El jurado declara culpable al acusado del doble crimen de Rondilla

La fiscal pide en total 28 años de cárcel para Omar O.

El procesado junto a su abogado defensor en la Audiencia de Valladolid. (Europa Press).

El jurado ha declarado culpable de sendos delitos de homicidio a Omar O, el hombre de origen marroquí que en la madrugada del 8 de abril de 2014 acribilló a cuchilladas a su pareja, Rosa Ana Marcos, y al amigo de ésta, Fernando Legido, tras pillarlos en la cama desnudos en el domicilio que compartía la pareja en el barrio de La Rondilla de Valladolid.

En su veredicto, el jurado, por unanimidad, entiende que tanto la muerte de ella como la del amigo son constitutivas de dos delitos de homicidio, al entender que ambas víctimas tuvieron posibilidad de defenderse, al tiempo que aplican al procesado las agravantes de parentesco y de abuso de superioridad y descartan el atenuante de embriaguez.

Además, los integrantes del jurado se han mostrado en contra de aplicar al reo los beneficios de la suspensión de la condena y de que se proponga el indulto total o parcial de la misma.

Escuchado el veredicto, la fiscal del caso mantuvo invariable su petición de penas por ambos crímenes, un total de 28 años de cárcel, en concreto 15 por el de Rosa Ana y 13 por el de Fernando Legido, junto con el pago, en concepto de responsabilidad civil, de indemnizaciones por importe de 240.000 euros para los cuatro hijos de ella y de 80.000 para los padres de él.

Por su parte, las acusaciones populares ejercidas por la Asociación Clara Campoamor y la Junta de Castilla y León, que interesaban 20 años por el asesinato de Rosa Ana y doce por la de Fernando como petición principal -esta última pena sólo la pedía el letrado del colectivo-, optaron por aplicar la solicitud alternativa consistente en 15 años de cárcel por la muerte de Rosa Ana y dejar invariable la petición por la de Fernando.

En el caso de la responsabilidad civil, Clara Campoamor mantiene su solicitud de 400.000 euros para los hijos de Rosa Ana, a razón de 100.000 euros para cada uno, y otros 60.000 para la madre de la fallecida.

La defensa, que inicialmente había pedido once años y medio por el homicidio de la mujer y ocho por el de su supuesto amigo, elevó la solicitud de condena por la primera muerte a 13 años y la de él a diez, al entender que el jurado considera que en los hechos concurre el atenuante de confesión.

Durante el juicio, desarrollado en cuatro jornadas y con un ‘parón’ obligado por la súbita muerte del padre de la fiscal del caso, el procesado se presentó como un hombre absolutamente arrepentido y sin poder explicar los hechos registrados poco antes de las 05.30 horas del día de autos en el piso que compartía con su pareja, Rosa Ana Marcos, y una hija de ambos, de 4 años, en el número 2 de la calle Oración.

“¡Yo la amaba!”

“¡Yo la amaba, no sé cómo pude hacerla daño. No quiero ni acordarme. Soy un borracho que lo ha perdido todo, a su mujer y a su hija. Quiero morirme!”, reiteró Omar O. durante el interrogatorio al que fue sometido por las partes y en cuyo transcurso mantuvo que sólo recordaba vagamente que el día anterior había estado con su mujer tomando vermú durante la mañana y que el consumo de alcohol se prolongó durante el resto del día en bares de La Victoria y La Rondilla, con la incorporación más tarde de un amigo de la infancia de ella llamado Fernando Legido.

El autor de ambas muertes negó que existiera una mala relación con su pareja, pese a dos sentencias condenatorias en su contra en 2009 por delitos de violencia de género, y declaró que ambos habían estado de vacaciones en Marruecos y se encontraban “muy bien” en su relación, iniciada en 2009 y de la que habían tenido una hija, la única que vivía con ellos puesto que otros tres hijos, fruto de sendas relaciones anteriores de Rosa Ana, se hallaban al cuidado de sus respectivos padres y abuelos.

Por ello, Omar rechazó que las horas previas al doble crimen hubiera mantenido discusiones con Rosa Ana durante su periplo por distintos bares de Valladolid y repitió hasta la saciedad no recordar siquiera a fecha de hoy por qué motivo acabó esa noche en el Parque Ribera de Castilla, donde asegura que remató la jornada con una botella de vino y hachís, mientras su compañera sentimental y el amigo de ésta se fueron juntos al domicilio conyugal.

“Bebo a diario de todo, no controlo”, lamentó el procesado, que achacó a tal adicción la ‘amnesia’ esgrimida ante las preguntas de las partes respecto de qué ocurrió esa madrugada en el piso, y ello a pesar de que en su día Omar O. explicó que acabó a cuchilladas con la vida primero de Fernando Legido, al que causó 23 heridas con un cuchillo de cocina de 20 centímetros de hoja, y luego de Rosa Ana, a la que infligió hasta 34 lesiones, al acudir al inmueble y pillarlos desnudos en la cama.

“Ni siquiera sé cómo llegué a mi casa, y una vez dentro lo tengo todo muy confuso y sólo recuerdo gritos y una discusión”, indicó el acusado, que tampoco encontró una respuesta lógica a por qué en su momento alegó que había pillado a su mujer y su amigo desnudos en el lecho, cuando en el escenario de los hechos el cadáver de ella fue hallado en pijama mientras su supuesto amante vestía pantalón vaquero y camiseta.

“¡Me cago en diez, los he matado a los dos!”

Lo único que sí recordó es el momento en el que salió de la vivienda, una vez consumado el doble acuchillamiento, y el instante en el que comenzó a “aporrear” las puertas de los vecinos pidiendo que llamaran a la policía. “¡Me cago en diez, me cago en diez, los he matado a los dos, a mi mujer y a su amante!“, son las palabras que entonces pronunció y que fueron oídas por sus vecinos.

Su versión exculpatoria basada en su absoluta embriaguez, esgrimida por su defensa para atenuar las penas, fue sin embargo desmontada por los policías municipales que acudieron al escenario del doble crimen y que, de forma unánime, sostuvieron que Omar sí que “olía a alcohol” pero era plenamente consciente de lo que acababa de hacer y regía perfectamente.

Los funcionarios policiales, además, recordaron que el procesado no cesó de preguntarles cómo se encontraban las víctimas y que, tras confirmarle que ya nada se podía hacer por ellas, se mostró plenamente satisfecho. “¡Ahora sí que me he quedado agusto!”, es la frase que los agentes recuerdan que les espetó Omar O. esa madrugada.

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