Zamora consuela y arropa a Nuestra Madre

Más de 4.000 hermanos acompañan a la Virgen doliente en las últimas horas de dolor, en la incredulidad de la muerte, antes de la resurrección

La cofradía de Nuestra Madre de las Angustias era la encargada de cerrar uno de los días grandes de la Semana Santa zamorana. El desfile salía de la Iglesia de San Vicente Mártir a las once de la noche con un profundo y absoluto silencio por las calles de la capital, tan solo roto por el sonido de las campanas del barandales y los tambores, los encargados de abrir paso a la procesión.

Los cuatro mil hermanos de la Cofradía de Nuestra Madre de las Angustias, una de las cofradías más veteranas, ponían todo su consuelo y cariño hacia la Virgen doliente, Nuestra Madre como los zamoranos la llaman. Los tres pasos que conformaban esta procesión iban acompañados de una tenebrosa luz desprendida por los hachones de los hermanos vestidos con caperuz y las damas de riguroso luto.

La noche del Viernes Santo es la noche en la que los Hermanos desfilan junto a la Madre con el Hijo muerto en el regazo, una madre sin consuelo ante la muerte de su hijo. Nuestra Madre de las Angustias, la devoción histórica de Zamora, Nuestra Madre, como la llama el pueblo es acompañada por más de 4.000 hermanos, hombres y mujeres, en las últimas horas del dolor, en la incredulidad de la muerte, antes del gozo de la resurrección y de la vida.

Su acto principal fue la llegada del cortejo a la Plaza Mayor, donde el Coro Sacro Jerónimo Aguado interpretaba el Stabat Mater de Zoltan Kodaly. Posteriormente, La Virgen era despedida con el cántico de la Salve popular antes de regresar a San Vicente.

Fotografías y vídeo: Enrique Conde

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