Mis viajes por Castilla y León: Navas de Oro

Mi amigo Castellanos, además de buen aficionado taurino, es un buen gastrónomo y cultivador de amigos. Siempre busca alguna excusa para visitar a sus conocidos en el entorno de Valladolid, aunque en esta ocasión hemos alargado el viaje hasta la segoviana Navas de Oro y lo cierto es que ha merecido la pena.

Ir con Castellanos es garantía de pasarlo bien y, por supuesto, de ejercitar las leyes del buen yantar y mejor beber. De nuevo su artilugio torero causó impacto, de manera que lo hemos bautizado como “El Niño de la Tora”.

En Pucela nos recogió Eduardo Pérez, un empresario amigo de Castellanos hecho a sí mismo, que tuvo que abandonar sus estudios de Filosofía y Letras en Barcelona para hacerse cargo de la empresa familiar tras el fallecimiento de su padre; un comerciante cuellarano con un pequeño comercio de electricidad y que ahora sus hijos y nietos lo han convertido en una empresa modélica ubicada en Cuéllar (Eufon Electricidad).

Tienen diversificados los negocios, entre ellos una empresa de distribución eléctrica que suministra a las localidades del Carracillo desde principios del siglo pasado. El conglomerado de empresas aúna a unos 260 trabajadores. Carracillo, derivado del Carracielo que viene a significar camino del cielo, es una comarca natural con una producción hortofrutícola de vital importancia para Segovia.

navas-de-oro-segovia-2La localidad segoviana se enmarca en los límites de la comarca natural Tierra de Pinares, dentro de La Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar, a una hora de Valladolid por la autovía 601 que nos conduce indefectiblemente a Segovia. Navas de Oro tiene una curiosa historia que data del reinado de Alfonso X cuando este acordó unificar la localidad que estaba partida en dos por medio de una calle; una parte correspondía a Cuellar y la otra a Coca. Sus chimeneas de la época dorada de la resina resaltan en el paisaje que está rodeado de frondosos pinares.

Y en Navas de Oro nos esperaba el anfitrión: Félix Rodríguez, un comerciante de electrodomésticos con tiendas en las dos navas: la de Oro y la de la Asunción; Félix es un tipo encantador y derrocha simpatía por doquier; se le nota a distancia que ha sido vendedor nato; ahora, jubilado, anda con pleitos sin culpa alguna y tratando de remediar una sordera…y es que los años no perdonan, aunque se encuentra fenomenal en todos los aspectos…..

Luego se uniría al grupo José Antonio Tamayo que reside en Ajalvir, una población cercana a la capital de España. Tamayo es un personaje muy popular entre los taurinos porque su pasión por la Fiesta le ha llevado a ser mulillero de la plaza de toros de Las Ventas. Enjuto, con aire juvenil, vestido a la usanza y andares garbosos, podemos ver a un Tamayo feliz y desenvuelto en el paseíllo cada tarde de toros, junto a los toreros y demás personal, en la plaza más importante del mundo. Y luego aprieta la carrera al compás de sus mulillas, bien enjaezadas, agitando su varita cuando enfilan el patio de arrastre.

Pues Tamayo, gerente que fue de una empresa importante de electrodomésticos con delegación en Valladolid, es de todos nosotros conocidos; unos por el tema comercial y otros por el asunto del toro. Lo cierto es que nos deleitó hablando de su pasión por todo lo que conforma la Tauromaquia, poniéndonos al corriente de lo que se gesta en los madriles con la llegada del galo Casas. Veremos a ver, sentenció Tamayo.

navas-de-oro-segovia-5El lugar elegido por Félix para este encuentro fue el emblemático restaurante La Chuleta; local con asador, deliciosos productos y excelente personal que acabó toreando bajo las enseñanzas del improvisado profesor Tamayo y con la ayuda de la tora y los avíos que había llevado Castellanos. Todos acabamos cogiendo el capote y la muleta mostrando el “toreo” que cada uno llevamos dentro en una improvisada escuela taurina… en el propio comedor. Cosas de Castellanos y Tamayo, pero divertidas y simpáticas.

Tere y Nieves, las eficientes y simpáticas camareras del restaurante disfrutaron de lo lindo manejando unos trastos, pesadísimos para ellas, bajo el asombro de Amalio, Juan y Antonio, los propietarios del mesón que en los años 60 creara el abuelo Amalio, más conocido por “Zurraspas”, que empezó tostando y vendiendo piñones por media España, además de canastero con el mimbre que él mismo recogía, para terminar creando un asador de auténtico lujo con el mismo horno en el que tostaba los piñones.

Deliciosa tarde en Navas de Oro. Volveremos y cantaremos la coplilla de la zona que dice:

Párate y te contaré

veinticinco pueblecillos,

empezando por Mojados

y acabo en El Carracillo…

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