Devoción y dolor bajo el manto de La Soledad

Miles de zamoranos acompañan a la Virgen de La Soledad en su recorrido por las calles de la ciudad

Oscuridad, riguroso luto, dolor, desconsuelo y lágrimas. Así se presentaba el hermoso rostro de La Virgen de La Soledad en el día de hoy en la Iglesia de San Juan. Miles de mujeres estaban preparadas en la tarde noche del Sábado Santo para acompañar a la Virgen de La Soledad, una de las devociones más queridas de la ciudad, con velas encendidas mientras la ciudad se echaba a las calles impaciente para ver su humilde y digno luto a su paso.

El hermoso y doloroso rostro de la Virgen es sin duda, uno de los rostros más característicos de la madre de todos los zamoranos amantes de la Semana Santa, la del manto opaco y de expresión rota. Por ello, este desfile procesional ha echado a miles de personas a las calles de la capital para contemplar desde las aceras o balcones el paso de La Soledad por las calles de la ciudad.

Sola, de sencillo luto y humilde corona, se puso en pie para recoger las oraciones de todos los zamoranos. Este, es el momento reservado para la más zamorana de las madres, la que lleva el dolor del Sábado Santo, víspera de la alegría de la Resurrección.

Sones del Himno Nacional para continuar con la Banda de Cornetas y Tambores de Jesús Nazareno, seguida de la cruz guía y el estandarte, así como una escuadra de la Policía Municipal que ostenta el título de escolta de honor también han acompañado entre las mujeres a la madre de los zamoranos.

Y es que, la ‘Virgen de la Soledad’ es de tamaño natural, fue tallada en madera de pino por el imaginero zamorano Ramón Álvarez por encargo de Joaquín Muñiz Arribas que la donó a la Cofradía de Jesús Nazareno, saliendo por primera vez en 1886. Es costumbre vestirla el Viernes Santo con manto de terciopelo negro bordado, túnica del mismo color y toca blanca, mientras que el Sábado Santo luce ajuar de tela que acentúa su realismo; su cabeza se toca con una sencilla corona de oro, plata, platino y piedras preciosas.

Para finalizar su recorrido y mostrar su dolor y devoción a todos los zamoranos llega el momento más emblemático y emotivo del Sábado Santo, el momento de entonar en la Plaza Mayor y ante una amplio público La Salve. Un momento único, que cierra el momento de pasión y dolor para dar inicio a la alegría del Domingo de Resurrección.

Fotos y vídeos: Víctor Rodríguez Alonso

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