 2.995 años por once atentados que costaron la vida a 25 personas pero las redenciones automáticas (reducción de condena si se cumplen una serie de requisitos) aplicadas tras matricularse en un curso universitario hicieron que no tuviera que pasar el máximo de 30 años en prisión. Un mes antes de participar en el atentado en República Dominicana asesinó al comandante Ricardo Saenz de Ynestrillas, al teniente coronel Carlos Besteiro y al soldado Francisco Casillas, ametrallando el vehículo en el que viajaban, y también había intentado atentar contra el exfiscal general del Estado Luis Antonio Burón Barba y el expresidente del Tribunal Supremo Antonio Hernández Gil, hechos por los que también fue condenado.

Antonio Troitiño fue condenado a 2.500 años de cárcel no solo por el atentado en República Dominicana sino también por participar en el asesinato contra el comandante Saenz de Ynestrillas, por acciones contra miembros de la Guardia Civil en Madrid y por intentar atentar contra el Fiscal General del Estado, Luis Antonio Burón Barba. En abril 2011 fue puesto en libertad tras 24 años en prisión, pero poco después la Audiencia Nacional ordenó de nuevo su detención tras detectar que había contabilizado mal sus años en prisión. Troitiño se había fugado a Reino Unido y hasta 2017 no fue extraditado a España, donde solo pudo ser condenado por integración a organización terrorista. Finalmente, en mayo de ese mismo año ingresó en la prisión madrileña de Soto del Real, donde permanecerá previsiblemente hasta 2024.

Inés del Río fue condenada a 3.828 de prisión por un total de 24 asesinatos y aunque su salida estaba prevista para 2017, la acabó abandonando en 2013. Este cambio se debe a que se le aplicó la ‘doctrina Parot’, una política penitenciaria que pretendía alargar la estancia de los etarras en la cárcel, pero al ser anulada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en 2013 salieron de prisión.

Esteban Esteban Nieto fue detenido en 1897 y condenado a más de 2.500 años de cárcel (410 por el atentado en República Dominicana). Le concedieron la libertad provisional en abril de 1999 por razones humanitarias (sufría un cáncer de hígado) y cinco meses después murió.

Por su parte Juan Manuel Soares Gamboa fue uno de los etarras arrepentidos que, tras trasladarse a República Dominicana, en 1995 volvió a España voluntariamente para entregarse a la Justicia. Fue condenado a 1.401 años por el atentado en la plaza de República Dominicana de Madrid y, junto a Antonio Troitiño, es uno de los condenados que sigue aún en prisión. Soares llegó a publicar un comunicado desde la cárcel bajo el título «Agur ETA» en el que afirmaba que lo «mejor» que podía ocurrir era que ETA desapareciera y mandó este mensaje a la banda: «Habéis conseguido acumular más odio en 12 días que en 38 años (…) Vamos a ir a por vosotros, con la ley, pero a por vosotros. Han caído muchos tabúes y miedos en Euskal Herria y en España».

A algunos de estos condenados, como es el caso de ‘La Tigresa’, se le embargaron bienes en 2018 dentro de la operación ‘Zerga’ para saldar sus deudas contraídas con el Estado y con las víctimas. En total se intervinieron numerosos bienes muebles e inmuebles de más de 50 condenados por terrorismo relacionados con ETA para una deuda total que alcanzaría los 8 millones de euros.

Fotografía de Europa Press

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