El policía juzgado por revelación de secretos actuó por “celo profesional”

La Fiscalía mantiene su petición de cuatro años de prisión para el agente de la Policía Nacional que consultó matriculas para un conocido.

Juzgados de Valladolid.

El agente de la Policía Nacional de Valladolid acusado de un delito de descubrimiento y revelación de secretos por haber consultado en los archivos informáticos distintas matrículas de coches por encargo de un conocido, titular de un taller de chapa y pintura en La Cistérniga, ha alegado que accedió a las bases de datos por “celo profesional” ante la posibilidad de que el turismo por el que se interesó este último pudiera haber sido sustraído y estuviera implicado en un “ilícito penal”.

Sin embargo, la versión exculpatoria de O.L.G, con una trayectoria profesional de veinte años en el Cuerpo, sin apercibimiento alguno y con varias condecoraciones en su haber, no ha convencido al fiscal, que ha mantenido su solicitud de cuatro años de cárcel, nueve de inhabilitación y multa de 5.400 euros, así como dos años y siete meses de privación de libertad y una sanción económica de 2.700 euros para R.A.G, propietario del taller, ya cerrado, que regentaba en el Polígono de La Mora, este último en calidad de inductor y que ha compartido banquillo con el funcionario.

El policía nacional, en declaraciones recogidas por Europa Press, ha asegurado que el otro acusado, conocido de un primo suyo, también titular de un taller mecánico, le pidió ayuda ante el temor de que un Renault 19 que acababa de adquirir como vehículo de cortesía para sus clientes pudiera haber sido sustraído, ante lo cual le facilitó dos posibles matrículas del mismo -desconocía cuál de ellas era la buena- para que consultara en la aplicación informática policial su situación y posible implicación en algún hecho delictivo.

“Ni siquiera fue por hacerle un favor. Soy policía las veinticuatro horas y entendí que ante un posible ilícito penal mi obligación era colaborar”, ha declarado el agente, quien sostiene que al acceder a la base de datos con su clave y contraseña comprobó que ninguna de ambas matrículas correspondía al Renault 19 y que las mismas pertenecían a un Wolkswagen Passat y a una Renault Express, circunstancia que comunicó al otro acusado pero, como así ha precisado, sin facilitarle detalle alguno de los titulares de ambos.

El policía, adscrito al grupo de conducciones y custodias de la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana de la Comisaría de Valladolid, ha reconocido haber accedido a los datos de otros dos turismos, un Audi A-6 y una Chrysler Voyager, en el primer caso por tratarse de un vehículo “sospechoso” que apareció aparcado ante una casa abandonada en Arca Real y en el segundo por la presunta implicación del monovolumen en una maniobra irregular que el 14 de marzo de 2014 a punto estuvo de costarle la vida a él y su mujer cuando regresaban a Valladolid tras disfrutar de unas vacaciones.

“Circulábamos por la AP-6 y el conductor de un monovolumen cruzó de golpe todos los carriles para meterse a la derecha en una desviación, lo que me obligó a frenar bruscamente y al turismo que nos precedía”, han recordado tanto el policía como su mujer, quienes han coincidido al señalar que tuvieron tiempo de tomar la matrícula al vehículo infractor que a posterior consultó el agente “quizá por un exceso de celo profesional”, ha reconocido.

En todos los casos, el agente mantiene que utilizó las bases de datos para sus consultas en la creencia de que actuaba con total corrección, dentro de su cometido como defensor de la ley, y sin facilitar a terceros información personal alguna de los titulares de los vehículos.

El dueño del taller, preso por drogas

Su testimonio ha sido corroborado por el otro acusado, R.A.G, quien ha indicado que coincidió “casualmente” con el policía en el taller de un primo de éste y fue entonces cuando le pidió auxilio al echar en falta uno de sus coches de cortesía.

“No estaba seguro de si lo habían sustraído o lo habíamos dejado a un cliente”, ha explicado R.A.G, quien asegura que pretendía saber la situación del coche para presentar la oportuna denuncia y evitar posibles responsabilidades en el supuesto de que el Renault 19 pudiera haber sido utilizado para cometer algún delito.

Se da la circunstancia de que la tarea encomendada al policía por parte del dueño del taller salió finalmente a relucir en el transcurso de una investigación policial seguida contra este último por tráfico de drogas, con el apoyo de ‘pinchazos’ telefónicos, que concluyó con su detención y condena final, la misma que le mantiene actualmente entre rejas.

Sin embargo, el inspector jefe del Grupo de Estupefacientes de la Policía Nacional que realizó tal operativo ha desmarcado totalmente de estos hechos al funcionario acusado, al tiempo que ha llegado a coincidir con éste respecto de la aseveración de que “un policía lo es las veinticuatro horas del día”, en referencia a que ante las sospechas de un posible delito “no sólo se puede sino que se debe acceder a la base de datos” para realizar la pertinente consulta. “Yo lo hago, con cualquier cosa que como policía te puede llamar la atención, como sería el caso de la aparición de un coche abandonado”, ha advertido.

Ante ello, las defensas de los dos procesados han solicitado un fallo absolutorio y han apuntado que en todo caso el agente encausado habría cometido una infracción de tipo administrativo.

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