Primarias en el PSOE

Los partidos políticos están siendo cuestionados constantemente por su funcionamiento; la falta de transparencia, la corrupción y la forma en que se toman las decisiones son parte de sus problemas. Ante esta evidencia nos les ha quedado otra alternativa que renovarse para enfrentar los nuevos tiempos y dar más protagonismo a sus militantes en sus procesos internos.

Si bien es cierto que cada partido articula sus mecanismos de funcionamiento, es muy difícil entender un proceso interno sin un sistema de primarias que legitime a sus dirigentes. Las primarias se han convertido en su tabla de salvación para restituir la confianza de militantes y ciudadanos. Si bien las primarias son un instrumento muy útil también tienen sus inconvenientes, pero va a depender de la limpieza con la que se lleven a cabo estos procesos para dar legitimidad y credibilidad al resultado.

Si bien es cierto que hay diversidad en el modelo de primarias, coincide en todos, la dificultad de conseguir la neutralidad e imparcialidad de los aparatos de los partidos. El candidato que presenta el aparato siempre parte con ventaja, mientras que el resto de candidatos tiene que luchar contra los elementos y estar preparados para hacerles frente.

Pero aunque se dice que el aparato siempre gana, y la mayoría de las veces es cierto, se han dado casos que han desafiado a los omnipotentes aparatos, recordemos las primeras primarias que se convocaron en España en 1998 para elegir al candidato del partido socialista a la secretaria general que sustituiría a Felipe González, donde se impuso, contra todo pronóstico, Josep Borrell al candidato oficial Almunia por más de 21.000 votos. Por lo tanto, está claro que en muchas ocasiones los intereses y deseos de los militantes no coinciden con el aparato y se subestima la fuerza de sus militantes.

El partido socialista a pesar de vivir momentos de dificultad, con posiciones internas diferentes, no ha renunciado al proceso de primarias para elegir a su secretario o secretaria general, un acto de responsabilidad democrática que aplaudo. En este momento hay tres precandidatos que se presentan para liderar el partido socialista, Patxi López, Pedro Sánchez y Susana Díaz. Las encuestas, dependiendo de quién haga el análisis, dan ganador a uno u otro, pero la incógnita no se despejará hasta que no se cuenten los votos y, puede pasar de todo.

En este proceso las redes sociales tienen un gran protagonismo entre simpatizantes de un lado y otro, pero desgraciadamente, una vez más, se cometen excesos, aunque es comprensible en algunos aspectos también los es guardar las formas, más allá de saber quién tiene la razón. La argumentación y el respeto a otras opiniones deberían centrar los debates y no el insulto y la descalificación. No se puede hablar de cerrar heridas si luego los actos y conductas dicen todo lo contrario.

Los militantes son los protagonistas de este proceso y ello requiere también mayor responsabilidad, demostrando no sólo elegancia y educación sino madurez política que, en ningún caso, está reñida con la libertad de pensamiento y crítica; a los que gestionan el proceso se les deberá exigir independencia para que los candidatos participen en igualdad; y a los candidatos se les requiere inteligencia política y generosidad, sea cual sea el resultado, para cohesionar el partido y la integración de toda la militancia a pesar de la opción que haya apoyado cada uno.

Si de verdad el partido socialista quiere restituir la confianza de los ciudadanos antes deberá demostrar, en su propio partido, voluntad de entendimiento, iniciando un debate serio y constructivo que aleje resentimientos, orgullos y rencores para volver a ser un referente en la política progresista de este país y recuperar el Estado al servicio de los ciudadanos.

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