El bienestar ya no guarda correlación con el crecimiento económico

España, como otros países de occidente, se está convirtiendo en un país de ciudadanos tan acostumbrados a la mentira que hasta el sentido común se deja de lado. Vivimos en una sociedad cada vez maniatada. Soportamos gobiernos centrales y autonómicos que construyen realidades que se evaporan o que deshacen lo conseguido con anterioridad. Mientras silencian verdades, y que no son capaces de finalizar parte de lo que nos ofrecían.

Parece que el Gobierno como muchos ciudadanos todavía viven de espaldas a la crisis económica, en un principio global y ahora nacional. La crisis económica que estaba cantada, los inicios estuvieron tan mal gestionados, que la dureza de la recuperación nos ha dejado sin habla.

La crisis sigue viva a nivel nacional, y puede que lo que empieza aflorar será mucho peor, pues se está convirtiendo en una crisis social, y no se puede hablar, ni debe hablar de proyectos sino de realidades. Es muy difícil para los jóvenes plantearse un futuro de vida y menos de familia. Que es donde está la solera y la fuerza de todo país.

España tiene sobresaliente en abandono escolar. Muchos podemos pensar en que el sistema educativo es pésimo, que a lo mejor también lo es, pero no lo creo. La LOMCE es la mejor ley educativa de todos los tiempos. Pero el falso progresismo de este país ni siquiera ha tenido tiempo de leérsela, y menos de  aprendérsela. Pero es que no existe un sistema educativo perfecto si los alumnos y las familias no colaboran, y menos si no hay voluntad de las demás fuerzas políticas.

La LOMCE cumple con todos los mandatos educativos europeos. Los que quieran rehacerla no van a poderla cambiar apenas. No se puede engañar tanto a la sociedad con dimes y diretes. Hay que trabajar, y parece que de ganas hay poco, y formación en algunas clases políticas menos.

Un problema importante es que muchas veces los alumnos están faltos de buenos modales, de buena educación social, y de falta de motivación. Pues el futuro que les espera es gris, y tampoco son conscientes de que el tiempo pasa y es real. La vida tiene unas etapas en las que hay que jugar para no perder. El tiempo no va para atrás. ¿Quién quiere formar una familia en un futuro sin futuro?

En España cada vez más las familias están desestructuradas, en parte por la falta de valores de la sociedad, el incremento de los divorcios, por la crisis que hace que los progenitores estén en busca de trabajo o trabajando fuera del hogar, y no atiendan y eduquen a los jóvenes en edad escolar en las debidas condiciones para tratar con respeto a los docentes y personas de las que va a depender su educación. La llave de su futuro. En el “tú” no está el futuro, sino en el “usted”.

Se está debilitando la contribución de la familia a la estabilidad social, de forma alarmante, pues los progenitores no pueden estar el tiempo que deberían con sus hijos. La familia y los principios tradicionales se menoscaban cuando desde siempre se ha visto que son lo principal para soportar la existencia diaria de las personas y la mínima convivencia entre las personas, además de ser los pilares de la educación. El hedonismo de esta sociedad hace que muchas veces de padres e hijos vivan en su propio egoísmo social.

Muchos jóvenes están siendo cada día más alienados en el afán consumismo irreflexivo, y una educación en la comodidad, alejada del esfuerzo y superación personal, se les aleja de la realidad, y se les dan potestades o responsabilidades alejadas de su edad, y para las que no están preparados psicológicamente. No se dan cuenta de lo efímera que es la infancia o la adolescencia, y de repente despiertan en un mundo en el que no son nadie porque no se lo han currado, y porque antes no han valorado a sus mayores. No es tanto tienes tanto vales en la vida, sino tanto vales tanto tienes o podrás tener.

Los jóvenes preparados se van a trabajar a otros países, con lo que España se empobrece, pues todo lo que se ha invertido en ellos se multiplicará y generará riqueza en otros países. La mala gestión de la economía de nuestro país, la ruindad y el egoísmo de la España en escombros, del pan para hoy…, nunca ha sabido crear empleo a la altura de los tiempos y la tecnología del siglo XXI en el que vivimos.

Empobrecer a la clase trabajadora de la administración del Estado no ha sido solución alguna sino pura demagogia. La flor y nata de una generación ha sido vilipendiada, y se le ha cortado el poder prosperar en su profesión.Culpabilizar a personas, grandes profesionales como médicos, militares, cuerpos de seguridad, docentes, administración del Estado, científicios, etc… que han estudiado años para tener una gran preparación y un empleo digno, ha sido lo más indigno que podía hacer un gobierno con parte de sus conciudadanos. La sociedad no funcionaría sin ellos, y debe estarles agradecida. Lo peor es que año tras año el colectivo no deja de perder poder adquisitivo, y de adquirir nuevas responsabilidades que tampoco son recompensadas.

Gane el que gane las próximas elecciones habrá que acabar cayendo en ajustes estructurales en la economía que van a tener un grave efecto directo sobre la población. Modelos de sinergia. Si se reducen los salarios y suben los precios de las necesidades mínimas se acabará reduciendo el consumo de alimentos y la resistencia a las enfermedades. Se crea un terreno favorable para que aumente la mortandad, disminuyan los nacimientos, aumente la violencia social, la violencia de género, en definitiva la violencia sobre los más débiles, además del envilecimiento de la sociedad.

Ahora que parece que somos capaces de tenerlo todo, es triste tener que analizar la realidad, y ver que tenemos soluciones para todo, y no se dan por parte de los que nos administran, pues parte de la clase política ha perdido el norte, es decir, la idea de país. No se está en política para ser los más votados sino para servir al país. Luego el país lo compensará o no.

Está claro que nuestro mundo, pese a quién pese, debe replantearse el sistema económico, y repensar las políticas de a pie, del día a día, pues España y otros países, como tales tienen la riqueza y tecnología suficiente para tener el pleno empleo y que no falte lo fundamental a nadie. Quizás con menos mirar al exterior podríamos ser capaces de arreglar lo que tenemos en casa, que es lo que hacen las amas de casa, cuando falta se tira de lo que hay en la despensa. Con el boato y la demagogia no se come tres veces al día.

El crecimiento es el alma de la economía, pero el bienestar general ya no guarda una correlación con el crecimiento, pues en muchos casos provoca el empobrecimiento de la mayoría. Vivimos en un mundo, en un país y en una sociedad trágicamente mal gestionada, que va a costar tiempo y años cambiar.

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