«Salamanca, una ciudad para viejos…» y tan panchos

Entre primos anda el juego de política y toros

FuenteLuis Falcão | @luischiado
Puesta de largo de José Luis Mateos. Posando en el claustro de Fonseca con la ministra Magdalena Valerio, Luis Tudanca, la delegada Virgina Barcones, la sudelegada y Pablos./ FALCAO

El PSOE, tanto en su amplitud regional, como local o provincial, ya está en plena campaña electoral. Eso sí, sin pedir el voto directamente, faltaría más. La maquinaria electoral en estas tierras castellanas y leonesas -ay, el Reino de León– está más que engrasada con una capitana al frente, y encima de armas tomar dentro de su gran corazón, Ana Sánchez. Los socialistas, visto lo visto, se han apuntado a esa expresión pugilística -porque la contienda electoral es más que una simple batalla- de ‘quien da primero da dos veces’. Mientras ellos se recorren la geografía con pseudo mitines, ahora se llama presentación de candidatos, los demás andan, unos viviendo una realidad paralela, otros aún no saben si son, y otros intentando coser donde solo hay rotos. Esa es la realidad.

En esta ocasión le tocó el turno a Salamanca capital, días atrás fue en Ciudad Rodrigo en la presentación del actual alcalde Juan Tomás Muñoz, con la presencia del ministro de Cultura, y, claro, también Luis Tudanca, el burgalés que cual El Cid Campeador busca reconquistar los territorios cidianos, perdidos hace más de 30 años en la defenestración de un presidente legítimo por intereses y acusaciones que luego fueron falsas. Cosas de aquellos años del jefe nacional José María Aznar.

En la Salamanca, que dicen de la cultura, pero ahora el ex alcalde Jesús Málaga la tilda de ‘ciudad para viejos’ -casi ná, don Jesús- José Luis Mateos, el candidato, delfín o cachorro de Fernando Pablos -tienen parecer, dicen, en el habla y los gestos- o, quién sabe, quizás con personalidad fuerte para volar solo, que la tiene, se presentó como candidato del PSOE a la Alcaldía de Salamanca. Bien arropado, no se quejará, por Luis Tudanca, la ministra Magdalena Valerio, Virginia Barcones, amplia representación de la Salamanca sindical, empresaril y universitaria y, cómo no, por Fernando Pablos, su principal valedor e impulsor. Una suerte echada a partes iguales.

Firme, convincente y con el discurso bien aprendido. Además, Mateos goza de la sapiencia de haber estado ya ocho años como concejal de la oposición -ay, la historia que espera no repetirse- y de ellos tres como portavoz del Grupo Socialista. Ello ha sido, opina y cree, bagaje suficiente para saber qué existe entre las bambalinas municipales. Y, lo esencial, según desgranó en su discurso, conocimiento de las necesidades, que son muchas, de la ciudad.

Un público entregado, en su mayoría fiel a la actual dirección provincial. Se dejaron ver candidatos de otros municipios de la provincia, caso de Juan Tomás Muñoz de Ciudad Rodrigo, Carmen Ávila de Peñaranda de Bracamonte, o Carlos Perelétegui, que se estrenaba en estas lides ya como candidato oficial en Villamayor de Armuña.

Llamó mucho la atención la ausencia de destacados y cualificados militantes del PSOE de Salamanca. Sobre todo sí se comentó la no asistencia de todo el sector de lo que se le conoce como ‘meleristas’. ¿Una herida que aún continua abierta? Y, además, un sector muy afin a Luis Tudanca y todos ellos reconocidos ‘sanchistas’. Pues ni con esas, ni con la presencia del mismo Tudanca y de una ministra de las fieles de Pedro Sánchez, que por allí no apareció ni la sombra del Tato.

Duro, muy duro el discurso de Jesús Málaga desde el conocimiento de quien puso en la modernidad a Salamanca desde el año 1979-1987 y, tras perder frente al popular Fernando Fernández de Trocóniz, regresó a la Alcaldía en 1991 hasta 1995 en que comenzó una serie de ininterrumpidas mayorías absotas del PP con Julián Lanzarote que renovaba una vez tras otra su absolutismo en 1999, 2003 y 2007. Ya en 2011 fue sustituido -casi apartado- por otra mayoría absoluta de Alfonso Fernández Mañueco, que perdió de manera estrepitosa en su segunda concurrencia, pasando de 18 concejales a 12 -perdiendo por primera vez ese absolutismo en la capital- teniendo que pactar con Ciudadanos -partido emergente- un acuerdo de gobernabilidad.

Jesús Málaga habló de una ciudad para viejos, una ciudad que se está convirtiendo en un geriátrico. Una ciudad que camina hacia atrás. Y la receta que lanzó al joven Mateos, «dejar de ser una ciudad de monumentos para convertirse en una ciudad monumental». He ahí el reto.

Después llegó Tudanca repartiendo también estopa, como dicen los jóvenes, hablando de corrupción, cortijos, banderas, y ruido, mucho ruido, como la canción de Sabina. Pero Tudanca, que de esto ya está también baqueteado, es amigo de Don Quijote como buen lector, por eso hace suya la frase «Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos». Y don Luis siguió en las suyas, y más cuando habló de esa «maldición de los vicepresidentes de la Junta de Castilla y León». Unos imputados, otros condenados y otros… bueno que se les acabó Gibraltar y ahora tienen el discurso de la caza y los toros. Mientras unos piden Sanidad –ya se sabe que los rojos son unos eternos disconformes, tía Felisa– otros pasean por los campos cerealistas de liebres y galgos. Ay que risa, tía Felisa, se te nota en el azul de la sonrisa… No lo escribe este periodista, lo cantaba Víctor Manuel, ay!

Y entre discursos y discursos. Homenajes y recuerdos como a Pepita Mena, la madre coraje de San José, y con las palabras de la amiga María La Brava -nunca sumisa- que asegura que con ella, de momento, mutis por el foro, el acto de puesta de largo y en sociedad -como aquellos tiempos de naftalina- de José Luis Mateos no daba más de sí, salvo los besos, muchos besos, con los oradores. Mientras,  las campanas de Fonseca daban las dos de la tarde.

Entre muros de silencio del arzobispo, claustros de mil felonías y rincones de otras tantas conspiraciones, resonaba en el colegio la voz de Don Quijote, a lomos de Rocinante y cual caballero de la ardiente espada que «cortaba como una navaja y no había armadura, por fuerte y encantada que fuese, que se le parase delante», que habla a su fiel escudero, «Sancho, si los perros ladran es señal de que avanzamos», ay!

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