Aloña Alonso, primera bailarina del Ballet Nacional de España.

Hay seres humanos que caminan por la calle con la personalidad y la fortaleza de quien siempre lleva encima un peso nostálgico. Una especie de continuo echar de menos que, lejos de ser un accesorio inútil, hace que los pies solo se levanten del suelo para subir al siguiente nivel. Una buena forma de saber lo que tienen detrás, por lo que están luchando, y de no dejar que la suave brisa de las nubes nuble su mente.

Un gran ejemplo de ello es Aloña Alonso, que nació en La Seca en 1979 y desde entonces no ha dejado de luchar ni un solo día por lograr lo que tanto esfuerzo le ha costado: ser primera bailarina del Ballet Nacional de España (BNE). Un premio  que le llegó en septiembre de 2012 y por el que lleva más de treinta años sin parar, literalmente, y sin saltarse su clase diaria de clásico.

A pesar de nacer en la tierra que también alumbró a uno de los mejores futbolistas de Valladolid y declararse tan de aquí como el Pisuerga, su primer año de vida lo cumplió ya en Móstoles, localidad madrileña que vio cómo daba sus primeros pasos en la danza.

Hay un refrán que dice que no se es de donde se nace sino de donde se pace. Pues bien, eso con Alonso no funciona así, como ella misma reconoce: “En Madrid realicé mis estudios y está mi trabajo, pero el resto de mi vida está y ha estado aquí”. Una frase que lanza al aire con una seguridad que reparte entre sus ojos, de un suave pero decidido marrón, y sus palabras, siempre amables y directas.

aloña-alonsoEsta mujer, de 172 centímetros de silueta estilizada, que dejan ver que el único método del éxito que conoce es el trabajo, tiene un puesto con el que todas las bailarinas de España sueñan. Pero en ese camino hasta lo alto de la montaña hay que sudar, llorar y aprender a ser fuerte.

Aloña Alonso comenzó a bailar con tan solo cuatro años en una escuela de barrio y no ha parado hasta hoy. Ya desde bien pequeña sentía esa “inquietud de aprender a bailar”, como si hubiera nacido con un plan establecido y tan amarrado bajo el brazo que nadie pudiera echarlo abajo.

Sin haber alcanzado los dos dígitos en su edad, una profesora vio que esta chica que siempre daba clases con bailarinas más mayores tenía madera, por lo que le animó a que empezara a hacer carrera. Y Aloña, siempre dispuesta a ir más allá, decidió acabar consiguiendo tanto la titulación de danza española como la de ballet clásico.

Antes de eso, en 1993 y cuando solo tenía 14 años, firmó su primer contrato profesional con la compañía de José Antonio Ruiz para estrenar ‘Aires de Villa y Corte’ y ‘Cachorro’, con la gran Manuela Vargas como primera bailarina. Un acontecimiento que Aloña Alonso narra de una manera muy simple, como se ve la vida a través de un cinematógrafo: “Surgió la posibilidad de presentarnos a la audición y yo fui solo para probar. Al final me cogieron junto a otra compañera y acabé estrenando”. Una obra que comenzó en Sevilla pero que la llevó durante mes y medio a Buenos Aires.

Una madurez inusitada

Ese paso tan solo sería el primero de una carrera que haría su primera parada en el Ballet Nacional en 1998, para después salir en 2001 e irse a la compañía que montó Antonio Najarro -actual director del BNE-. Tras cuatro años en la Compañía Antonio Najarro, tiempo en el que Aloña Alonso recuerda que ha bailado en alguno de aquellos programas de variedades de José Luis Moreno, decide probar suerte para entrar en el BNE como solista, bajo la dirección de José Antonio Ruiz, en  2005.

Algo que consigue -como todo lo que se ha propuesto-, pero no es hasta septiembre de 2012 cuando obtiene su actual puesto de primera bailarina, ya con Antonio Najarro al frente.

Una carrera de constante pelea en la que Aloña ha tenido que demostrar estabilidad y fortaleza mental para bailar cuando su edad era para estar disfrutando de sus amigos. “De niña parece que te pierdes todo el mundo”, asegura, al tiempo que su mirada se evade en busca de esos momentos en los que quizá la soledad fue su mejor compañera.

Con 14 años estuvo obligada a hacer de la responsabilidad su hoja de ruta en un mundo en el que se sentía libre, pero preguntada por los sacrificios que ha tenido que hacer ella solo tiene palabras para los que ha realizado su familia. “Tanto mis padres como mi marido han sido muy sacrificados y siempre se lo agradeceré”, reconoce Aloña Alonso, sabedora de que sola no se llega tan lejos como ella lo ha hecho.

Aloña alonso (1)Y es que “hay que ser muy fuerte” mentalmente, porque el mundo del bailarín está lleno de zancadillas y momentos en los que el presente emborrona el futuro deseado. A Aloña le ha pasado varias veces. Destaca, sobre todo, cuando contaba con unos diez años y sus compañeras, mayores, decidieron no presentarse con ella a un examen por miedo a que influyera en su nota.

“Me dejaron sola y fue horrible”, explica justo antes de recordar que es un momento en el que apoyarse cuando alguna duda aparece. Un pensamiento -“que no se crean que voy a tirar la toalla por ellas”- que en ese momento retumbaba en su cabeza y seguro que también le ayudó cuando su carrera estaba más avanzada y se sentía frenada por decisiones de otros, a pesar de encontrarse en el momento perfecto para seguir evolucionando.

Pero ni las lesiones ni los malos momentos han conseguido romper el espíritu de Aloña Alonso, quien parece guardar bajo llave ese remedio perfecto para curar las heridas mientras llegas a tu destino. Un destino que ella ya alcanzado pero por el que sigue sacrificando su vida, como indica el hecho de que todos los días viaja desde su casa de Aldeamayor de San Martín -donde vive con su marido Francisco y su hija Manuela, que tiene dos años- hasta Madrid.

“Amo la danza y, sin duda alguna, me seguiré dedicando a ella, a inculcar ese amor y cariño tan grande”, afirma Aloña tras más de sesenta minutos de conversación en los que su café está intacto. Un mensaje que resume bien a esta bailarina que lleva a Valladolid en el corazón y para la que de momento no se ha creado nada que no pueda superar. Siempre con dedicación, siempre con el amor de quién persigue su pasión y sabe que la alcanzará tarde o temprano.

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