La imagen artística del Nazareno y el Viacrucis en el tiempo

Medio centenar de obras componen la exposición ‘Nazarenus. Símbolo, iconografía y arte del Viacrucis’ en la sala del Calderón

La exposición combina obras de diferentes tipos y épocas.

La imagen del Nazareno es la gran protagonista de la muestra ‘Nazarenus. Símbolo, iconografía y arte del Viacrucis’, que hoy se ha inaugurado en la sala de exposiciones del Teatro Calderón con medio centenar de obras, varias de ellas restauradas para la ocasión. Se trata de pinturas, tallas y dibujos procedentes de Cofradías, Parroquias, Monasterios y Museos de Valladolid.

La exposición podrá contemplarse hasta el día 3 de abril y ha sido coordinada por Alejandro Rebollo, que ha destacado el valor especial que tienen las obras restauradas, como el cuadro ‘Camino del Calvario’ de Amaro Alonso, “en el que no se veía ni la firma del autor cuando iniciamos los trabajos de recuperación y que ahora luce de manera excepcional”, ha indicado.

Desde Fernández a Rincón, Morales o Alejo de Vahía, Coxcie o Pedro de Ávila, un elenco de obras selectas junto a contemporáneos como Bellido, Toledano, Teresa Peña o Manuel Alcorlo incitan a una visita a la exposición que recorre estas imágenes religiosas desde la Edad Media y el Renacimiento, hasta el siglo XXI.

El “Vía Crucis” o Camino de la Cruz refiere las diferentes etapas y momentos vividos por Jesucristo desde el momento en que fue aprehendido hasta su crucifixión y sepultura. Se representa con una serie de imágenes de la Pasión o “Estaciones”, en total catorce, que son las comúnmente representadas aunque existen por extensión otras no tan conocidas. Esta pedagogía fue utilizada por el cristianismo a lo largo de los siglos: “per crucem ad lucem” [a través de la cruz se llega a la luz] usando la metáfora de un víaje o paso (Pascua) pasando de la experiencia del sufrimiento a la esperanza de la Resurrección.

La iconografía es muy rica en las diferentes estaciones del Vía Crucis incluyéndose por extensión el antes y el después de la Vía Dolorosa. Las visiones de A. C. Emmerich han ayudado a esta comprensión novedosa y más evangélica del Vía Crucis fijado por S. Juan Pablo II. Además modernamente el ciclo se cierra con una quinceava estación: la Resurrección del sepulcro.

En la muestra se incluyen así cinco aspectos o apartados:

– El origen del Vía Crucis (Via Christi) surge en Jerusalén a partir de la Vía Dolorosa que realizaban los peregrinos en los primeros tiempos. Ese recorrido incluía también los otros escenarios de la Pasión y Resurrección, desde Getsemaní al Gólgota y el Santo Sepulcro. En el arte ha pervivido esta visión animada con la literatura devota de Tierra Santa.

– La iconografía antes y después del Camino del Calvario (Regia Crucis: Camino Real de la Cruz) tiene en el relato de A. C. Emmerich un gran simbolismo asociado a la Pasión de Cristo: el beso de Judas, el paso del torrente Cedrón, la cárcel, el juicio y el Pretorio de Pilatos, el Ecce Homo y el Nazareno abrazado a la Cruz. A fines del s. XV proveniente del mundo germano-flamenco se extiende esta iconografía que tiene en Valladolid muestras singulares.

– El momento cumbre del Calvario (Rex Nazarenus) tiene su representación más llamativa en obras señeras de escultura y pintura del Renacimiento al Barroco (Crucificados como el del Escobar, Yacentes al estilo de Fernández, Piedades de Morales o Alejo de Vahía, el Cristo Resucitado de Rincón…)

– La devoción popular y la vivencia del Vía Crucis en la ciudad se manifiesta en los Sacromontes conventuales y en las Cofradías penitenciales a través del arte de la miniatura (cajas de pasos, maquetas, grabados y fotografías) y vestidos como el del Nazareno de la Borriquilla y el Niño Jesús de Pasión.

– Por último la interpretación moderna de artistas contemporáneos como Santiago Bellido o David Toledano, aportan su particular visión del tema en dibujos o grabados de magnífica corrección, así como la valiosa aportación de Teresa Peña y Manuel Alcorlo, obra pictórica de un cromatismo contenido y magníficamente entonado, que complementa las visiones del Víacrucis constituyendo una verdadera obra maestra proveniente de los Jesuitas de Villagarcía de Campos (Valladolid).

No hay comentarios

Dejar respuesta