Una visita especial al último taller de cantería de Sepúlveda

Tienen destacadas obras fuera de Segovia, como en el monasterio de la Vid en Burgos

Del taller de los Hermanos Cristóbal Martín sale cualquier trabajo en piedra. Desde sillería para construcción, pasando por cornisas, columnas, fuentes, chimeneas, etc. Realizan todo de restauración, así como esculturas de arte funerario. Así, el presidente de la Diputación, Francisco Vázquez, ha querido conocer de cerca el trabajo de Juan Emilio, cuyo buen hacer se puede ver en muchas otras provincias españolas, especialmente Guadalajara, Madrid, Toledo, Burgos o Badajoz. El cantero y escultor habla con enorme pasión de su oficio, que heredó de su padre Juan, quien a su vez lo recibió de su abuelo Antonio y este del bisabuelo Ángel.

Resulta difícil no encontrar huella del trabajo de los Hermanos Cristóbal Martín, de Sepúlveda, en cualquier pueblo de la provincia. Ignacio y Roberto llevan la empresa de construcción, mientras que Juan Emilio se encarga del taller de cantería situado en la carretera de Urueñas. Allí trasladaron el oficio en 1992, desde los bajos de su casa familiar situada en la calle San Sebastián.

Lejos quedan aquellos cuatro talleres de cantería que Juan Emilio, de 55 años, llegó a conocer en la villa que le vio nacer. Entonces trabajaban los hermanos Barral, Juan Vicente donde está actualmente la discoteca La Violeta y la fábrica Merflor, que fue la última en cerrar ya hace bastantes años.

Cuatro generaciones de canteros, un oficio tremendamente importante para entender la actual fisonomía de Sepúlveda. “Los canteros son los que han contribuido a que la villa sea aún más bonita. Solo hay que pensar en las iglesias o en las casas blasonadas”, explica Juan Emilio, quien recuerda que la famosa piedra rosa de Sepúlveda “aguanta muy bien el viento y la lluvia. Lo único que no aguanta es la sal”.

El presidente de la Diputación no pierde la oportunidad de conocer de cerca la importante labor que a diario realizan muchos segovianos en la provincia. Juan Emilio le guió en su visita a su taller, y le explicó con detalle su trabajo, que en gran parte no ha cambiado en siglos. No es raro por lo tanto que entre las herramientas que utiliza el cantero figuren algunas con las que se dejaron la piel su bisabuelo, su abuelo o su padre.

Su trabajo es perfectamente visible en gran parte de la provincia. Así, restauraron el Arco de Ayllon, los arcos de la Judería de Sepúlveda, el castillo de Castinovo, la puerta del Alcázar el año pasado o construyeron el retablo de la iglesia de San José Obrero en la capital. Suyas son también las placas de todo el callejero de Sepúlveda y del Real Sitio de San Ildefonso, y otro tipo de señalizaciones con atriles en el nordeste de Segovia y en Tierra de Pinares.

Fuera de Segovia

También tienen destacadas obras fuera de Segovia, como en el monasterio de la Vid en Burgos o en Madrid. Las esculturas que uno puede ver en la fachada de la Catedral de la Almudena de Madrid son reproducciones suyas de la obra de Ramón Chaparro. También se puede ver su mano en la puerta de San Vicente o en el monumento a los caídos en la Aviación en el ministerio del Aire, también en la capital de España.

Su labor no ha pasado desapercibida más allá de la frontera. La televisión japonesa les dedicó un reportaje dentro de una serie titulada “Los últimos artesanos del mundo”, en el que solo otros tres españoles, además de Juan Emilio, tuvieron cabida.

Tampoco dudó el cantero sepulvedano en cruzar el charco hasta Perú y Uruguay, dentro de un proyecto de la Unión Europea. Allí enseñó el oficio a lugareños para que ejercieran después como profesores de cantería en las escuelas que la UE construyó.

No hay comentarios

Dejar respuesta