Yugos y rejas de arado para escenificar la Pasión en la Tercera Caída

Uno de los momentos que mayor atención concita de esta procesión es la llegada a la Plaza Mayor, donde se canta la marcha fúnebre "La muerte no es el final"

zamora semana santa tercera caidaIMG_2960Material de labranza como unos yugos convertidos en una cruz o unas rejas de arado transformadas en una pesada corona de espinas dotan de un simbolismo especial vinculado al campo a la escenificación de la Pasión que esta tarde ha revivido en Zamora la procesión de la Tercera Caída.

El desfile ha partido de la iglesia de San Lázaro pasadas las ocho y media de la tarde para desarrollar en la Plaza Mayor su acto culmen y concluir en el Museo de Semana Santa de la ciudad, la única española cuya celebración de la Pasión está declarada a la vez de Interés Turístico Internacional y Bien de Interés Cultural.

Esta hermandad zamorana, conocida popularmente como la de los excombatientes por el contexto de su fundación en el año 1942, ha enriquecido su estética procesional gracias a las donaciones realizadas por el escultor local José Luis Alonso Coomonte.

Este artista, que ayer recibió el premio Barandales de Honor, la más alta distinción de la Semana Santa zamorana por su contribución al desfile de la Tercera Caída, ha firmado tanto la Cruz de Yugos como la Corona de Espinas, dos de los elementos más simbólicos que procesionan la tarde del Lunes Santo.

La primera es una cruz realizada con yugos atados entre sí con las correas de los bueyes, que figura entre la quincena de cruces procesionales donadas por Coomonte a la cofradía para que se muestren en la parte inicial del desfile.

También es autor de una pequeña cruz de raíz de membrillo que tradicionalmente porta el hermano más pequeño que participa en el desfile.

Este año el cofrade más pequeño ha sido Enzo Rogado Gallego, un bebé nacido hace tan solo dos meses, que ha desfilado al inicio del recorrido a hombros de su padre, Sergio Rogado, aunque no ha recibido esa simbólica cruz porque aún no está inscrito oficialmente ni ha completado el recorrido.

Al igual que el resto de penitentes, el pequeño Enzo ha llevado la túnica y el caperuz de tela de raso negra y la capa blanca del mismo material con el escudo de la hermandad bordado en rojo.

Tan llamativo como verle desfilar es para los turistas contemplar la Corona de Espinas forjada con más de medio centenar de rejas de arado por Coomonte, que debido a su peso deben portar en andas treinta y seis cofrades.

Por detrás de ella va la última de las quince cruces, la de yugos, y después completan el cortejo los tres grupos escultóricos de esta procesión: La Despedida de Jesús y María, Jesús en su Tercera Caída y la Virgen de la Amargura con su manto negro bordado en oro.

Uno de los momentos que mayor atención concita de esta procesión es la llegada a la Plaza Mayor, donde se desarrolla un acto de oración en recuerdo de los hermanos fallecidos y se canta la marcha fúnebre “La muerte no es el final”.

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