Crónica de un descalabro anunciado

La derrota ante el Leganés no hizo más que confirmar la crisis anímica y de juego que sufre el conjunto de Miguel Ángel Portugal

Manu del Moral pide perdón a la afición tras el fiasco ante el Leganés. Fotografía Real Valladolid

Era, como reza el titular, la crónica de un descalabro anunciado de un Pucela que volvió a ofrecer una imagen pésima en Butarque que se suma a los malos partidos en Miranda y en casa ante el Almería.

El balance en la fase decisiva de la temporada es francamente malo en estos tres últimos partidos con un punto conseguido de nueve posibles y lo peor de todo es que al equipo se le puede ver abatido y resignado a su suerte, cuando aún restan nueve encuentros para que esta igualada y ramplona Segunda División del fútbol español llegue a su fin.

El Pucela ocupa en la actualidad la 14ª posición en la tabla clasificatoria tras 33 partidos disputados sumando 45 puntos, cuatro menos de los 49 que acumula el Alcorcón que ocupa el primero de los puestos que dan acceso a unos Playoff que se han convertido en la meta de un equipo que tendrá que mejorar mucho para lograr dicho objetivo, pese a que hasta Carlos Suárez parecía convencido el martes, en rueda de prensa, de que los de Portugal pueden jugar esa ansiada fase de ascenso.

Pese a las declaraciones del presidente y por mucho que este se empeñe en negar la mayor, el Real Valladolid, por sensaciones y estado de ánimo, se encuentra ahora mismo a años luz de la Primera División, no hay más que poner en un vídeo el partido repetido del otro día en Butarque ante un Leganés que bailó al cuadro blanquivioleta.

La mala planificación allá por el mes de agosto ha lastrado muy y mucho al equipo. Las llegadas a última hora de hombres como Tiba, Erick Moreno o Bruno Varela poco o nada han aportado a un equipo construido con pinzas, tras las marchas de pesos pesados como Marc Valiente, Jesús Rueda, Carlos Peña o en menor grado Omar, o Lluís Sastre, que no valían para este equipo y que ahora triunfan en sus nuevos destinos.

La elección del entrenador, como se ha podido comprobar con el transcurrir del año futbolístico, tampoco ha sido la acertada. Ni Gaizka Garitano primero ni Miguel Ángel Portugal después han sabido dar con la tecla para hacer que el equipo consiguiera jugar “medianamente” bien al fútbol ni mucho menos para encadenar una buena racha de resultados que diera la estabilidad que el cuadro pucelano necesita.

Y luego están los jugadores, a los que en ciertas ocasiones se les puede achacar una falta de actitud y de ganas que preocupan muy y mucho de cara al futuro a una afición abatida ante lo que está presenciando en esta infausta ya temporada.

Un futuro que parece negro a corto-medio plazo para un equipo que parece caminar sin rumbo, dando tumbos allá por donde pasa, y que no encuentra la solución para ser aquel equipo afianzado en Primera de hace unos años.

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