Las ganaderías de Salamanca abren sus puertas al turismo

El objetivo es que el aficionado se empape de la actividad que llevan a cabo los profesionales.

Los ganaderos salmantinos abren así sus puertas al turismo. Fotografía de archivo de un encierro en Zamora.

Algunas de las ganaderías de toro bravo de la provincia de Salamanca, conocidas por su bravura en los ruedos, abren las puertas de sus finca para que los aficionados conozcan sus quehaceres diarios.

Visitar el hogar del toro bravo es posible y, desde hace unos años, no solo se ciñe a dar una vuelta por sus fincas, también aporta valor añadido con otras posibles actividades en la jornada.

En el caso de las ganaderías salmantinas, ofrecen desde sus paquetes más básicos –que comienzan con unos precios en torno a los 20 euros y una duración aproximada de 90 minutos— hasta propuestas complementarias como paseos en ‘4×4’ o remolque por el interior de los campos, asistir a tareas como la del herradero, pasear a caballo o ser partícipe en capeas o tentaderos.

Las posibilidades para el turismo crece exponencialmente gracias a propuestas de todo tipo, que van desde conocer los entresijos de las ganaderías, que disponen ya de casas de visita e incluso museos taurinos, hasta disfrutar de la comida típica de la zona, de una jornada de caza, de piscinas o de hospedajes en casas rurales dentro de las fincas.

Algunas de estas empresas dedicadas al toro bravo disponen de precios y actividades específicas para academias con estudiantes de español en Salamanca. Incluso, no faltan aquellas que organizan bodas, lo que permite casarse y disfrutar de todo el banquete y festejo dentro del campo charro.

Sancti Spíritus, Tabera de Abajo, San Pedro del Valle, Cabeza de Diego Gómez, Anaya de Alba, Aldehuela de la Bóveda, San Pedro de Rozados, Horcajo Medianero o Ciudad Rodrigo son algunos de los términos municipales en los que sus ganaderías abren las puertas al turismo.

En estos y otros enclaves salmantinos se encuentran decenas de posibilidades para conocer al toro bravo en su hábitat, entre encinas centenarias, donde vive como uno de los emblemas de una tierra marcada por esa relación entre hombre y bravura.

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