Valladolid defiende la lucha feminista a ritmo de tambores reivindicativos

Cerca de un millar de personas se han concentrado hoy en una marcha por el centro de la capital del Pisuerga para reivindicar los derechos de las mujeres y clamar por la igualdad real entre géneros.

No hay mejor manera de cerrar un día de reivindicaciones que en hermandad, compartiendo ideas y lanzando proclamas al aíre, que alguien las recogerá y hará de ellas una realidad. Eso es lo que se ha vivido esta noche en el centro de Valladolid gracias a la concentración en defensa de las mujeres.

Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se ha teñido de morado desde primera hora de la mañana y con la caída del sol ha congregado a cerca de un millar de personas convocadas por la Coordinadora de Mujeres de Valladolid, que presidía la marcha con una gran pancarta en la que se leía ‘La lucha feminista es la lucha por los derechos humanos’.

Tambores y dulzainas castellanas amenizaban un recorrido que ha pasado por la calle Ferrari para dejar a la derecha a una engalanada Casa Consistorial que lucía espléndida con el purpura en los ojos. Y es que pocos de los comprometidos con la igualdad real de género se han querido perder este acto pacífico, donde las charlas distendidas se mezclaban con los eslóganes pegadizos pero no faltos de certeza.

Políticos, sindicalistas y ciudadanos de a pie han caminado al ritmo de la música y movidos por un sentimiento de “basta ya”. En pequeños  o grandes corros siempre presididos por pancartas que rezaban: “Con nuestros derechos no se juega”, “Sin igualdad no hay democracia” o “Nos queremos libres y vivas. Violencias machistas, cuestión de estado, ya”.

El distendido camino ha llevado a la marcha por la calle Santiago, para después llegar a Miguel Íscar y Teresa Gil. Tras ese recorrido, que ha finalizado en el mismo punto de comienzo, Babá Yagá realizó la performance ‘Mujer + Hombre = Igualdad’. Además, la dramaturga palentina Mercedes Herrero leyó un manifiesto en defensa de los valores feministas.

Un final de fiesta reivindicativo, donde la música y las proclamas se han mezclado con las conversaciones en las que han participado políticos de la mayoría de colores. Pero el color que importaba esta noche era el morado. Un morado que debería estar presente todos los días, y no solo el 8 de marzo. Pero paso a paso se va recorriendo el camino, o esa es la esperanza.

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