Ganar para que la tostada no caiga siempre del mismo lado

El Real Valladolid se enfrenta al Alcorcón con la necesidad de revertir una situación que casi límite, con cinco derrotas seguidas

Iban Salvador celebra su gol ante el Levante.

El pesimismo lleva un tiempo instalado en las dependencias del Estadio José Zorrilla. Un período que va más allá, mucho más, de las cinco derrotas consecutivas cosechadas por el Real Valladolid, las cuales le han dejado al borde del precipicio. La horrible última campaña y el desconcertante inicio de esta Liga 1|2|3 han permitido que cada abonado haga un hueco en su asiento al pesimismo, aunque este no cuente para un aforo que da gracias si pasa los 8.000 valientes.

La baja autoestima de la que goza el equipo es un contagio para una grada que empezó con las ilusiones renovadas por obra y gracia de Paco Herrera y del juego de su equipo, el cual si bien no enamoraba, daba buenos argumentos para creer. Y los argumentos en fútbol no son otra cosa que resultados. Dos victorias y un empate en tres complicados envites ligueros que dejaron paso a la más absoluta nada.

Tenerife, UCAM Murcia, Lugo, Huesca y Levante devolvieron a los pucelanos a la más cruda realidad. Esa en la que sino compites durante noventa minutos, te pintan la cara. Y así fue. Cero puntos de 15 posibles y el Real Valladolid instalado en la decimoctava posición con siete puntos. Esa forma que tiene el roto que puede empezar a coserse este sábado.

La visita del Alcorcón ya se presume como toda una final y todavía estamos a comienzos de octubre. Una batalla que se librará a partir de las seis de la tarde de un sábado que se prevé crucial. Porque ganar supondría permitirse el lujo de empezar a creer que los baches están para ganar fortaleza y porque una derrota supondría la oscuridad más absoluta en el imaginario blanquivioleta.

Tres goles a favor y ocho en contra en cinco partidos son el bagaje de una plantilla que lleva anhelando el sabor de la victoria desde hace poco más de un mes. Muchas cosas han pasado desde entonces y casi ninguna buena y, por ello, una victoria sería como untar mantequilla en la tostada del desayuno. El inicio de algo que puede ser maravilloso.

Algo que Paco Herrera sabe. “Un buen partido, una victoria. Es todo lo que necesitamos para dar la vuelta a la situación y creo que lo vamos a conseguir este sábado”. Así se expresó en rueda de prensa para hacer ver que cree en el equipo más que nunca, pero también para cargarse un poco más de peso a las espaldas. Porque si esa victoria no llega, habrá muchos descreídos que ya no hagan caso a sus vaticinios. Como el cuento de la oveja y el lobo.

Para lograr esos tres puntos tan necesarios como cada bocanada de aire que nos mantiene activos, el Real Valladolid llega con la pareja de centrales habitual fuera de la lista. Rafa, lesionado tres semanas, y Lichnovsky, jugándose su presencia en el mundial de Rusia 2018 con Chile, dejarán paso a Guitián y Álex Pérez.

El resto de la convocatoria será la habitual salvo la ausencia de Jaime Mata, que de su posición habitual de delantero centro pasó a la de extremo izquierda, de ahí al banquillo, y del banquillo a la grada por la sanción de dos partidos contra el Huesca por poner en duda el criterio arbitral.

El Alcorcón

Enfrente estará un Alcorcón que llega con dos puntos más, lo que permite a los alfareros estar en la decimoquinta posición tras dos victorias, tres empates y otras tantas derrotas. Los de Cosmin Contra arriban tras vencer por la mínima al Elche, lo que supuso una cápsula de moral que el técnico rumano corroboró en la previa a su viaje a Valladolid.

“Estamos cada día más fuertes”, aseguró un entrenador de los amarillos que todavía no han conseguido la victoria fuera de Santo Domingo y que llegan al Zorrilla con la intención de revertir la situación.

El estilo del club madrileño le puede venir bien al Real Valladolid, siempre y cuando consiga dominar con criterio el esférico. La Agrupación Deportiva Alcorcón es de esos que dejan jugar, que se agazapan y contraen esperando el fallo del rival para atacar a la yugular. Con rapidez y precisión, pero sin iniciativa.

El Real Valladolid tiene una oportunidad de que los aficionados comiencen a olvidar este mes horrible. Una victoria ante el Alcorcón supondría despejar un poco al pesimismo y dejar de creer en esa Ley de Murphy que últimamente tanto se prodiga en Valladolid. Esa que dice que la tostada siempre cae del lado de la mantequilla.

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