El Santo Entierro entremezcla fervor, austeridad y sentido dolor en Bercianos

En la procesión la mayor parte de los cofrades visten con la túnica y el caperuz blancos con los que a su muerte piden ser enterrados

Un momento de la procesión del Santo Entierro de Bercianos de Aliste, hoy Viernes Santo en Zamora, en la que los cofrades visten con la túnica y el caperuz blancos con los que a su muerte piden ser enterrados. EFE/Mariam A. Montesinos

Fervor, misticismo, austeridad y sentido dolor se han entremezclado en la tarde del Viernes Santo en Bercianos de Aliste en una procesión del Santo Entierro que se vive con especial recogimiento en este pequeño pueblo zamorano próximo a Portugal.

El desfile procesional ha despertado el interés de numerosos turistas y visitantes, aunque, ajenos a ellos, los vecinos y descendientes de la localidad han vivido la escenificación del entierro de Cristo como lo hacían hace décadas, cuando la procesión no tenía el interés mediático y turístico actual.

El desfile, que junto al celebrado el Jueves Santo en Bercianos de Aliste está declarado Bien de Interés Cultural y fiesta de Interés Turístico Regional, ha contado con la participación de la práctica totalidad de los vecinos de esta localidad de 144 habitantes.

Del mismo modo, se han incorporado descendientes del pueblo que han emigrado a otros territorios pero que cada Semana Santa regresan para escenificar el descendimiento de Jesucristo de la cruz y el cortejo fúnebre de su entierro.

Los cofrades, que visten con la túnica y el caperuz blancos con los que a su muerte piden ser enterrados, durante la procesión del Santo Entierro de Bercianos de Aliste, hoy Viernes Santo en Zamora. EFE/Mariam A. Montesinos
Los cofrades, que visten con la túnica y el caperuz blancos con los que a su muerte piden ser enterrados, durante la procesión del Santo Entierro de Bercianos de Aliste, hoy Viernes Santo en Zamora. EFE/Mariam A. Montesinos

Ejemplo de etnografía y mantenimiento de la tradición, esta procesión ha vivido sus momentos de capa caída a principios de los años noventa, cuando llegó a contar con sólo cuarenta cofrades.

El resurgimiento vivido posteriormente ha hecho que en la actualidad se contabilicen unos 240 cofrades, según ha precisado el alcalde y presidente de la cofradía, Fernando González.

La procesión se ha iniciado con el rito del Sermón del Descendimiento, al que se ha dado lectura mientras se ha escenificado al desclavar, quitar la corona de espinas y bajar de la cruz a un cristo articulado que posteriormente es colocado en una urna para el cortejo fúnebre.

En la procesión la mayor parte de los cofrades visten con la túnica y el caperuz blancos con los que a su muerte piden ser enterrados, de ahí que popularmente se mencione que son amortajados con la vestimenta procesional.

Algunos cofrades, los que son nuevos, enviudados y algunos de mayor edad a los que les molesta el caperuz, sustituyen el traje procesional por una capa parda alistana, una indumentaria de abrigo de origen pastoril típica de la zona que también es utilizada en la procesión del Jueves Santo en Bercianos.

El cortejo fúnebre ha llegado hasta el monte del Calvario situado a las afueras de la localidad, donde se ha entonado el canto de las cinco llagas para, al regreso, cantar también el Miserere, los hombres en latín y las mujeres en castellano.

En la comitiva van primero los cofrades con el traje blanco, de los que uno arrastra una cruz de madera y otros cargan con la urna con el Cristo muerto, luego los mozos vestidos de soldados y tras ellos los que desfilan con las capas pardas, para cerrar la procesión las mujeres junto a una talla de la Virgen Dolorosa.

Una ceremonia que, debido a la confluencia de sentimiento y sinceridad de la recreación del entierro de Cristo, sea de las más apreciadas de la Semana Santa de la provincia de Zamora.

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