Adviento

Ya estamos en adviento, que etimológicamente deriva de “adventus Redemptoris”  y marca un período de gestación, de introspección y esperanza en el nacimiento del niño Dios, del Cristo, de aquel con el que surge la esperanza del triunfo de la vida sobre la muerte, pilar básico del cristianismo, que cierra el círculo con la resurrección tras la pasión de Jesucristo.

Estas celebraciones atienden no sólo a un hito personal, social y religioso de una mayoría social en España, sino que han conformado la cultura de nuestra sociedad de forma centenaria, pese a que algún descerebrado se empeñe en que es algo derivado del régimen superado ya hace 40 años, concediéndonos una avance social y una superación que otras culturas y/o religiones no han conseguido.

Es cierto que, también, es un momento de celebración consumista y muy poco religiosa que tiene más que ver con el ansia capitalista que con la fe, pero que supone un momento de impulso económico muy importante para todos, empresarios y trabajadores, que al albur de estas fechas consiguen unas ventas que de otro modo resultarían de muy difícil consecución y que están viendo acosadas por la multitud de eventos y momentos que el comercio busca para su impulso y beneficio.

Del mismo modo que cuando se celebra la fiesta del orgullo gay, la nochevieja o cualquier otro evento, los poderes públicos lo alientan, lo impulsan y lo protegen con dinero que es de todos, de los que participan y de los que están en contra, del mismo modo debiera producirse con la Navidad y lo que todo ello supone debiera ser protegido, amparado e impulsado por esos mismos servidores públicos, estén o  no, de acuerdo con ella, resultando un dislate discriminatorio, y sencillamente inculto, las embestidas que desde algunas estancias se pretenden y buscan con ella.

Yo no participo en muchos de los eventos que impulsan los poderes públicos, algunos incluso dañan mi forma de pensar, pero los respeto, acepto su celebración en lo que no busquen un enfrentamiento injusto o no respeten mis creencias, por lo que no entiendo qué daño genera la Navidad.

La posición aconfesional del Estado y de los órganos políticos no puede suponer una posición laica de enfrentamiento a las diferentes confesiones, siempre que estas respeten los principios democráticos y la dignidad de las personas. Podremos impedir o trabar una celebración en la que por una confesión se agreda o defienda la agresión a la mujer, promueva posiciones discriminatorias, etc; pero no aquella que suponga el amor al prójimo, la defensa de la dignidad y de la vida en libertad y paz, en cuyo caso, del mismo modo que se avivan acciones laicas como el carnaval, o eventos sociales no confesionales, como un concierto, debemos hacerlo con la Navidad, aunque no sea más que por respeto a los cristianos.

Las mofas, befas, faltas de educación y actuaciones de algunos Ayuntamientos no aconfesionales, sino laicos, a las figuras que representan la Navidad, sus iconos y sus imágenes no sólo son injustas, discriminatorias y muy poco coherentes con lo que ellos dicen defender, es que están haciendo uso de caudales públicos para perjudicar o dañar las creencias de importantes grupos de ciudadanos y a las bases de la cultura en la que nos desarrollamos, les guste o no; pues, gracias a esos fundamentos, se han alcanzado las cotas de bienestar, dignidad, cultura y libertad que de otro modo no se hubieren conseguido. El respeto debe de comenzar por ejercerse.

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