Fin al ‘annus horribilis’ del Real Valladolid

Los de Alberto López finalizan este sábado una de las peores temporadas que se recuerdan a orillas del Pisuerga, esa en la que se ha coqueteado con el descenso a Segunda División B.

Mojica se duele de un golpe en el partido ante el Albacete.

Lo mejor de los peores momentos es que todos tienen fin. Sea cual sea la situación hay un final que permite abrir nuevas puertas por las que dejar colarse a la esperanza, aunque esta decida luego darse media vuelta con otro portazo. Eso es lo que estará en la mente de muchos aficionados al Real Valladolid después de la funesta temporada que se ha vivido en el José Zorrilla.

Un año en el que tres entrenadores han pasado por el banquillo albivioleta y en el que el nivel de juego del equipo ha estado por debajo de lo que este club se merece, dada su historia de entidad aferrada a la Primera División. Pero con la historia, con el escudo o con los colores, no se gana a nadie. Algo que se ha comprobado esta campaña.

Todo comenzó con Gaizka Garitano en el banquillo. Un hombre que venía de descender deportivamente -aunque no en los despachos- al Eibar después de hacerle subir meteóricamente de la Segunda División B a la Primera. El nombre de Garitano era suficiente aval para tener una esperanza de que consiguiera hacer un equipo compacto, a pesar de los jugadores poco ilusionantes que se ficharon en verano.

Pero el peor inicio del equipo en mucho tiempo obligó a Carlos Suárez a prescindir de los servicios del entrenador vasco después de nueve jornadas en las que el Real Valladolid estaba en puestos de descenso a Segunda B. Tras nueve partidos, el Real Valladolid era cuarto por la cola con los nueve puntos que consiguió gracias a dos victorias y tres empates. Un arranque liguero como hacía tiempo no se vivía en la ciudad del Conde Ansurez.

La derrota en Ponferrada (3-0) o la sufrida en Palamós contra la UD Llagostera (3-1), y que a la postre le valdría la destitución a Garitano, fueron dos de los momentos más duros que dejó el equipo del de Derio. Un conjunto que ni era compacto en defensa, como se pretendía, ni dejaba buenas fases de juego en ataque. Deslavazado, desdibujado y sin una seña de identidad.

Miguel Ángel Portugal 3
Miguel Ángel Portugal en una rueda de prensa.

Tras él, llegó Miguel Ángel Portugal. El técnico burgalés puso la calma que necesitaba el equipo después de un pésimo inicio impropio de un Real Valladolid en la Liga Adelante. Y esa fue su misión inicial, la de tranquilizar al respetable y poner encima de la mesa un trabajo y metodología que hicieran volver a creer en una plantilla que hacía aguas en todas sus líneas.

Y es que, se mire por donde se mire, la plantilla ha estado realmente mal planificada, a medias entre las dificultades económicas y la falta de acierto de Braulio Vázquez a la hora de elegir hombres que defendieran al Real Valladolid. Pero esa es harina de otro costal que ya analizaremos.

El entrenador burgalés estuvo 25 partidos al frente del equipo blanquivioleta, en los que consiguió 36 puntos. Un bagaje pobre que se forjó, sobre todo, en su último mes al frente. Tan solo un punto en cinco partidos le valió la destitución.

Durante el mandato del burgalés, el Real Valladolid tuvo una imagen más definida de lo que pretendía su entrenador. Un juego elaborado, a poder ser con el balón jugado desde atrás y con mucha amplitud de campo. Algo que se pudo observar durante la buena racha de ocho encuentros sin perder hasta la derrota en casa con el Huesca. Una buena dinámica que hizo creer en la posibilidad de entrar en el playoff, pero que se esfumó rápidamente con las derrotas contra Mirandés, Leganés, Zaragoza y Osasuna.

Alberto López, y ahora ¿qué?

Esos pésimos resultados dieron con Portugal en la calle e hicieron que llegara Alberto López, previo paso de Rubén Albés como director técnico durante un par de entrenamientos. El que fuera portero de la meta de Zorrilla supo muy bien nada más llegar que la situación no estaba bien si él era el tercero en pasar por la silla de entrenador en una campaña.

Óscar marca el único gol del partido ante el Albacete.
Óscar marca el único gol del partido ante el Albacete.

Así pues, su labor ha sido la de apagafuegos durante las siete jornadas -contando esta última contra el Mallorca- en las que en Valladolid se dejaba sentir el runrún del descenso a Segunda División B. La decimoquinta plaza y los seis puntos de ventaja sobre el cuarto por la cola han hecho que no fuera hasta la anterior jornada, con el empate en Elche, cuando el Real Valladolid ha logrado la salvación matemática.

Tan solo una jornada antes del fin de liga. Demasiado apurado para un equipo que a inicio de campaña se presumía como uno de los conjuntos fuertes para pelear el ascenso directo o, al menos, entrar con holgura en el playoff.

Ni una cosa ni otra pasaron y la grada ha acabado dando las gracias por llegar al fin de nueve meses y pico en los que la pesadilla ha sido constante. De las de no dejarte dormir por las noches y levantarte sudado ante la incertidumbre que se dibujaba en tu cabeza.

Ahora ya todo ha pasado y solo queda abrir las ventanas y las puertas para que entre otro aire que haga volver a creer. Algo que parece que se van a tomar en serio en el Real Valladolid. Según afirmó la Cadena Ser, Paco Herrera es el elegido para dirigir al Real Valladolid la nueva temporada. Y también, como ha apuntado El Diario de Valladolid, la revolución que Braulio y Suárez preparan en el vestuario es de aúpa. De momento, son todo conjeturas, pero un cambio de paradigma es lo que necesita un Real Valladolid que pasa por una de las peores épocas de su historia, deportivamente y como entidad. Pero el que no crea, este no es su club.

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