En América no es de recibo la palabra fracaso

Ha ganado Donald Trump, de seguro el mejor candidato, los americanos no suelen equivocarse. Las encuestas sí. De seguro veremos constituido el mejor equipo para la nueva legislatura del presidente electo. Los magnates, como hombres de negocios que son, se rodean de los mejores, de los más listos, porque saben que en eso no se puede dejar de invertir si quieres las mejores ganancias. Trump lo sabe. Acostumbrado a mandar a múltiples equipos de múltiples negocios de seguro sabrá llevar adelante a su país. En América no es de recibo la palabra fracaso.

Es fácil caer en la ignorancia de que los medios de comunicación son libres, y pensar que las ideas se propagan sin que nadie las suelte… Vana realidad, las ideas las sueltan los dólares del interés de turno, y en los medios que no tienen reparos en aceptarlos. Creando corrientes de opinión a favor o no, para ganar o no dividendos, o para multiplicarlos más adelante.

Aquí como siempre, apelamos a ciertos miedos, para hacerlos ondear al viento y poner a las gentes delante del espejo, en el que se refleja lo que verdaderamente les afecta, puede constituir una fórmula de control de la sociedad muy eficaz. El control social es la aspiración que todavía alimenta la trayectoria de algunos partidos políticos. Se trata de conservar o aumentar su parcela de poder durante el mayor tiempo posible.

Hay temas prioritarios que pueden movilizarnos a todos, ponernos en marcha para hacer ondear una pancarta, para sentarnos delante de un ministerio, para pitar, para dibujar una pintada donde más se vea, y para decir lo que se piensa cuando las gentes tienen poca costumbre de hacerlo en una sociedad profundamente eufemística. Existen una serie de debates que mientras no son planteados no sacan a la sociedad de su adormecimiento del día a día.

En España, la sociedad suele andar escasa de remordimientos, de memoria. La omisión, la negativa a actuar, a ayudar, a entender, a colaborar, a escuchar, a disculparnos, a comprender y a ayudar, es el delito más extendido de la España de la infinita “transición” hacia no se sabe dónde, de la eterna huida hacia adelante. Lo más triste es que la gente no es consciente de que las cosas se ganan trabajando día a día. Es decir comprometiéndose. No sentándose un rato detrás de una pancarta.

Los teléfonos de quién se halla en declive cada día suenan menos. La ausencia de éxito sitúa a cada cual en su sitio. El carácter efímero de la fama nos sitúa a todos cerca de la realidad evitando que nos elevemos demasiado por encima de los demás. A quién parece despuntar los teléfonos le agobian. El teléfono es indicador de éxito o de derrota en todos los aspectos de la vida de las gentes. Es imprescindible para sobrevivir.

Todos llaman a la vez o dejan de hacerlo también a la vez. La sociedad le otorga a cada uno un determinado grado de éxito social. La sociedad hace difícil la vida a la sociedad. En este país donde la memoria colectiva y personal siempre flaquea, parece que quien pretende perdurar en el recuerdo debe salir a genialidad diaria. Las estrellas fugaces siempre se apagan, otras se extinguen ellas mismas, por eso las gentes acaban dirigiendo la vista hacia las que permanecen brillantes.

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