Mis personajes: El pintor Daniel Cabrejas

Daniel Cabrejas en su estudio de trabajo.

Peculiar donde los haya, Daniel Cabrejas es un artista comprometido con su obra. Aficionado a la pintura desde su escolaridad – “el maestro me ponía a dibujar murales y me perdía el recreo” -, nos dice un sonriente Daniel.

Luego, ya maduro y con posibles, se dedicó de pleno a la pintura en los meses invernales, a la espera del verano, para volver a la carnicería que regentaba en Oropesa. Eran los 80-90. “Ahí gané un buen dinero con cajas de miles de pesetas, incluso hice alguna inversión en la construcción; una me salió bien y la otra mal. Llegué a conocer al dueño de Marina Dors (Jesús Jer) y casi me asocio con él, pero…”

Nacido en Iscar reside en El Montico (urbanización cercana a Tordesillas) desde hace dos décadas. Allí nos recibe Cabrejas junto al amor de su vida, Carmina, con la que lleva unido más de cincuenta años. Tienen tres hijos y cuatro nietos. Ninguno de los hijos le ha salido artista. Antes de profundizar en su ajetreada vida nos acompañó hasta “su templo”, como él llama a su estudio que, tras inundarlo de trastos, obras, cacharros, piedras y cientos de fotos con personajes famosos a lo largo de los años, más parece un museo que el estudio de un pintor.

pintor-daniel-cabrejas-6“Unas 2.800 obras entre cuadros grandes, pequeños, dibujos, etc. tendré aquí metido”, nos señala Daniel cuando traspasamos un espléndido jardín rodeado de pinos. A un lado de “su templo” tiene habilitada dos casetas donde alberga ingente cantidad de pintura de distintas épocas como la colección “Exodo”, una serie de 12 obras con las que participó en la exposición Lineart 2008 en Gante (Bégica).

“Ahora la cosa se complicó con la crisis y no se vende nada”, nos cuenta Daniel, distinto a cuando bajaba con mi mujer a Marbella a exponer, en la época dorada, y me traía para casa 5 o 6 millones de pesetas. Recuerdo un año que le hice una venta a Jesús Gil de cinco cuadros a millón el cuadro”. “Pero yo soy pintor, no vendedor”, remacha Cabrejas.

Cabrejas tiene una sonrisa bonachona, es parco en palabras pero se expresa con sinceridad y enlaza una cosa con otra hasta perder el hilo. Y es que este pintor iscariense de 78 años ha tenido una vida variopinta desde que quiso ser novillero por tierras salmantinas cuando contaba 16 años. Allí “se codeó” con los Viti, El Cordobés, al que le cambió unos botos camperos a cambio de dejarle tentar una becerra, Andrés Vázquez, El Inclusero, etc. El Viola lo llamaban en su tierra.

Luego vendría una etapa de pelotari semiprofesional cuando vivía con sus padres en Iscar y se dedicaba a la agricultura familiar, hasta que decide instalarse en Valladolid montando una tienda cercana a la Avenida de Gijón. Unos años más tarde se hizo carnicero, con despacho propio, en la calle Cervantes y allí, codo con codo con Carmina, fueron alternando los viajes a Oropesa y haciendo dinerillo.

Cabrejas, con cara de picardía, nos cuenta un detalle curioso de esa época. “Puse en el periódico un anuncio con un pareado que decía: “Buen jamón Agata Lys, luego sigue la Cantudo, pero Cabrejas tiene también un jamón muy cojonudo”. “Un día – prosigue Daniel- paró un coche oficial en la puerta de la carnicería y pensé que iban a detenerme. Se bajó un señor muy trajeado que entró en la carnicería para comprar varios jamones; era el gobernador civil al que le había gustado el anuncio. Corría la década de los 70.

pintor-daniel-cabrejas-1Este es nuestro personaje, rudo pero entrañable, dadivoso y amigo de sus amigos, aunque desencantado con aquellos a los que depositó su amistad y generosidad y no le han correspondido. Sensible como artista, adora a su familia, sobre todo a Carmina, su esposa y compañera, de la que dice: “Es parte de mi obra”… y de tu vida, le replica Carmina, que participa en la conversación mientras gozamos de una excelente pitanza matancera que Carmina ha preparado con primor. “Cada año preparamos un cochino y hacemos la matanza como en el pueblo, no se me olvida el oficio”, nos dice el bueno de Daniel.

“Has puesto todo”, dice Cabrejas al despedirnos. Y es que fue tan densa y a la vez tan plácida la conversación que tuvo que recordarnos Carmina la etapa de “Modas Cristi”, en la plaza del Caño Argales. Un negocio de telas y otros artículos que regentaron ambos hasta el año 2004. “Ahí vino la explosión de mi pintura”, dice con énfasis Daniel, que cataloga su estilo como vanguardista-contemporáneo sin llegar al abstracto.

Daniel Cabrejas es autodidacta, sin pasar por San Fernando como él mismo dice sin rubor alguno, y tiene obra permanente en Miami, Nueva York y Chicago mediante 18 obras que llevó en una expedición comercial a través de la Cámara de Comercio de Valladolid. “Allí deben seguir si no las han quitado”, comenta Daniel un tanto escéptico. Un mural permanece en las Cortes de Castilla y León y cinco murales en el hall del nuevo Hospital Río Hortega. Ha hecho más de 200 exposiciones y ahora está vinculado al grupo artístico vallisoletano “Guardar como”.

Pronto espera una satisfacción por parte del consistorio tordesillano, ya que hay conversaciones con su alcalde para abrir un museo que llevará el nombre del pintor iscariense. Serán unas 200 obras las que donará Cabrejas para dotar a la iglesia de San Francisco de una gran sala expositora. “Ya que no lo han querido hacer en mi pueblo, pues lo donaré a Tordesillas”, nos dice con tristeza Daniel.

Dejamos a Carmina, que parte para Tordesillas a echar su partida de cartas con las amigas, mientras que Daniel me acompaña hasta la salida de la enorme y bien cuidada urbanización de El Montico. Yo a casa a rematar el trabajo y él a Valladolid a jugar al mus con los amigos. “De vez en cuando me llaman y pasamos un rato agradable; aquí en invierno y todo el día nos llega a aburrir, si al menos estuvieran las nietas…”. Daniel Cabrejas, genio y figura.

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