Futuro Sindical

La condición de inferioridad económica, política y jurídica de los trabajadores justificó la creación de las organizaciones sindicales, frente a una realidad social marcada por profundas desigualdades que no podían ser aceptadas.

Es muy difícil resumir en un artículo de opinión el valor histórico que han tenido los sindicatos, sobre todo, en su lucha porque esas profundas desigualdades se vieran recortadas y los derechos de los trabajadores reconocidos. Es evidente que sin ellos esto no hubiera sido posible; por lo tanto, no se puede negar la contribución de los sindicatos no sólo en la consecución de condiciones dignas para los trabajadores sino también por su aportación a los grandes cambios culturales y políticos acaecidos en las últimas décadas en este país.

Desde el sindicalismo de clase se desarrolla una acción política que transciende del ámbito de la empresa y la negociación colectiva a todos los niveles sociales, en el que se toman decisiones que influyen en las condiciones de vida de los trabajadores: política presupuestaria, empleo, fiscal, educativa, sanitaria, vivienda, etc. Aspectos que, hoy por hoy, pueden tener tanta o mayor importancia que las subidas salariales y que mejoran íntegramente la calidad de vida de los trabajadores. Por lo tanto, su aportación no se reduce sólo a la defensa de los intereses inmediatos de los trabajadores en las relaciones laborales, aunque ésta sea su labor principal y punto de partida básica del quehacer sindical. El sindicalismo de clases tiene una visión general de los problemas sociales y defiende los intereses del conjunto de los trabajadores, característica fundamental que lo diferencia de los sindicatos corporativos o sindicatos de empresa autodenominados independientes y otras fuerzas extra sindicales.

Es evidente que hay un ataque sistemático e interesado de los poderes económicos y políticos contra los sindicatos, con el único propósito de desactivarlos y desmantelarlos y así poder evitar los obstáculos que dificultan su camino para imponer, con total impunidad, políticas contrarias a los trabajadores. Pero también hay que reconocer que, en algunas ocasiones, el desprestigio sindical es justificado, bien por errores o por las malas conductas de algunos de sus miembros, contra las que se debería haber actuado con mayor diligencia, claridad y contundencia.

Los sindicatos, igual que los partidos políticos necesitan cambios, no sólo en sus dirigentes sino en el modelo sindical burocrático, atomizado y disperso que transmiten, alejándolos cada vez más de los trabajadores.

Pero a pesar de todo, debemos separar el grano de la paja y reconocer que los sindicatos son elementos indispensables y un instrumento muy válido y necesario, a pesar de la mala imagen que se intenta dar a la sociedad y que afortunadamente no es real. Soy consciente de que la situación es complicada, partimos de una nueva realidad y un modelo productivo diferente, por lo tanto, las estrategias se deberán revisar de forma inteligente con dirigentes honestos y responsables que ayuden a recuperar la credibilidad perdida, tanto dentro como fuera de los sindicatos. Yo sé que es posible, y animo a los sindicatos a que sigan en la línea de la transformación sin perder la naturaleza de su razón de ser, haciendo de los sindicatos organizaciones más democráticas, transparentes y útiles para los trabajadores y trabajadoras.

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