Un buzo histórico rememora en el Pisuerga el Valladolid más innovador

Recreación de la primera inmersión prolongada de la que hay constancia, que tuvo lugar en 1602

Una recreación histórica ha rememorado este domingo uno de los episodios más curiosos del pasado de Valladolid, cuando el río Pisuerga fue escenario en 1602 de la primera inmersión prolongada de un buzo. La recreación ha estado organizada por la Asociación de Amigos del Pisuerga y ha generado una gran expectación, con numeroso público tanto en la orilla del río como desde el puente de Isabel la Católica.

Aquella innovadora inmersión tuvo lugar en 1602, ante el rey Felipe III y su Corte, cuando un buzo puso en práctica el ingenio ideado por Jerónimo de Ayanz y Beamont, al que algunos se refieren como el Leonardo Da Vinci español. Este 2 de octubre de 2016 un buzo ha recuperado la esencia de aquél traje, ante la atenta mirada de los personajes históricos de la época que han ambientado la recreación.

inmersion-buzo-pisuerga-valladolid-2Jerónimo de Ayanz vivió en la calle Cadena de Valladolid, en la época de Felipe III, a donde trasladó el equipo de laboratorio y talleres que tenía en Madrid al objeto de desarrollar una serie de ensayos científicos e invenciones que pretendía presentar en la Corte vallisoletana para conseguir “el privilegio de invención”. Entre estos instrumentos inventados se encontraban: una balanza de precisión, nuevos tipos de horno que ahorraban energía…, y la máquina de vapor, además de los trajes, máscaras, fuelles y otros instrumentos que componían el equipo de un buzo y con los que un hombre podía estar por un tiempo indefinido bajo el agua.

El propio Ayanz describió el acontecimiento de la inmersión en el Pisuerga ante el rey, texto que se conserva en el Archivo de Indias, de Sevilla: “Su Majestad quiso ver lo que parecía más dificultoso, que era poder, un hombre, trabajar debajo del agua por espacio de tiempo. Así por Agosto del pasado de 1.602, fue con sus galeras, por el río de esta ciudad, al jardín de D. Antonio de Toledo, donde hubo mucha gente. Eché un hombre debajo del agua y al cabo de una hora le mandó salir Su Majestad, y, aunque respondió debajo del agua que no quería salir tan presto porque se hallaba bien, tornó su Majestad a mandarle que saliese. El cual dijo que podía estar debajo del agua todo el tiempo que pudiese sufrir y sustentar la frialdad de ella y el hambre”.

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