Cien sacerdotes concelebran la misa de San Juan de Ávila

El obispo de Zamora a los sacerdotes: “Consumid vuestra vida para el Señor”

Esta mañana se ha celebrado en Zamora la Jornada Sacerdotal, con motivo de la memoria litúrgica de San Juan de Ávila, patrono del clero secular español. Un centenar de sacerdotes han concelebrado la Misa festiva presidida por el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, en la iglesia de San Andrés.

Este año son trece los sacerdotes de la Diócesis que celebran sus aniversarios de ordenación presbiteral: ocho de ellos cumplen sus Bodas de Diamante (60 años, ordenados en 1956), dos las Bodas de Oro (50 años, ordenados en 1966), y tres las Bodas de Plata (25 años, ordenados en 1991).

Palabras al clero

En su homilía, el prelado destacó la figura del santo patrono de los sacerdotes, motivo para “hacer recuento de nuestra vida: los que hacéis años, más y mejor todavía que los demás”. En una doble vía: “poner en manos de Dios nuestra vida y darle gracias por su infinita misericordia”. Porque “nuestra vida tiene sentido cuando es mirada desde Dios, con Dios y para Dios. Son realidades que perforan nuestra existencia y la hacen agradable a los ojos de Dios”.

Monseñor Martínez Sacristán dijo a los curas que cumplen sus aniversarios de ordenación: “bendito sea Dios, que os mantiene tantos años en su presencia, algunos casi como cuando estaban plenamente dedicados al ministerio. Sois ejemplo para mí, siempre, y sois memoria de lo que en la Iglesia es imperecedero, como el ministerio apostólico”. Porque “a fuerza de ser humanos hemos dejado de ser divinos. Nuestro ministerio es para siempre”.

En diálogo con algunos de los sacerdotes jubilares, fue repasando el valor de su vida “para ser testificantes”. Y les exhortó: “consumid vuestro tiempo para el Señor, consumid vuestra vida junto a Él, dad todo lo que se necesite recibir de vosotros. Es una gracia del Señor no tener que exigiros más de lo que dais, porque lo dais”. A los más jóvenes, los que cumplen sus Bodas de Plata, les dijo que “es una carga que tenéis que llevar por encima de todos, aguantando el tiempo bueno y el malo. Si entendéis bien la expresión, sois como los ‘burros de carga’, y os toca sufrir, aceptar, aguantar, porque se os pide más y más”.

El obispo mostró su alegría por “ver a los sacerdotes que celebran su fiesta, que es celebrar su vida dedicada a Dios. No celebran ni recuerdan los actos que han hecho, sino su vida completa con Dios, para Dios”.

Un nuevo acólito y lector

Después, al final de la homilía, monseñor Martínez Sacristán se dirigió a Agustín Crespo Casado, seminarista diocesano de los últimos cursos, a quien acto seguido instituyó acólito y lector: “hoy la Iglesia deposita en tu tierra una semilla, para que dé fruto y llegue a crecer y hacerse grande”, y recordó las raíces de su fe y de su vida cristiana, en la parroquia de Villalube.

Le invitó al seminarista a ser “fiel a la Palabra de Dios y, cuando la proclames, sea expresión de lo que vives”. También le exhortó a “servir al altar del Señor”. Son éstas las dos funciones del acólito y lector. “Permanece siempre fiel a la Iglesia, que es la única que existe, que es la tuya, la de Zamora. Permanece fiel a esta Iglesia que será tu padre, tu madre, tu casa, tu mesa… que te recogerá cuando estés enfermo, que te ayudará cuando no puedas… Sirve a la Iglesia de Zamora con todo tu corazón”, le dijo.

Después de la homilía tuvo lugar el rito de institución de acólito y lector. Agustín Crespo se acercó a la sede y, puesto de rodillas ante el obispo, recibió una oración de bendición, y se le hizo entrega del Leccionario, el libro de la Palabra de Dios. A continuación, una nueva bendición para el desempeño del ministerio de acólito, y la entrega de la patena con el pan para servir el altar.

El doble ministerio de acólito y lector, después de la reforma del Concilio Vaticano II, se confiere a los laicos varones, y les permite proclamar la Palabra de Dios y servir el altar como una encomienda de la Iglesia, representada por el obispo. Además, como en esta ocasión, se trata de uno de los hitos en el camino de los candidatos al ministerio sacerdotal, durante su proceso formativo en el Seminario.

No hay comentarios

Dejar respuesta