Devoción y cánticos en las honras al Santísimo en Ledesma

Devoción y cánticos en las honras al Santísimo en su recorrido por la villa de Ledesma

Cinco días de gran fiesta, relax y desahogo. Eso es lo que viven los ledesminos en sus fiestas del Corpus, con una fecha principal, cuando en la jornada sacramental llevan al Santísimo en una hermosa carroza de plata para recorrer el pueblo haciendo parada en los altares callejeros.

Este jueves, que decían alumbraba más que el sol, tiene lugar la misa solemne, en la que la iglesia de Santa María la Mayor luce sus mejores galas, tanto el alumbrado, las flores y la valiosa colección de sacras que adornan el altar mayor. Como luce también la reforma del Casco Histórico, calles y fachadas renovadas por un ARI de cerca de 4 millones de euros, de los que el Ayuntamiento ha pagado cerca de 1,3 millones. Pero vale la pena visitar Ledesma restaurada, limpia y bella como uno de los más principales núcleos históricos y patrimoniales de la provincia de Salamanca. No deja de ser Conjunto Histórico Artístico.

La Villa de Ledesma vive con intensidad y devoción los actos religiosos en honor al Santísimo Sacramento al que se venera de manera especial en esta villa del Tormes. La jornada, puramente primaveral, se ofrecía para que los vecinos acudiesen en tropel a la imponente iglesia de Santa María la Mayor, que lucía sus mejores galas. Las campanas repicaban como lo hacen en días de fiesta grande.

Tamborileros Charros animaban los previos de la misa con sus charros y charradas. Las campanas seguían repicando mientras los ledesminos, y ledesminas como gusta decir ahora, llegaban al templo luciendo sus mejores galas. A la puerta del Ayuntamiento, justo enfrente de la entrada principal de la iglesia, formaban la reina, damas y acompañantes y la Corporación Municipal, con su alcalde, José Prieto, a la cabeza con su bastón de mando, que se encaminaron hasta la misa.

Una vez finalizada la eucaristía, los cohetes y las campanas de Santa María la Mayor anunciaban que el Santísimo salía de la iglesia en sus preciosistas andas plateadas, toda una joya de la orfebrería religiosa. Pendones y estandartes, cruces… todo adornaba y acompañaba al Santísimo en su paseo por las medievales calles de Ledesma.

La estampa no se encuentra en muchos lugares, ver avanzar todo el séquito por esas calles angostas, de caseríos históricos, estrechas que más parecen callejas por las que no pasa el tiempo, es un digno espectáculo para admirar los pueblos y rincones que tiene esta provincia.

Las calles olían a tomillo y romero que cubría el paso de las andas en una procesión multicolor. Pero ahí estaban, impasibles al tiempo, los típicos altares, cuatro bien adornados, donde se bendecía al Santísimo y el incienso impregnaba con su característico aroma el espacio ledesmino.

Las fiestas de Ledesma siguen su andar con un ambiente espectacular. Merece destacar el espacio de las casetas que nada tiene que envidiar al de otras ciudades -y no digo pueblos-. Las luces del ferial y el vallado para los espantos, hablan de sucesivos días de mucha fiesta, más alegría y, sobre todo, acogida a los forateros, porque Ledesma es un pueblo que siempre tiene abiertos sus brazos a los forasteros.

Espantos y pandas

Y, desde el sábado, comienzan los Corpus más paganos, los del bullicio y la diversión, los de los toros y las verbenas, los de las pandas y la buena mesa. Con la visita al ‘prao del toro’ al ritmo que marca la charanga, los vecinos comienzan sus Corpus donde todo gira en torno al toro. El domingo y el lunes, todo el ganado expuesto en el ‘prao’ protagoniza los ‘espantos’.

Este espectáculo, gratuito y animado, deja un amplio margen para la participación. No obstante, la viveza de las fiestas del Corpus son sus numerosas pandas de diversas edades.

 

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