Hay tres cosas que nunca vuelven atrás…

Para hacerse una vida feliz, se puede en primer lugar, razonar con sangre fría, como conviene a las inteligencias puras, y moderar una imaginación que exagera los males. Cuando se trata de crearlos, somos de una habilidad infinita; los aumentamos, los creemos singulares, y además insondables; hasta tendremos un cierto amor por el dolor, y lo queremos. Otro inconveniente que tiene esa imaginación traidora es el tender hacia alegrías inaccesibles; nos decepciona multiplicando espejismos que corremos para alcanzarlos; y engañados siempre no paramos de contar nuestros sinsabores.

Ese estado de naturaleza angustiante provoca en muchos seres humanos el miedo a la vida, al día a día, a no importa que dificultad, y es, en definitiva, el origen de muchas de nuestras debilidades. Por el miedo nos ponemos a la defensiva y nos escondemos tras una imagen prefabricada, a veces arrogante y orgullosa. Normalmente, las personas que parecen muy fuertes por su arrogancia, su soberbia y orgullo pero esconden sus temores bajo esas pantallas. Una persona que no tiene miedo, no tiene que demostrar nada y es muy humilde, no genera conflictos o violencia, y nadie le teme. Es una persona cordial y amiga de los demás porque se conoce a sí mismo y sabe que nadie le puede quitar lo más importante, su propia autoestima, felicidad y capacidad de amar. Cuando controlamos nuestra mente, fortalecemos nuestro intelecto y aprendemos a no tener miedo. En definitiva aprendemos a no tener que justificar, defender ni demostrar nada. El sol no tiene que demostrar que es luminoso. El sol existe y sigue brillando.

En castellano viejo podemos decir que: “Hay tres cosas que nunca vuelven atrás, una bala disparada, una palabra dicha y una oportunidad perdida”… Aprendamos a aprovechar y vivir el presente. Sepamos ver la vida como es; no le pidamos demasiado. Tenemos el presente en nuestras manos, pero el porvenir es una especie de charlatán, que deslumbrándonos los ojos nos lo escamotea. Hobbes afirmaba dirigiéndose a los hombres que como el principio de la conservación de la vida es el egoísmo, y cada uno defiende su derecho a la vida, el estado de naturaleza es el estado de lucha entre los hombres, esos lobos. Otro gran defecto del ser humano es la soberbia que es un egoísmo sin sentido, es el mal por el mal. Pensemos que el tiempo que no es guerra no es otra cosa que la paz.

Cuando nos sentimos estables, no sólo no tenemos miedo sino que transmitimos paz a nuestro alrededor y ayudamos a eliminar los miedos de los demás, y damos en los morros a las teorías de Hobbes. La conciencia es una energía que tiene un gran poder. Sin embargo, no podemos tocarla físicamente, aunque influye en lo físico. Si tenemos conciencia de tener miedo, la respiración cambia y si tenemos conciencia de estar relajados o felices, nuestra respiración mejora. Ese poder de la conciencia sobre el cuerpo, aunque surge de nuestro ser consciente, hay que aprovecharlo para dar y compartir, para a su vez llenarnos desde fuera y hacernos todavía más fuertes con la proyección positiva de los demás hacia nosotros.

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