La Ruta del Vino Cigales, paradigma del buen hacer en enoturismo

Reconocido en el Congreso Internacional de Enoturismo (IWINETC), celebrado en Barcelona.

Uno de los viñedos de una bodega asociada a la Ruta del Vino Cigales.

La Ruta del Vino Cigales sigue dando que hablar por su buen hacer y su contribución a la mejora del turismo de Castilla y León. Un reconocimiento más que le llegó en el Congreso Internacional de Enoturismo (IWINETC), celebrado en Barcelona.

Allí, la Ruta del Vino Cigales ha sido el paradigma de Enoturismo de Castilla y León, por ser claro ejemplo de la evolución que realizan las bodegas de la industria del vino al turismo en Castilla y León, basado principalmente en la fuerte cultura del vino existente en el territorio.

El crecimiento del enoturismo como complemento al turismo rural está siendo fuerte en una región con tanta cultura e importancia económica relacionada con el vino como Castilla y León.

Las administraciones han recogido las oportunidades existentes en el sector del turismo, conectando el turismo de interior en el que Castilla y León es líder. Por ello las Rutas del Vino de Castilla y León están trabajando de forma coordinada con la Junta de Castilla y León para situar el enoturismo de Castilla y León en una posición destacada en España.

El más reciente ejemplo es la Ruta del Vino Cigales, de un territorio con una fuerte cultura del vino arraigada en el territorio que se está abriendo al enoturismo aportando las singularidades propias de la zona. Castilla y León tiene en este momento cinco Rutas del Vino certificadas, cada una de ellas representa una variedad de uvas y viñedo, recursos naturales, culturales y paisajísticos diferentes. La variedad de territorio y paisaje crea un producto enoturístico diferenciado y atractivo para el visitante.

Las bodegas de la Ruta del Vino Cigales tienen la fantástica particularidad de ser bodegas familiares, de varias generaciones, cuyas instalaciones han pasado de elaborar en bodegas subterráneas del siglo XVI la mayor parte de ellas, a la construcción de edificios prácticos y modernos, con el cambio en el utillaje industrial como lo reflejan depósitos de hormigón, cerámica o acero inoxidable, así como las bombas de trasiego o las formas de llevar el vino con las garrafas o cántaras, hasta el vino embotellado que actualmente se comercializa.

La vinculación de esta evolución histórica con las ganas de mostrarlo al turista reafirma la marca de la propia bodega y provoca un especial atractivo en la Ruta del Vino Cigales como ejemplo de esta evolución, que fue muy común en Castilla y León, y que en la zona de Cigales se ha sabido adaptar a los tiempos.

El cambio que provoca la individualidad en la competencia directa por vender vino en las bodegas, a la cooperación entre bodegas para atraer a un turista cada más diverso y especializado, crea actividades interesantes y diferenciadas apoyadas en las Oficinas de Turismo y empresas emprendedores en el territorio.

El enoturista que llega a Castilla y León y especialmente a la Ruta del Vino Cigales tiende a ser un visitante independiente. No se dispone de turismo de masas sino de un turista que quiere aprender, viene a disfrutar de experiencias nuevas y auténticas. De hecho, en la Ruta del Vino Cigales se aprenderá la cultura del vino. La filosofía de marca y bodega debe ser transmitido al visitante para que la experiencia sea total y gratificante tienen que comprar vino en la bodega y comercios y disfrutarlo en sus hogares recordando con agrado la visita.

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