Lección taurina a los jerifaltes catalanes

En una decisión sin precedentes, el Tribunal Constitucional ha declarado nulo el artículo 1 de la Ley 28/2010 que prohíbe la celebración de corridas de toros y otros espectáculos taurinos en Cataluña. Entre las razones que ha dado a conocer la alta institución señala que la Generalitat ha “menoscabado” la competencia del Estado para la “preservación del patrimonio cultural común”.

Menos mal que hubo sentido común, a pesar de que varios magistrados votaron en contra, y los jerifaltes catalanes, autores de este atropello, han visto como una Ley sacada de la manga, única y exclusivamente para borrar el nombre de España de Cataluña, ha sido anulada por la alta institución española que en esta ocasión ha obrado con sensatez.

Los toros son un patrimonio cultural que el Estado ha preservado por múltiples razones; entre ellas las que cita el alto tribunal: “la Tauromaquia tiene una indudable presencia en la realidad social de nuestro país”; asimismo, explica que las corridas de toros “son una actividad con múltiples facetas o aspectos que explican la concurrencia de competencias estatales y autonómicas en su regulación” dado “su complejo carácter como fenómeno histórico, cultural, social, artístico, económico y empresarial”. Como “una expresión más de carácter cultural”, las corridas de toros “pueden formar parte del patrimonio cultural común que permite un una intervención del Estado dirigida a su preservación ex art. 149.2 CE”.

No se puede borrar de un plumazo la historia taurina en Cataluña, ni impedir la celebración de festejos en todo el territorio catalán, fundamentalmente en Barcelona que ha sido una de las plazas emblemáticas del toreo en toda su historia. La primera corrida de toros que se acogió en Cataluña data de 1387, durante el reinado de Juan I, y fue en Barcelona, según se recoge de forma oficial en el Archivo General de la Corona de Aragón, que se encuentra en la Ciudad Condal.

La historia taurina en Cataluña se remonta casi tres siglos atrás, con toros en todas las capitales de provincias y en varias de sus localidades. Pero no fue hasta comienzos del siglo XIX cuando la fiesta de los toros pasó a tener mayor proliferación e importancia en tierras catalanas, cuando se empezaron a crear las primeras plazas de toros y celebrar las primeras corridas.

A mediados del siglo XX la mitad de las plazas de España estuvieron gestionadas por el empresario catalán Pedro Balañá Espinós cuya familia sigue siendo propietaria de La Monumental. De hecho Barcelona llegó a tener 3 plazas de toros, el Torín de la Barceloneta, Las Arenas y la Monumental, esta última inaugurada en 1914 con el nombre El Sport.

plaza-toros-monumental-barcelona-1Ahora tendrán que volver a dar toros mediante arrendamiento o se comen el monumental coso con patatas, porque los actuales herederos fueron incapaces de mantener el negocio taurino como lo hiciera el legendario abuelo Balañá, viéndose obligados a alquilar el recinto a Manolo Martín; un taurino desconsiderado que aireó muchos trapos sucios del toreo. Y en la última etapa, hasta su cierre por la Ley, a la familia salmantina Matilla que elevó a la Monumental a sus tiempos de gloria con la presencia de José Tomás en su reaparición de 2007 y en la última corrida que se celebró en Barcelona en 2011 donde el diestro madrileño actuó junto a Juan Mora y el catalán Serafín Marín en una tarde histórica.

Qué placer, pues, que los aficionados catalanes puedan acudir a sus toros en Cataluña y reabrir las legendarias plazas como la citada de Barcelona, o la de Olot, en Gerona, que data de 1859. O la otra Monumental de Tarragona (1883), ahora Tarraco Arena Plaza y utilizada para conciertos y otros eventos y la de Figueras (Gerona) que data de 1894 y está en estado de abandono.

Hay que felicitar a quienes llevaron a cabo esta cruzada como fue Luis María Gibert, anterior presidente de la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña (FETC) e impulsor de la ILP taurina que nació como respuesta a la prohibición, recogiendo más de medio millón de firmas por todos los rincones taurinos hasta desembocar en el Congreso de los Diputados. Ahora este guante lo ha recogido la Fundación del Toro de Lidia, que está llevando a cabo numerosas iniciativas. Queda declarar la batalla a los que declaran a sus ciudades anti taurinas por mor de ir contra natura.

Notas al margen: Ya puestos alguien debería reivindicar que volvieran los toros a Canarias, que se prohibieron por una Ley animalista en 1991, mientras que perviven las peleas de gallos??? Tenerife aún mantiene su coso intacto desde 1983 que se celebró el último festejo taurino.

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