Un viaje en tren rumbo a la libertad fotográfica

“Trenes y libertad” llega por primera vez a España y segunda a Europa en una exposición que trata de mostrar la obra de uno de los fotógrafos de mayor talento en Estados Unidos, Mike Brodie

Esta es la historia de un fotógrafo de vocación (aunque el propio Brodie prefiera asegurar que se trata solo de un hobby) que en 2008, cuando únicamente tenía 23 años, recibió el Premio Baum para Fotógrafos Emergentes de los Estados Unidos. La obra del de Arizona forma parte de las colecciones permanentes de varios museos de los llamados “de primera división” y no deja indiferente a ningún amante de este bello arte llamado fotografía.

Sus imágenes son perfectas en cuanto a tonalidades, encuadres, colores, contenidos y  a lo que el espíritu de la forma se refiere, con una autenticidad supina de todas sus instantáneas que no llevan ningún retoque posterior a través de Photoshop u otro programa de edición.

La fotografía como evasión

Resulta increíble adivinar el valor de la fotografía. Conseguir encontrar el sentido de la vida a través de un objetivo, viendo la misma y a la vez, una realidad diferente. Y decimos esto porque la vida de Mike Brodie no fue, ni mucho menos, sencilla. De padre conflictivo que acabó en la cárcel, pasando por una madre alcohólica y llegando hasta un abuelo que abusaba de él desde pequeño, el norteamericano encontró en la fotografía un método necesario de evasión.

Nacido en 1985, el estadounidense se encargó de narrar la vida nómada de los vagabundos juveniles estadounidenses que cruzan el país como polizones de trenes de carga. A los 17 años decidió olvidarse de su conflictiva familia y comenzó a saltar de tren en tren para cruzar su país a lo largo y ancho con el fin de inmortalizar a través de la fotografía, momentos imborrables a bordo de un tren.

Exposición de Mike Brodie: "Trenes y libertad"
Exposición de Mike Brodie: “Trenes y libertad”

Pronto, esas imágenes serán subidas por el propio Mike a las redes sociales donde tendrán una aceptación total que no gusta a su autor que termina cerrando sus perfiles en dichos dominios de Internet y aparcando la fotografía.

Dos etapas diferenciadas

La obra del de Arizona, que se puede disfrutar en la Sala de Exposiciones de San Benito hasta el próximo 17 de abril, está dividida en dos momentos que coinciden con el tipo de artilugio utilizado para llevar a cabo estas impactantes fotografías.

Desde el año 2004 hasta 2006 dispara con una Polaroid y firma como “the Polaroid Kidd” (el chico Polaroid), hasta que la marca interrumpe la fabricación de películas y Brodie opta por comprarse una Nikon F3 por 150 dólares. Más de 7.000 instantáneas en 50.000 millas, y muchas de ellas regaladas a las personas que se encarga de retratar son el legado de un privilegiado en este apasionante mundo de la fotografía.

Un estilo único

El estilo, como venimos apuntando a lo largo de este escrito, es perfecto. Los colores atractivos. La emotividad, que está muy controlada en todas y cada una de las palabras  de Mike, encuentra su mejor expresión en las fotografías de aquella experiencia que día tras día se cuenta y se desvela.

Una colección formada por pequeñas cosas y con una atmósfera llena de fatigas, riesgos, conquistas e ilusiones. Un viaje en tren rumbo a la libertad de Brodie, y también a la libertad fotográfica.

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