Muere el ganadero Alipio Pérez-Tabernero a los 94 años

Fallece el ganadero salmantino Alipio Pérez-Tabernero Sánchez, a los 94 años de edad.

El ganadero Alipio Pérez-Tabernero Sánchez./ Foto Glorieta Digital

El ganadero salmantino Alipio Pérez-Tabernero Sánchez ha fallecido este martes en su domicilio de la capital salmantina a los 94 años. El último gran patriarca de la ganadería de bravo de Salamanca.

El funeral tendrá lugar mañana a la una de la tarde en la iglesia de San Pablo de Salamanca y posteriormente sus cenizas serán depositadas en el cementerio de la finca de Villar de los Álamos.

Hijo del ganadero Alipio Pérez-Tabernero Sanchón, adquirió la ganadería que lleva su nombre en 1971 y en 1976 se la pasó a su hijo Alipio Pérez-Tabernero Martín.

La Unión de Criadores de Toros de Lidia ha transmitido, a través de su página web, su más sentido pésame a la familia Pérez-Tabernero, a los amigos y compañeros.
Recuerdo un artículo que publiqué allá por septiembre de 2002 en Tribuna de Salamanca

 Don Alipio

Luis Falcón

Siempre como un pincel va don Alipio. Siempre con la sonrisa a flor de piel y su mirada egregia al viento desafiando al tiempo y a la vida. Señor y caballero de la Salamanca eterna, don Alipio Pérez-Tabernero cabalga por estas calles de piedra e historia sobre su yegua torda. Regio caballero de otros tiempos. Paladín de la bravura. Ganadero y hombre, torero y aficionado. Conversador profundo. Conocedor de la tierra y de su tierra, don Alipio.

Son algunos años los que llevo de profunda amistad, nunca plena de gratitud, con don Alipio Pérez-Tabernero, el ganadero de Matilla y Coquilla y de la Virgen del Cueto. Son muchas jornadas de conversación y aprendizaje en ese ‘cossío’ de la tauromaquia más elemental y eterna. Son jornadas en Matilla disfrutando de un tentadero. Escuchando, porque su conocimiento es sabiduría, sobre el comportamiento de una becerra o el fundamento de un torero.

Don Alipio, como salido de un cuadro de El Greco más que de Julio Romero, es la sonrisa y la gratitud cincelada. La educación y la prudencia en estos tiempos de exabruptos e irresponsables. La exquisitez en el trato y el don que distingue a esas personas que son únicas por irrepetibles.

Verle pasear por la calle la Rúa y El Corrillo, la Plaza Mayor y la calle Zamora, bajar a su mesón de cada día como es El Mesón de Poeta Iglesias. Don Alipio, junto a los suyos, con su parientes Javier y Antonio y otros muchos que gustan de su amistad, saborea el fruto de la viña. Son instantes en que para todos tiene un saludo, una sonrisa, un beso, un gesto complaciente, una gratitud y, también, unas palabras plenas de sentimiento.

Es que da gusto verle, con sus 80 años y firme como una garrocha. Limpio y brillante que parece un pincel. Erguido con aires de aristócrata de aquellos tiempos. Es que da gusto verle, tan impecable con sus trajes de corte inglés, sus corbatas oscuras y sus camisas como la nieve. Es que da gusto verle…

¿Y cuando llega la Feria? El primero, sentadito en su barrera del ocho, barrunta internamente lo que está por llegar. Él, como nadie y pocos pueden igualarlo, con su gesto comedido para todos tiene un consuelo. Nunca levanta la voz porque sabe que su sabiduría puede herir. Habla bajo y poco. Escucha y aconseja. Calla, casi siempre, lo mucho que sabe y sus ojos vivarachos ven. Pero también es locuaz con sus amigos, de verbo fácil, sonrisa complaciente. Tierno y tímido, como los artistas. Pausado, como un largo natural. Templado en sus expresiones, como el maestro que lleva al toro encelado en su muleta en un natural que parece eterno. Don Alipio, hombre y señor del campo bravo. De Matilla hasta Coquilla, de La Rúa hasta La Glorieta, pasea el caballero castellano, aunque con gracia del sur.

Cuántas horas a su lado aprendiendo de toros e imaginando esa vida de antes, cuando Ordóñez y Santiago, cuando Julio y Pedro, cuando Luis Miguel y Bienvenida, cuando José María y José. Filmando la película del tiempo que pasó. Ralentizando una época que no volverá, como esa brasa que ilumina la noche junto a la chimenea de Matilla, junto a María Lourdes –su señora y ganadera– e impartiendo sapiencia a Alipio y Juan. Son tantas historias, don Alipio… Tanta historia la que desprende a su paso, con esa planta de caballero de otros tiempos. Son tantas palabras, don Alipio.

Es que da gusto verle, don Alipio. Sonriente, feliz, agradable, de trato ameno, cordial, pulcro como una patena. Es que a su paso queda la estela de un señor y caballero. Aunque, mejor, ¡torero!

TRIBUNA de Salamanca, 20 de septiembre de 2002

Descanse en paz.

 

No hay comentarios

Dejar respuesta