Por la boca muere el pez

Manolo era un niño enclencle, muy movido, nervioso, mediocre, con una “edad del pavo” que nunca finalizó del todo, con muchos miedos e inseguridades que ponían de relieve un claro sentimiento de inferioridad, lo que le hacía muy rebelde. Ese trauma de inferioridad, con el tiempo, lo suplió con una agresividad y liderazgo ruin de las masas zurriburris que manipulaba en su beneficio, pues, por más que lo intentó en reiteradas ocasiones, en las élites intelectuales, económicas y dirigentes, le despreciaban, le desprecian, y no le dieron cabida, de ahí su animadversión a estas por el desdén con el que le habían tratado.

Como tonto no es, vio su salida en los movimientos que se podían estructurar entre aquellos que los estudian, donde tampoco destacó, por más que lo intentó. Con el nuevo fracaso, comenzó su periplo por entre las élites iberoamericanas que se venían a formar a España, encontrándose con la posibilidad de la mano de un dictador, manipulador y populista de abrirse un camino económico, político y de poder que él no esperaba; que, además, le puso en contacto con los canales más oscuros de las inteligencias próximas al Gorila Rojo de Irán, las élites islámicas y el poder del dinero proveniente del petróleo, el terrorismo y las más oscuras revoluciones, que tanto placer le ocasionaban.

En su fuero vive la violencia cuando afirma, sin pudor, que disfruta con las “cacerías humanas de fascistas”; en definitiva, la caza del ser humano que no piensa igual que él, que fuere o no de derechas le despreció y consideró de baja estofa, de ahí que, tan pronto se le presiona un poquito, reconoce que saborea la agresión contra “aquellos lúmpenes de más baja categoría que la nuestra”; o, en un alarde de lo que realmente lleva dentro y no contento con demostrar su bis pendenciera y belicosa, también, reconoce que las mujeres son de menor estrato que él cuando afirmó sobre una periodista “ me gustaría pegarle hasta que sangrase”, demuestra su voluntad totalizadora cuando requiere “el sometimiento de los medios de comunicación”.

La historia que no se quiere enseñar en la escuelas nos muestra que hubo un pequeño ser, despreciado por las élites, que movilizó a las masas con soflamas populistas de exaltación de la personalidad del pueblo, de lucha contra los que dirigían sus designios y, por medio de las urnas, sin mentir a su parroquia, dejando clara su voluntad asesina y ensalzando los valores de ese pueblo, democráticamente llegó al poder y desde él puso en práctica lo prometido. El resultado fue el III Reich y el Estado Fascista de la Alemania de Hitler. Algo parecido pasa con Manolo Iglesias, que se hace llamar Pablo Iglesias, para ensalzarse, lo mismo que el otro, se ponía alzas en los zapatos.

Con las lecturas de lo que desea Manolo, con su trato amoroso con los terroristas y con todos aquellos que buscan la desmembración de España, unido a su voluntad de detentar el poder para acceder a los Ministerios como el de interior, justicia, defensa, y organismos como el CNI, de control efectivo de las más oscuras riendas del Estado, amén de que con la bandera de acabar con la corrupción, él y los suyos, vienen ya de no pagar a la Seguridad Social de sus trabajadores, de engañar en el trabajo, de ocultar sus emolumentos para los que no estaban autorizados por cobrar dedicación exclusiva, de engañar al fisco, de cobrar lícitamente o no de regímenes homófobos y asesinos; para, cuando llegan a tocar “pelo”, no renunciar ni a un céntimo, ni a una prebenda, ni a un minuto de gloria.

Tanto criticar, tanto criticar, pero dónde están sus propuestas, dónde están sus renuncias, dónde están sus desafecciones a lo que les corresponde por haberse convertido en casta…., en ningún sitio, pues se mimetizan con lo que la casta otorga para después juntarse con la calle enardecida previamente por ellos, para engañarles con el grito, con la foto, con la impostura  impostada.

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