Villarino pasea a San Roque con el sentimiento a flor de piel

Día grande en Villarino de los Aires, porque Villarino pasea a San Roque al son de pasacalles entre flores y porte tradicional con el sentimiento, el recuerdo y la emoción a flor de piel.

Villarino de los Aires pasea a San Roque por las floreadas calles

Villarino de los Aires está de fiesta, pero una fiesta, en el Día del Patrón, cargada de sentimiento, devoción, recuerdos de los amigos -sobre todo Juan Montes, el alcalde de El Bodegón– y familiares, de penitencia por el que sufre y mucha emoción. San Roque y su festividad tienen ese duende tan especial que hasta una procesión se convierte en sentimiento a flor de piel.

Las celebraciones festivas en Villarino de los Aires en sus fiestas patronales tienen cuatro componentes esenciales que conforman el tiempo de San Roque -conocido protector contra la peste nacido en 1285 en Montpélier (Francia), gran parte de las fiestas a él dedicadas tienen su origen, precisamente, en algún voto efectuado en momentos difíciles de epidemia, sobre todo entre los siglos XV y XVI, aunque está bien recordar que la peste atacó muy fuerte a este pueblo de La Ribera a finales del siglo XIX-: la procesión del Santo, las verbenas y rondas, los toros y las peñas.

Hoy, día grande local, con un sol radiante y el cielo despejado, se han celebrado los actos religiosos, que tienen su esencia tradicional en la característica procesión al mediodía, cuando revolotean las golondrias en el campanario y el pueblo huele a hierbabuena, tomillo, rosas y romero. Cientos de vecinos honran al Santo -con mayordomía a cargo de Mateo y Tere– tanto en la eucaristía, en la que no falta el cántico local, como es el ancestral ‘Kirie’ por los hombres del pueblo y la jota castellana -que no se infecte con aires rocieros, estamos en el viejo Reino de León-.

Tras la misa comienza la más intimista procesión a ritmo de gaita y tamboril, a cargo de jóvenes tamborileros locales y también Fernando, en la que, junto al Santo que ha sido bajado de su ermita en el Campo Santo, desfilan hombres y mujeres ataviados con el lujoso, preciosista y detallista traje de La Ribera -una reliquia que reposa en arcas alcanforosas-.

El paso de la procesión por las calles del pueblo retrotrae en muchos rincones a épocas pasadas. Balcones y balconadas que lucen mantones y colchas, tiestos que cuelgan como racimos coloristas en paredes y ventanas, higueras y rosales que adornan los torales, construcciones de piedra y puertas en las que se ha detenido el tiempo, mientras que asciende el aroma de la hierbabuena que se esparce por las calles junto al tomillo y los pétalos de rosa. En Villarino es un Santo, pero también se podría cantar aquello de “Barre la calle,/ Que va a pasar por ella./ Salada y ole/ Cuerpo salado déjate querer,/ Que va a pasar por ella/ Cristo y su Madre ay, ay, ay”. Es el estribillo del ‘Bolero de Algodre’, son tierras zamoranas, pero también hermanas.

Ya en la Plaza Mayor, los vecinos degustaron fresca sangría, altramuces -chochos-, aceitunas y pastas ofrecidas por el Ayuntamiento, que preside el popular Julián Martín Jiménez, como convite de San Roque.

Y esta noche espectacular verbena con la orquesta Anaconda, merece la pena, como también la Ronda de San Roque para esperar los toros, si tercia, cachis.

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