Don Temple Garrido

Enrique Ponce abre la Puerta Grande de Salamanca tras cortar tres orejas, Castaño y Garrido -que se llevó el peor lote, aunque hizo el mejor toreo- una cada uno.

José Garrido, en la mejor serie de toda la Feria, 'arrebujao' en el capote./ @garridojm

Una tarde de obviedades. Unas conocidas y otras a descubrir en La Glorieta. Obvio es que Enrique Ponce lleva mandando en el toreo ni se sabe la friolera de años/temporadas, conocido es que no hay nada que descubrir. Obvio es que Javier Castaño sale de un duro camino, muy duro. Un camino que solo quienes lo han pasado saben de qué va. Obvio es también que la gente agradezca su esfuerzo y su valentía para afrontar ese reto y ganarlo. Una obviedad, por descubrir en La Glorieta, es la torería, el temple y el gusto que viste a José Garrido.

Estas son las obviedades. Podemos sumar el bien presentado encierro de El Pilar, con toros de todos colores y pelajes. Obvio es que José Garrido se llevó el peor lote de la tarde. El más esperado tuvo que lidiar con dos toros que ni transmitían e incluso se caían al final de la faena -fue el caso del tercero-. Los demás, sin ser medio portentos de bravura, sí fueron nobles y al menos ‘se dejaron’. El lote de Ponce, el mejor. El de Castaño sirvió pero ahí quedó…

Grandes verónicas de Garrido
Grandes verónicas de Garrido

No es la primera vez, ni la segunda que vemos a José Garrido. Este joven pacense ofreció una clase de toreo ante un soso tercero. Todo comenzó en un quite por chicuelinas rematadas con una fabulosa media en los medios. Ahí, en ese preciso momento, el público de La Glorieta se daba cuenta de que a este chaval, del grupo de toreros emergentes, no se le debe quitar la mirada. Como si sus méritos contraídos pesasen menos que los de López Simón o Roca Rey. Claro que no cuenta con la trenza de triunfos en Madrid de Simón. Pero cuidado con el recorrido que apunta Garrido desde aquella mañana en solitario de Bilbao. Y ojo con el aldabonazo en su debú en Valencia, y rematado en Bilbao este agosto, corroborado, además, en todas las plazas de este fin de temporada.

Las embestidas de ese tercer toro, sin transmisión, con síntomas de mansedumbre, se encontraron con la cabeza clara y el toreo de escuela de Garrido. Conocimiento de terrenos, reposar la faena y la muleta intentado que el toro tomara el oxígeno que le faltaba y, además, mucha cintura para la ejecución de las series… Pero el pobre de El Pilar no daba más de sí… y se echó y ahí, es obvio, terminó todo.

Y llegó el sexto, el que prometía… pero el que poco dió. Al menos, vimos el mejor toreo de toda la feria en una larga serie de verónicas al compás del tiempo que no acababa… Una y otra, el torero ‘arrebujao’ entre el lomo del toro y capote. Era la eternidad… Era el don del temple… y qué media. El sabor ‘morantista’ en uno que llega para quedarse. Con la muleta lo intentó, buscó la faena, casi lo consigue con pases de pecho que brillaban tras las series serenas por la derecha y los vuelos de una muñeca magistral en el toreo al natural. Garrido viene ungido de temple, de tiempo, de encaje y reunión… una pena que se le rindiera el toro. Obvio es que José Garrido cayó de pié en La Glorieta, donde gustó y mucho su toreo. Oreja, no podía ser menos, Don Ramón.

Natural largo de Enrique Ponce
Natural largo de Enrique Ponce

De Enrique Ponce está todo dicho. Nada se puede decir que no se dijera. Su paso por La Glorieta en esta Feria -a pesar de los pesares de otros- supo como a despedida, sobre todo en la vuelta al ruedo al pasear las dos orejas del cuarto y el saludo final. Algo se intuía… esperemos acontecimientos. Lo cierto es que Ponce dejó en sus dos toros la tauromaquia que siempre lo ha caracterizado. De una técncia endiablada, quizás algo ventajista, pero con gusto y mucha cabeza. Ponce sabe cómo hacer y cómo hacerlo… Suerte de haberlo tenido esta tarde en Salamanca. Además, como compañero, sin igual. Qué bonitos los gestos hacia Javier Castaño, tanto en el saludo inicial al romper el paseíllo como en el brindis del primer toro como en el interés tras la cogida en el segundo del salmantino. Gracias por todo.

Ponce brindó a Castaño el primer toro de la tarde./ FIZ

Javier Castaño recibió en La Glorieta la ovación del público que siempre lo ha respestado. Guste más o guste menos, Salamanca siempre respeta y agradece. Agradecido por la valentía del hombre que se sobrepuso a la crudeza de la enfermedad. Que está aquí para hacer lo que le gusta y lo que sabe, torear. A partir de ahí, habría muchas cosas que decir, pero nos quedamos con la garra del torero, con la gallardía para hacer frente a dos animales nada fáciles. Castaño sacó, a pesar de la voltereta y el paso -efímero- por la enfermería, la raza y el orgullo que le caracterizan. En el segundo no pudo ser por la espada y por la paliza, pero en el quinto arrebató una oreja por su gallardía.

Susto de Javier Castaño al entrar a matar el segundo toro
Susto de Javier Castaño al entrar a matar el segundo toro

Visto lo visto hasta la fecha, aún seguimos sin explicarnos, Don Pablo, cómo puede ser posible que ustedes hayan dejado fuera de los carteles a toreros como José Garrido. Ahora nos explicamos, es obvio -y perdón por las obviedades- las entradas casi ridículas de una Feria barata, barata en carteles y barata en trofeos, cachis.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Salamanca. Tercera de feria. Media entrada. Toros de El Pilar, con buena presencia y de juego interesante en conjunto. José Garrido se llevó el peor lote.

Enrique Ponce, oreja tras aviso y dos orejas.

Javier Castaño, ovación tras aviso y oreja.

José Garrido, aplausos y oreja.

Se guardó un minuto de silencio en memoria de D. Alipio Pérez-Tabernero, ganadero salmantino fallecido esta mañana. Javier Castaño saludó una ovación al término del paseíllo. Se desmonteraron Antonio Chacón y Fernando Sánchez.

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