Numerosos laicos y consagrados acuden a la Misa Crismal

Esta mañana se ha celebrado la Misa Crismal en la Catedral de Zamora. El obispo ha animado a los sacerdotes a vivir su ministerio con alegría y esperanza

Esta mañana la Catedral de Zamora ha acogido la Misa Crismal, presidida por el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, y concelebrada por la mayor parte del clero de la Iglesia local, además de otros sacerdotes que están de visita o pasan unos días por la zona. Numerosos laicos y consagrados venidos de distintos puntos de la geografía diocesana han participado en la primera Misa del Jueves Santo, trasladada en Zamora al día anterior para facilitar la asistencia.

En su homilía, el obispo ha comenzado recordando “el templo abarrotado de gente joven” unas horas antes con motivo del L aniversario de la Hermandad Penitencial de las Siete Palabras. “Quisieron celebrar su efeméride en esta iglesia madre de toda la Diócesis”, ha señalado, aludiendo al silencio que reinó en la meditación de las siete palabras de Cristo al acabar la eucaristía a medianoche. Monseñor Martínez Sacristán ha declarado sentirse “gozoso de tener delante a toda esa gente que el Señor pone a nuestro lado y que a veces no reparamos en ellos, pero están ahí”.

La predicación ha ido dirigida, sobre todo a los curas, “ministros del Señor, sacerdotes de nuestro Dios. Venís a concelebrar con el obispo en este rito que nos hace redescubrir lo que somos, lo que estamos llamados a ser y para quién somos: ministros del Señor para ese pueblo que ayer llenaba la Catedral a medianoche”.

Para eso, ha señalado, “hemos sido ungidos, marcados, sellados por el Espíritu Santo, con su fuerza. El Santo Crisma con el que fuimos ungidos el día de nuestra ordenación, junto a la imposición de las manos, nos recuerdan nuestra condición de elegidos para, separados para, conducidos para una tarea ministerial que sólo Dios sabe lo que puede dar de sí. Tenemos que dejar que sea Dios el que produzca en nosotros los frutos. Él nos llama amigos”.

Por estas razones, ha cuestionado el obispo a los sacerdotes, “¿no tiene que estar vuestro corazón lleno de gozo al sentir y al revivir en vosotros estas cosas?”. Para eso es la Misa Crismal, “para que sintáis el efecto de estar en comunión con el obispo y, desde él, con Jesucristo. Para ser pescadores de hombres, misioneros, discípulos queridos y predilectos del Señor”.

Además, ha añadido, “deseo pedir por todos y cada uno de vosotros, para que Dios os llene el corazón de vida. Para que en las dificultades veáis luz, fuerza, esperanza, posibilidad… La comunión entre vosotros os hará dichosos y felices”. Porque la realidad es que “somos menos que cuando yo vine a Zamora, y debemos asumirlo”.

En cuanto a la situación de escasez del clero, monseñor Martínez Sacristán ha explicado que “igual que la gente vive la mengua de esta provincia, su escasez y pobreza, también la Iglesia, los sacerdotes y las parroquias lo están experimentando”. Por eso ha mostrado su deseo a los curas de “que en este día gocéis fuertemente del Señor, y que Él os conceda la dicha de sentiros apóstoles suyos en medio del mundo”. Y se ha dirigido a todos los presentes diciéndoles: “vivid unidos a los sacerdotes, rezad pro los sacerdotes, ayudad a los sacerdotes”.

Tras la homilía, los sacerdotes presentes han renovado las promesas del día de su ordenación presbiteral, respondiendo por tres veces “Sí, quiero” a las preguntas del obispo. Después, diversos representantes del pueblo de Dios se han acercado al altar desde el coro de la Catedral para presentar, por este orden, el óleo para los enfermos, el óleo para los catecúmenos y el óleo para elaborar el Santo Crisma. A continuación, el obispo ha bendecido los dos primeros y ha consagrado el Crisma con la participación del clero.

 

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