El PSOE necesita un congreso

Se ha escrito mucho sobre la delicada situación en la que se encuentra el partido socialista, analistas, politólogos, políticos, han analizado, opinado y reflexionado a cerca de la crisis por la que atraviesa el PSOE. Alimentando esta sinrazón han estado y siguen estando dirigentes territoriales socialistas, que con sus desafortunadas declaraciones y actuaciones, han profundizado más en la herida. Pero en todo este conflicto ¿quién escucha a los militantes del partido? Se ha generado demasiado daño en este proceso tan cainita y autodestructivo, poniendo al descubierto la cara más despreciable de la política.

Las formas son importantes y los argumentos se pueden y deben confrontar con educación y respeto, pero es evidente que este no es el caso. Fuera de conflictos técnicos de interpretación de estatutos, de argumentos de un lado y otro, es obvio que desde el punto de vista ético y estético ha sido vergonzoso, dilapidando, irresponsablemente, gran parte del capital político de tantos años de historia; pero esto no ha sido un hecho fortuito, obedece a un guión mediático muy bien orquestado y calculado que puede volverse contra los que lo han ocasionado.

Ser miembro del partido socialista, en este momento es complicado. Las decisiones que se han tomado a espaldas de la militancia han ido contra la ética y la propia naturaleza del socialismo y eso tiene un coste tanto interno como externo. Soy consciente que el partido socialista no es un partido asambleario, que las decisiones se toman en los órganos internos fijados por los estatutos, pero también entiendo que existen procedimientos reglamentarios donde deben producirse los debates en los que los militantes puedan expresar sus puntos de vista, contrastar ideas y ser escuchados y tenidos en cuenta por los órganos del partido, sobre todo en situaciones tan trascendentales como la actual y en las que se deberían haber compartido las decisiones con la militancia, desgraciadamente no ha sido así.

Sólo después de tomadas algunas decisiones se han producido tímidas reacciones ante la presión ejercida por los militantes en todos los foros sociales, aunque de poco o nada han servido en provincias como Salamanca, donde las resoluciones aprobadas mayoritariamente en asambleas no han sido tenidas en cuenta por algunos dirigentes del partido salmantino; aprovechándose de la confianza que se les dio en su momento y valiéndose de sus cargos han posicionado a Salamanca, de forma irresponsable, en una dirección que no comparte la mayoría de militantes y que obedece más a una posición personalista de quien ejerce ese voto.

Ante la más absoluta falta de argumentos mínimamente solventes, se hace difícil entender que dirigentes salmantinos se hayan mostrado inflexibles criticando a Pedro Sánchez por la pérdida de escaños en estos últimos procesos electorales, cuando ellos en Salamanca llevan perdiendo votos constantemente sin mostrar ni un ápice de autocritica. Como dice el refrán “consejos doy que para mí no tengo” y en estos momentos es inevitable que a algunas personas se les haya perdido el respeto y la confianza desde el punto de vista político.

En la mayoría de los afiliados y simpatizantes se ha producido un desgarro sentimental y político muy difícil de verbalizar y recomponer, se sienten no sólo traicionados sino utilizados y aunque quiero huir del debate emocional, si tengo que señalar que algunas personas con cargos de responsabilidad han contribuido a que ese dolor se siga haciendo más profundo, usando un lenguaje despectivo contra la militancia, que en nada ayuda al dialogo, asegurando que el partido no es de los militantes ¿acaso de los barones? ¿Sólo ellos, tocados por la gracia divina, tienen visión política y los militantes son auténticos ignorantes? Si de verdad piensan eso, que de una vez por todas, se realicen primarias abiertas al conjunto de la sociedad, seguro que contaría con la aprobación de la militancia. No se pueden hacer discursos públicos diciendo que la legitimidad de las decisiones está en la militancia y luego, de puertas para adentro, coartar y cercenar dicha legitimidad, poniendo en evidencia como se ha perdido el más mínimo respeto a la militancia en este proceso.

Está claro que el partido socialista vive en un estado de esquizofrenia estatutaria grave que debe corregir urgentemente, porque se escapa de la lógica de la racionalidad que un secretario general que es elegido por la militancia pueda ser cesado por un órgano que no lo eligió.

Soy consciente que en este proceso se mezclan muchos intereses. Los unos aprovechan esta situación interna para ajustar viejas  cuentas, los otros para situarse mejor en el partido y la mayoría de miembros que asisten a estos foros internos del partido donde se toman decisiones, para conservar cargos y sus puestos de trabajo que ahora sienten amenazados.

El partido atraviesa por graves problemas, entre ellos el ideológico que se debe resolver debatiendo desde dentro, pero respetando las normas y también la propia democracia interna, por convicción y coherencia. Los viejos vicios se deben enterrar de una vez para no contribuir a embarrar más el partido con burdas maniobras tendentes a controlar el poder a cualquier precio.

La reconstrucción del partido socialista es difícil pero no imposible. Se debe derribar ese muro que evita la intercomunicación de una parte del partido con la otra. Se debe dejar de confrontar ante los medios de comunicación con declaraciones que siguen ahondando en la herida en vez de ayudar a cicatrizarla. Por último, se debe producir una retirada discreta de algunas personas que han jugado un papel relevante en el origen y desarrollo de esta crisis y que en ningún caso pueden ser la solución para liderar la urgente reconstrucción del partido.

Es evidente que el partido socialista necesita un Congreso en el menor tiempo posible, no sólo para elegir un líder sino para defender un proyecto serio y creíble que se acerque a los ciudadanos y le haga volver a ser la primera fuerza de la izquierda capaz de gobernar este país.

No hay comentarios

Dejar respuesta