Casi una década de solidaridad y compromiso social en la Usal

La Oficina de Cooperación ha intervenido, en sus nueve años de trayectoria, en más de 20 países gracias a 42 proyectos y 113 becarios

Yo lo sé (Burkina Faso). Imagen del cooperante Ricardo Herráez

En un mundo globalizado, en el que la responsabilidad social corporativa cada vez es más indispensable, la Universidad de Salamanca no permanece ajena a los cambios sociales. Desde la docencia, la investigación y la extensión universitaria –es decir, la implicación activa de las universidades en su entorno, una función clave de las mismas- el estudio salmantino, con casi 800 años de historia, realiza una apuesta para construir un mundo mejor.

Por este motivo en 2007 se crea la Oficina de Cooperación, una estructura solidaria, integrada desde 2014 en el Servicio de Asuntos Sociales (SAS), destinada a potenciar estas iniciativas dentro de la institución académica y convertirse en plataforma para canalizar y apoyar las propuestas en la materia. La Universidad de Salamanca ofrece esta plataforma desde la que impulsar iniciativas que mejoren la sociedad en general y ofrece a toda su comunidad la posibilidad de realizar prácticas o elaborar proyectos en esta materia.

Todas estas iniciativas son posibles gracias a dos fuentes de ingresos; los fondos propios y el Fondo de Cooperación. Colaborar en el Fondo de Cooperación es muy sencillo. Se puede realizar una donación puntual o, en el caso de los estudiantes, a la hora de realizar la matrícula, existe la opción de marcar la casilla del “Euro Solidario”. Así, la matrícula valdrá un euro más que se destinará a este fondo. Asimismo, el personal de la Universidad de Salamanca, a través de la “Campaña 0,7%”, puede destinar mensualmente una parte de su nómina a este fin.

El hecho de proponer una donación del 0,7% es un guiño a los movimientos sociales que defienden que los países desarrollados destinen esa cuantía de su PIB a acciones que equilibren un poco la balanza entre el Norte y el Sur. Sin embargo, se puede decidir la cuantía mensual que se considere oportuna.

Acciones de cooperación Universitaria para el Desarrollo

Gracias a este Fondo de Cooperación, que se nutre de la buena voluntad de la comunidad universitaria, se financia íntegra y exclusivamente la convocatoria anual de ayudas para la realización de acciones de cooperación universitaria para el desarrollo.

Mediante esta iniciativa se financian proyectos de Cooperación para el Desarrollo. Cualquier miembro de la comunidad universitaria, desde personal docente e investigador hasta estudiantes o personal de administración y servicios puede presentar su propuesta, siempre que tenga una contraparte en el país de destino, un aval que represente a la parte beneficiada. Por ejemplo, en la edición del año 2015, cuya resolución se falló el pasado mes de febrero, se han concedido tres ayudas: •    Universidad Iberoamericana- UNIBE (Santo Domingo, República Dominicana). Prevención y atención de adolescentes embarazadas. Contribución a la implementación de la Unidad de atención a la violencia contra niños, niñas y adolescentes dentro del CESIC de UNIBE, en colaboración con el Hospital Materno Infantil San Lorenzo.  •    Universidad Nacional de Ingeniería (Esteli, Nicaragua). Segunda fase de la construcción e implementación de humedales artificiales para el tratamiento natural de aguas grises en comunidades rurales.  •    Campos de Refugiados (Tindouf, Argelia). Construcción de un parque de bomberos en circunstancias de post-emergencia humanitaria.

Desde la creación de la Oficina de Cooperación se han otorgado 42 ayudas a proyectos, realizados en 16 países y a los que se ha destinado un total de 237.000€. Una cifra nada desdeñable, sin duda.

Ayudas Manuel Andrés Sánchez

Por su parte, las Ayudas Manuel Andrés Sánchez se destinan a conseguir participantes para una serie de proyectos ya en marcha. A esta convocatoria, por el contrario, solamente pueden concurrir estudiantes de grado, máster y doctorado. Las plazas de cada proyecto (nueve plazas en esta edición) se ofertan para unas disciplinas concretas, con el fin de crear equipos multidisciplinares en el país de destino. De esta manera complementan su formación académica con una experiencia de cooperación en la que desarrollarán labores relacionadas con sus estudios.

Por poner un ejemplo de los perfiles que se suelen solicitar en estas ayudas, en la convocatoria de este año, a la que se han presentado alrededor de medio centenar de estudiantes, se solicitaron alumnos de disciplinas como agrarias y ambientales, arquitectura técnica, psicología o educación.

Con esta son ya nueve las ediciones de estas becas que se destinan a cubrir gastos de desplazamiento, del seguro y parte del alojamiento y la manutención, y gracias a las cuales 113 estudiantes han colaborado en proyectos de cooperación en 23 países.

9 años de “grandes historias para contar”

Este año la novedad ha sido la interconexión de ambas convocatorias. Dentro de las nueve plazas ofertadas para cooperantes, tres de ellas forman parte de los proyectos seleccionados. De esta forma se crea “una simbiosis que favorece tanto a los voluntarios, que ven aumentada la oferta, como a los técnicos responsables de los proyectos, que ven complementada la ayuda económica con recursos humanos”, tal y como explica María José Merchán, coordinadora de la Oficina de Cooperación.

El impacto de la labor desempeñada en las comunidades de acogida es clave para entender la importancia de esta iniciativa. En lo individual, estos proyectos han supuesto muchas cosas a mucha gente, tanto para los estudiantes que van, como para los habitantes que les reciben. Uno de los proyectos que destaca Merchán es  “Visión: PAWE”, mediante el que se realizaron 200 operaciones de cataratas en esta región etíope. Esta iniciativa nace de la Fundación Allegro, quienes han operado a cerca de 700 personas a lo largo de cinco campañas.  Desde la oficina, donde se realiza un seguimiento exhaustivo y personalizado de los participantes, es muy gratificante ver cómo sus becarios se adaptan y realizan su trabajo. Merchán subraya que siente “envidia sana” al ver como los alumnos se lanzan a conocer nuevas realidades, realidades que pueden plantear en estos jóvenes involucrados la posibilidad de entender la cooperación como una salida profesional.

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