El toro del cajón lleva un gentío delante a Vitigudino

Cientos de personas llegan a Vitigudino para disfrutar, junto a los vecinos, del segundo toro del cajón, de la ganadería de Valrubio, donado por la Asociación Taurina Villa de Vitigudino, y dos vacas regaladas por La Taberna de Willy y Encierros Infantiles Huertos.

El viajero, en este sábado de asueto, se desplazó hasta Vitigudino donde la Asociación Taurina Villa de Vitigudino donaba su segundo toro del cajón al pueblo y, de paso, abrir los factos festivos del Corpus, eso sí, bien diferenciados del programa oficial del Consistorio.

Bien pudo cotejar el viajero, una vez más, que los festejos taurinos populares tienen un poder inmenso de convocatoria, con gentes que van y vienen de un lugar a otro de toda la Comunidad Autónoma. Fueron cientos de visitantes los que en esta jornada de sábado, amenazante de tormenta y frío a última hora, se acercaron a la villa para divertirse con el toro del cajón y, cómo no, con las necesarias por comunes vacas.

Hacía tiempo que el viajero no llegaba a Vitigudino, pero sí pudo observar que la alegría, el bullicio y la jarana -ahora también con estridentes sonidos casi discotequeros- no ha mermado. Charangas de un lado y otro de la acera de Las Cuatro Calles -cachis… las distancias-, pero también en el centro de la cruz urbana para regocijo de jóvenes de fiesta.

Fue llegar al centro de la villa y encontrarse con los más pequeños imitando a los mayores. Es Encierros Infantiles Huertos quien anima con sus toros ‘fingidos’ que también ‘mean’, pero eso sí, de frente. Son esos encierros infantiles que tanto gustan a los más pequeños. Es la forma de que esta fiesta popular perdure en el tiempo. Aquí no existe maldad, ni maltrato, ni otras cosas tan de boga. Es la diversión en la calle, es la calle tomada por los ciudadanos para regocijo y ocio en sus fiestas -por cierto, lo más sagrado de todo pueblo en cuanto que es el cordón umbilical que lo une con sus ancestros-. Esperemos que de una vez por todas se den por enterados…

A las siete y media, tras un estruendo de pólvora, salió ‘Pepito’, herrado con el número 34, berrendo en colorao, con el hierro de la ganadería salmantina de Valrubio. Un toro bien hecho, con cara, presencia y, lo más importante, que ofreció el juego necesario para que los cientos de corredores pudieran divertirse. De eso se trata, correr, cortar y, al menos, no tocar al toro… Es la habilidad ante la fuerza y la bravura.

Después, donadas por La Taberna de Willy -qué gran enamorado de la fiesta- y Encierro Infantil Huertos salieron dos vacas de la ganadería charra de Eduardo Martín Cilleros. Eran las vacas ‘Candilita’ y ‘Zurdita’ que, por suerte, también tuvieron su protagonismo. Dos vacas que ofrecieron diversión, carreras y bravura.

Ahora tocan ya otras cuestiones del Corpus. Pero esas ya quedan para los señores gobernantes, cachis.

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