El Miserere lleva al éxtasis a miles de personas en la Plaza de Viriato

El momento más esperado de la noche del Jueves Santo emociona un año más al paso del Yacente

La noche cerrada ha caído hace horas sobre la urbe medieval de Zamora, y miles de devotos se hacinan en la Plaza de Viriato para presenciar el momento mágico por excelencia de la Semana Santa de Zamora. Unos minutos, apenas un instante, de canto celestial, entonado por dos centenares de voces monacales que han contribuido a elevar la Pasión de Zamora a los altares de la fama.

No cabe un alma sobre el suelo empedrado de la plaza, feudo del héroe luso Viriato, cuando los hermanos penitentes de Jesús Yacente comienzan a llegar al recinto. Lentamente van rodeando por los cuatro costados el perímetro de la plaza, flanqueada por el palacio y la iglesia de la Encarnación, la sede de Cáritas, el Parador de los Condes de Alba y Aliste y el nuevo edificio de las Arcadas de la Diputación.

A pesar de la concurrencia reina el silencio, mientras los hachones de llamas rojas van rasgando la oscuridad con el caminar de los hermanos sobre espartanas sandalias. En ese preciso instante descubrimos, bajo la tímida luz de las velas, el inmaculado coro bajo el cielo tupido de ramas que a lo largo de decenios se ha ido entretejiendo en la plaza de Viriato.

Y entonces se rompe el silencio, y el alma se encoge y brota la emoción: ‘Miserere mei Deus, secundum magnam, misericordiam tuam…’, este momento único, tan esperado, se ha convertido en uno de los hitos de la celebración de la Pasión zamorana, y constituye el acto central de la procesión de la Penitente Hermandad de Jesús Yacente. El éxtasis eleva a los cielos a los miles de presentes, dejándose llevar por las voces ingrávidas que entonan el Miserere, mientras avanza la imagen mortecina de Cristo Yacente.

Han transcurrido más de 60 años desde que el coro, dirigido por Jerónimo Aguado durante medio siglo, entonara por primera vez el Miserere, obra del Padre Alcácer, allá por 1953. Desde entonces, el coro ha crecido paralelamente a su fama internacional, y ha pasado de 16 cantores a 200.

El cansancio y la larga espera se han visto recompensados. La noche más larga de la Semana Santa de Zamora continúa, y el Yacente prosigue su peregrinar por las calles viejas de la ciudad.

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