Han pasado más de 17 años desde que los conflictos armados que arrasaban el corazón de África la obligaron a abandonar su Congo natal. “En las guerras las mujeres sufrimos una doble discriminación, siempre perdemos sea cual sea el bando; en aquél conflicto armado hubo miles de violaciones, abusos sexuales masivos también a niños, y tuve que irme”, explica. Tras hacer una escala en Bélgica, llegó a Madrid, “a una estación de tren, no recuerdo a cuál de las dos, pero sí que estuve horas llorando porque no sabía dónde ir, no sabía hablar español”.

Ndongala cree que entonces la recepción a los inmigrantes en nuestro país no era tan áspera como ahora. “Un año después de llegar a España pude regular mi situación, había solicitado el asilo político y era mucho más fácil conseguirlo entonces que ahora para los inmigrantes que vienen a Europa”, apunta. Tardó en poder volver a su país, hasta que logró la protección humanitaria, desde entonces regresa cada dos años con la ONG en la que trabaja, Karibu.

Cambiar la percepción

A Nicole Ndongala le entristece la manera en la que muchas veces se percibe la llegada de inmigrantes o refugiados a Europa. “Los medios de comunicación tienen la posibilidad de ejercer una gran influencia, cambiar el tono de las noticias, porque los que mueren en los mares, los que saltan las vallas, los que desaparecen en las playas… son personas, tienen nombres y familiares, no son números; cuando se habla de esos muertos hace falta más respeto”.

Separar la historia humana individual de cada persona que se ve arrojada al abismo de abandonar un país para jugársela cruzando un mar, saltando un muro; de esas cifras globales tan frías. “Hay que conocer por qué esas personas se ven obligadas a abandonar sus países para venir a Europa, no es por placer, es por necesidad, porque sufren en sus países de origen y toman esa decisión tan difícil de arriesgar sus vidas para cruzar una frontera, para sobrevivir en los mares en busca de un futuro”.

“Hay que ponerle rostro a las frías cifras de la inmigración, hay mucha gente receptiva, pero sigue habiendo otros a los que el diferente les genera un rechazo: pero si tanto hablamos de la modernización de Europa, tenemos que ser capaces de ser más comprensivos, de tener paciencia, porque los refugiados, los inmigrantes, tenemos mucho que compartir y que aportar a las sociedades de acogida”, argumenta Ndongala con una convicción sensata.

La solución “no es fácil pero es posible, igual que los poderosos Gobiernos occidentales tienen la capacidad de potenciar guerras en África, también deben poder adoptar medidas para ayudar a los refugiados, para facilitar la vida a los inmigrantes que tienen que huir de sus países”.

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